El auge de la delincuencia en Argentina

Por Carlos Luis Baron lunes 11 de junio, 2012

Internarse en las noticias de los periódicos digitales (réplicas en gran medida de los físicos) argentinos (lo mismo que en los blogs digitales de ese país) permite, a cualquier persona que lo haga, descubrir como dicho país sudamericano (supuesta “potencia“ (¿?) o supuesta “superpotencia“ (¿?) del Código Procesal Penal), viene sufriendo desde hace “cierto tiempo“ una delincuencia sin parangón, no obstante ser éllos supuestamente “los timacles“ de la moda jurídica que trajo consigo dicho código.

Los Kirchner fundaron su visión sobre la delincuencia y el combate a la misma en que el auge de la delincuencia en Argentina se debía sólamente a la exclusión social y en la inefectividad de la policía para combatirla y por eso anunciaron, ambos, en sus respectivos momentos, programas sociales y reforma policial por la vía institucional.

Naturalmente tenían que hacerlo de esa forma porque el cuerpo de “asesores“ que tuvieron y tienen son los que tienen esa visión.

En cuanto al aspecto social a que aluden éllos tocan así algo que implica pol?íticas sociales de largo plazo (esencialmente el de la educación y el de generar fuentes de empleo), sin detenerse a analizar que las mordidas que arrancan pedazos que realiza la delincuencia es un problema de dolorosa y urgentísima actualidad (= de emergencia) y no un problema que aguante una solución de largo plazo y ni siquiera de mediano plazo, sin detenerse a analizar que una sociedad debe tener mecanismos de control social inmediatos y efectivos.

En Argentina viven los Alberto Binder y un montón de embaucadores profesionales y payasos de feria que se han posicionado muy bien en sus relaciones con el gobierno y por eso siempre aparecen formando parte de comisiones, de grupos, etc., tanto para defender las doctrinas del Código Procesal Penal Tipo para Iberoamérica como para defender todo cuanto éllos (dichos “doctrinarios“ de La Nueva Ola) han contribuído a implementar no sólo en Argentina, sino también en el resto de Iberoamérica o Latinoamérica que por snobismo e imprevisión, y por una serie de castrados mentales, cayó en el error de clonar dicho Código Procesal Penal Tipo para Iberoamérica.

Debido a ello y a su presencia en esos grupos y a su acudir a medios de comunicación para confundir y seguir confundiendo a la opinión pública argentina a esta le han querido inocular la idea falsa de que el auge de la delincuencia nunca puede tener como causa el factor legal que representa un Código Procesal Penal porque supuestamente “la ley no es un factor criminógeno“ y han convertido ese sofisma en un dogma de éllos; cuando lo cierto es que debido al conjunto de facilidades, permisividades y contemplaciones Pro Reo del Código Procesal Penal Tipo para Iberoamérica lo que se ha hecho en toda Latinoamérica, al copiarlo, es votar una ley que incentiva a los delincuentes a delinquir y a seguir delinquiendo del mismo modo que cuando se vota una ley de zona franca para incentivar al empresariado nacional a invertir sus capitales en una zona de un país y a atraer capitales extranjeros para esa zona franca, se logra, con los incentivos de que es contentiva dicha ley de zona franca, que efectivamente tanto los capitalistas nativos como los capitalistas extranjeros inviertan sus respectivos capitales en dicha zona franca. Así como una ley puede servir para incentivar la inversión de capitales, así mismo una ley (un Código Procesal Penal es una ley) puede servir para incentivar la delincuencia.

Ese es el efecto que ha creado y producido en toda Iberoamérica o Latinoamérica la vigencia del Código Procesal Penal Tipo para Iberoamérica copiado por nuestros países: incentivar a la delincuencia y por eso esta ha crecido en proporciones aterradoras causando que los ciudadanos se tengan que escudar tras rejas y tengan miedo hasta de salir a las calles.

Así, por ejemplo, el criterio establecido en el Código Procesal Penal de prohibir el uso de los antecedentes de delincuentes reiterados ha permitido que éstos anden en las calles argentinas haciendo y deshaciendo, cometiendo lo único que saben hacer: delinquir: una fiera suelta es un depredador y se comporta como tal.

Estos sujetos, los Binder y compartes, se han autocreído unos “iluminattis“ (en la mente de éllos) y se han creído con autoridad pontifical para barrer todo cuanto sea contrario a su forma de pensar: son una especie de inquisidores de nuevo cuño o de policías del pensamiento jurídico de nuevo sello, verdaderos Ayatollahs que, en su intolerancia y en su tosudez en mantenerse en el error, se pueden medir de tú a tú con los Ayatollahs iraníes y con los Mullahs afghanos simpatizantes del Talibán.

