EEUU está cansado de una guerra de la que no sabe cómo salir

Por jueves 8 de diciembre, 2005

Washington, 8 dic (EFE).- La guerra en Irak, que ya se ha cobrado más de 2.100 muertos estadounidenses, se ha convertido este año en la gran manzana de la discordia en EEUU y en un callejón sin salida para el Gobierno de George W. Bush. El debate está en boca de todos y la pregunta más generalizada es cuándo y cómo va a terminar un conflicto que ya ha llegado, y con fuerza, a los despachos de Washington.

"Tengo la sensación de que va para largo" y de que el presidente Bush va a mantener la inversión estratégica en el país árabe durante los tres años que le quedan en la Casa Blanca, dijo a EFE el experto político y profesor de la Universidad Georgetown, Eusebio Mujal-León.

La elecciones iraquíes del próximo 15 de diciembre, dijo, van a ser un acontecimiento importante para EEUU porque "van a dar al Gobierno una fórmula de retiro, no de salida", precisó.

Está claro, según todos los expertos, que la retirada total no es una opción para el Gobierno y sus partidarios, quienes prácticamente a diario insisten en que abandonar ahora sería darles la victoria a los terroristas.

Sin embargo, algunos miembros de la oposición y cada vez más ciudadanos de a pie empiezan a reclamar la vuelta a casa de los más de 150.000 soldados desplegados en Irak.

La Casa Blanca, consciente de las crecientes críticas y de la caída en picado de la popularidad del presidente, ha elaborado una "estrategia nacional para la victoria en Irak", en la que descarta fijar un calendario de salida.

"Más que pensar en términos de una estrategia de salida, deberíamos centrarnos en una estrategia de éxito", dijo el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, en un discurso en el que subrayó que no hay que medir el éxito en Irak por el número de bajas.

Desde que comenzó el conflicto en marzo de 2003, más de 2.100 soldados estadounidenses perdieron la vida y varios miles resultaron heridos, unas cifras que empiezan a pesar en la opinión pública estadounidense, cansada también de la falta de progresos y del coste de la contienda.

Conscientes del creciente descontento, Bush y los pesos pesados de su Gobierno han emprendido una campaña para tratar de recuperar la confianza popular y el apoyo a una misión que están empeñados en concluir a su manera.

Se necesita más tiempo, más sacrificio y más paciencia. Este es el mensaje que no deja de repetir el presidente en sus frecuentes discursos e intervenciones públicas centradas en la situación en Irak y la guerra global contra el terrorismo.

Lo más preocupante para Bush es que, además de convencer a los críticos, ahora también tiene que estar pendiente de algunos de sus correligionarios del Partido Republicano que empiezan a pedirle explicaciones.

Es el caso del senador republicano de mayor rango en el Comité de Fuerzas Armadas, John Warner, quien se permitió recomendar al presidente que copie el estilo de Franklin Roosevelt y explique más y mejor lo que está pasando en Irak.

El Gobierno parece haber captado el mensaje con su intensa campaña de actos, discursos y todo tipo de acontecimientos dedicados a explicar la importancia de no ceder en la lucha global contra el terrorismo y ha confirmado ya, aunque no lo ha garantizado, que habrá un reducción de la presencia de EEUU en Irak.

Ese recorte será posible, si todo va bien, después de los comicios del próximo día 15, una fecha que podría ser la clave para que EEUU decida anunciar el principio del repliegue.

Es la receta que defienden algunos expertos, como el historiador estadounidense Josep Ellis, quien apuesta por "declarar la victoria y volver a casa" con los argumentos de que se ha logrado derrocar a Sadam Husein, elaborar una Constitución iraquí y celebrar elecciones.

Pero Bush no da el brazo a torcer, y por muy mal que le vayan las cosas insiste en que EEUU no se irá de Irak hasta que se den una serie de condiciones: que los iraquíes estén suficientemente preparados para hacerse cargo de su seguridad y que el país haya alcanzado un grado aceptable de desarrollo económico y estabilidad política.

"Nuestras tropas permanecerán allí en tanto sea necesario, y si mis comandantes me lo piden, enviaré más soldados", declaró Bush el mismo día en que el Gobierno dio a conocer su "estrategia de la victoria".

Esa estrategia se recoge en un documento, de 38 páginas, que dice que "ninguna guerra se ha ganado nunca con un calendario" y que reconoce que la violencia en el país árabe podría prolongarse durante años, algo que no hace mucha gracia a los estadounidenses, a juzgar por los últimos sondeos de opinión.

Bush sale muy mal parado en esos sondeos y, de acuerdo con la historia reciente del país, lo tendrá muy difícil para remontar y recuperar la confianza de los ciudadanos.

A él personalmente puede que le dé igual, porque ya no puede optar a la reelección, pero la base del partido republicano comienza a ponerse nerviosa ante otra fecha clave para EEUU, las elecciones legislativas del próximo año, en las que se renovará toda la Cámara y un tercio del Senado, y en las que los republicanos temen perder posiciones. EFE