El costo de la corrupción

Por Eugenio Martin Tavera Almanzar martes 1 de mayo, 2012

La corrupción (desvío de fondos y acciones y dedicados a vicios, perversidades, sobornos, con fines de dañar, torcer) es algo irregular, inmoral, abusivo, de malas costumbres, que afecta todos y cada uno de nuestros medios de vida.

La corrupción la sentimos en nuestros bolsillos: generalmente no la vemos en su ejecución, pero sus resultados la palpamos en sus beneficiarios, los cuales nos la enrostran en nuestros ojos con sus opulencias y exhibiciones desenfrenadas, pues muchos de los que la perciben son renegados sociales/económicos que solo se creen algo en la vida por lo que tienen, no por lo que son.

La corrupción encarece, dificulta y contamina la alimentación, nutrición, salud, vivienda, educación, transporte, energía eléctrica, empleo, producción, agua potable, infraestructuras, ingresos y gastos, seguridades (ciudadana, nacional, social, jurídica, energética, alimenticia y nutricional): beneficia a unos pocos y perjudica a las grandes mayorías.

Es por corrupción que aumenta la criminalidad, violencia, tráfico y consumo de drogas, el sicariato y la impunidad.

La corrupción es la principal responsable de las injusticias, complicidades y asociaciones nefastas que destruyen los cimientos de la sociedad y de la patria misma.

Es por corrupción que hay dispendio, derroche de los gastos públicos que luego el pueblo tiene que pagar con supuestas reformas impositivas para aumentar los ingresos, pero al continuar e incrementarse los gastos luego hay que volver a otra reforma para sacarle más dinero a los que menos pueden para entregárselos a los funcionarios y relacionados del partido gobernante.

Es la corrupción la que guía los endeudamientos internos y externos, justamente mientras hay más ingresos en las arcas gubernamentales…y también provoca más déficit fiscal.

En lugar de beneficiar a la mayoría del pueblo con un gasto de calidad, austero, óptimo, racional, los gobiernos prefieren “invertir” en banalidades que incrementan los bolsillos de los que más tienen y que siempre son las minorías.

Tenemos que pagar facturas más caras, comprar plantas eléctricas y adquirir inversores para asegurarnos energía eléctrica permanente, mientras el gobierno llena de botellas, con altos salarios y contratos inescrupulosos en las entidades públicas vinculadas con los suplidores/generadores y distribuidores de electricidad, criminalizando a los que no las pagan en lugar de destituir, apresar y despojar de los bienes adquiridos por métodos inmorales a los que administran/dirigen esas entidades.

Hay escasez constante de agua, la cual no es potable, tenemos que construir cisternas, instalar tinacos, comprar en botellones o garrafones y a camiones privados para asegurar su suministro, porque las cadenas de corrupción no proveen este recurso vital…o la racionalizan en combinación para beneficios particulares.

Nuestros hijos y demás familiares tienen que acudir a colegios y universidades privadas, cambiando los textos cada año, por la inefectividad del gobierno y la poca asignación de fondos a la educación pública.

La inseguridad ciudadana, personal, es cada vez mayor por razones económicas, sociales y morales, que van desde empleos seguros, bien remunerados y buenas condiciones laborales hasta la inducción o selección de las autoridades militares y policiales, sus condiciones de trabajo, formaciones, supervisiones y energías para hacer cumplir las disposiciones legales vigentes, las cuales no son cumplidas porque las principales violadoras son las autoridades, sobre todo las superiores.

Las decisiones económicas, más que por criterios nacionales y de permanencias, son adoptadas por intereses políticos, grupales y asociativos con beneficios para los carteles que los dirigen, por lo cual sus decisiones son cortoplacistas, inmediatistas y de retornos financieros individuales, con funciones de reproducción de la corrupción gubernamental y de enclaves privados.

El desempleo es cada vez mayor porque la política económica genera inequidades y desigualdades, desequilibrios económicos y geográficos en que las prioridades de las políticas fiscal y monetaria no son incrementar la producción, las inversiones, el ahorro, las exportaciones ni aumentar la productividad y competitividad del país…y porque los funcionarios públicos son las principales competencias de los que generan riquezas: más que coyuntural, tenemos un desempleo estructural ligado a prácticas deshonestas.

Es tan grande la corrupción en nuestro país que es objeto de estudios por organismos nacionales e internacionales: los empresarios de Haina dicen que es de un 40% de los gastos, el Foro Económico Mundial evaluaron que somos el país más corrupto del mundo, el Banco Mundial expresa que es de RD$50 mil millones al año, el BID manifiesta que es de RD$100-RD$150 mil millones al año y la Comisión Económica del PRD la calcula entre 5% y 10% del PIB.

Los efectos de la corrupción son tales que hasta las libertades de expresión e información son oprimidas e tergiversadas con fines de vencer en la mente del enemigo.

Es por eso que la principal medida de política económica, educativa y social, además de política pura, es una jornada nacional de concienciación/concientización de lo que significa la corrupción para el país, nuestros hogares e individualidades, sus causas, efectos, costos, procedimientos y combates, y esto debe incluir la destitución, encarcelamiento, reposición de los recursos hurtados y publicidad pública y privada de las sanciones establecidas a todos los involucrados, directa e indirectamente cómplices.

La pobreza, salarios justos, empleos, justicia, servicios públicos y las condiciones de vida de la población la determina la existencia o no, y sus grados o niveles, de la corrupción, con lo cual tenemos mayores o menores cantidad y calidad de vida, de paz, sosiego y seguridades de un presente y porvenir auspicioso o no, por eso su combate debe ser permanente y con todas las armas disponibles, comenzando por votar contra los corruptos.