La copia del Código Procesal Penal Tipo para Iberoamérica les ha permitido a éstos individuos crear, establecer y mantener un negocio que se nutre de la ignorancia ajena y a costa de la miseria y de la sangre ajena: los robos y los golpes y las heridas, lesiones y muertes conexas a dichos robos no es chiquita y el espectáculo en cuestión es común en Argentina y en toda Iberoamérica, la cual tiene, pues, de denominadores comunes: por un lado, el Código Procesal Penal; y, por el otro lado, la secuela de robos con dichas conexidades; y a ello hay que agregar “la extraña coincidencia“ de que el auge de la delincuencia o el disparo de la ola delincuencial tuvo lugar en cada uno de dichos países después de entrar en vigor en ellos el Código Procesal Penal respectivo que copiaron del Código Procesal Penal Tipo para Iberoamérica.

Los argentinos, como todos los demás habitantes de Iberoamérica, sólo tienen que hacer una comparación preguntándose: ¿Cuándo han tenido éllos mayor delincuencia? ¿Antes o después del Código Procesal Penal copiado del Código Procesal Penal Tipo para Iberoamérica?

Hay un antes y un después del Código Procesal Penal: antes había menos delincuencia; después de él la delincuencia se disparó vertiginosamente y sigue creciendo también vertiginosamente y en forma imparable: en forma imparable porque precisamente el grupo de embaucadores profesionales y payasos de circo supra-referidos se ha ocupado de desviar la atención de la fuente generatrix de ese crecimiento descomunal de la delincuencia que lo es el Código Procesal Penal, el cual, lejos de ser un aliado de los ciudadanos serios y honrados de Argentina en realidad es un aliado de los delincuentes y por eso éstos se envalentonaron al tomar consciencia de que el terreno les fue dejado a éllos y por eso el apogeo y auge delincuenciales que vive Argentina.

El mismo efecto se da donde quiera que dicha misma causa eficiente pueda darse: los efectos son los mismos porque tienen la misma causa: el Código Procesal Penal está vigente en Argentina (cada una de sus provincias tiene su Código Procesal Penal) y en toda Iberoamérica: la misma causa está, pues, vigente en Argentina y en toda Iberoamérica.

El efecto crecimiento de la delincuencia en cada país iberoamericano vino de la mano en cada uno de esos países después de éllos respectivamente haber adoptado el Código Procesal Penal.

Cuando respectivamente adoptaron el Código Procesal Penal la delincuencia se disparó respectivamente.

Siendo idéntica la causa las consecuencias tienen que ser idénticas; a misma causa, mismos efectos.

Mientras no se dirija la atención de los respectivos Congresos Nacionales latinoamericanos al Código Procesal Penal para derogarlo y substituirlo por un código que sí proteja a los ciudadanos serios y honrados y a la sociedad en general, y a ponerle fin al negocio que con dicho Código Procesal Penal establecieron y tienen los referidos autocreídos “iluminattis“, se seguirá con ese auge indetenible de la delincuencia, pues el Código Procesal Penal tiene medularmente una redacción Pro Reo y por eso los delincuentes han sido sus grandes beneficiarios en toda Iberoamérica… Los Alberto Binder y demás secuaces también se han beneficiado grandemente del negocio de que esté vigente en toda Iberoamérica. El Código Procesal Penal es una estafa social, un engaño igual o peor que el que se le hizo a aquél Rey al que los dos sastres-estafadores le dijeron que sólamente los ignorantes no podían ver el traje invisible: en nombre de una supuesta “modernidad“ han retrotraído a las sociedades iberoamericanas a etapas de violencias, de barbaries, de justicia privada parangonable al Salvaje Oeste y al Chicago de Al Capone a consecuencia de que ya la mayoría ni siquiera cree que sea buena idea denunciar a las autoridades el crimen o el delito de que se ha sido víctima. Cuando se llega a esos niveles es porque la cosa marcha mal para los entes sociales, para la sociedad toda, pero muy mal de verdad. El traje estafario (= el Código Procesal Penal) se le vendió a todas las sociedades iberoamericanas y como pretendido “freno“ a críticas eventuales en contra del mismo de antemano se quiso decir que “sólo los inquisidores de la Santa Inquisición española podian estar en contra de dicho código“, el cual para lo único que ha servido ha sido para conducir a nuestras sociedades iberoamericanas de vuelta a pasados que se consideraban ya superados.