El culto a la personalidad

Por Carlos Luis Baron martes 3 de enero, 2012

Las elecciones en la República Dominicana se ganan por el carisma de un candidato. Es una químera, y tema de teóricos de capuchino sin azúcar, que las grandes masas toman en cuenta los programas de gobierno. Es más, en muy pocas ocasiones esas masas siguen los lineamientos de los partidos políticos, que son los que llevan sobre sus hombros a un candidato ganador.

Poco importa que un partido sea mayoritario, si el hombre que tiene como candidato no reúne condiciones de conductor de masas, no llegará a ningún sitio.

Lo ideal es que a unas elecciones se vaya como un programa de gobierno para ser puesto sobre la mesa. En la historia reciente dominicana ese programa de gobierno nunca se ha cumplido, y los presidentes han sido hombres pramáticos.

Yo no creo en programas de gobierno que son presentados mometos antes de unas votaciones presidenciables. Están hechos para satisfacer los reclamos de intelectuales de clase media y grupos hegemónicos, que se gozan de leer lo que nunca se cumple.

Para el gran empresariado el programa de gobierno no tiene ninguna importancia, y se siente satisfecho con un discurso en la Cámara Americana de Comercio.

Con la asistencia de los medios masivos de comunicación, hoy un candidato presidencial lo que tiene que tener es carisma, y lo demás cae en manos de los asesores y los publicistas.

Como vaya a gobernar dependerá de sus circunstancias, y del Estado en que encuentre el gobierno, y no de un papel preparado para satisfacer egos.

Estoy de acuerdo que en el proceso de institucionalidad nacional, los candidatos presidenciales tienen la obligación de presentar un programa de gobierno, pero lo primero es preguntarse si en el país hay zapatas institucionales.

Claro que no. La institucionalidad en la República Dominicana se mece al compás de los vientos, y carece de fuerzas para mantenerse vertical y en ocasiones ni siquiera llega a la reciedumbre del cocotero, que se dobla pero no cae al fango.

Para las elecciones venideras solo hay dos candidatos con posibilidades de ganar, los demás están en la cola.

A esos dos candidatos hay que trabajarle el perfil, el carisma, el culto a la personalidad, como caen en la gente, y dejar el programa de gobierno para las tertulias de vinos y tabacos.

Y lo más impactante, además del carisma está la funda. En dominicana se ganan las elecciones 24 horas antes de las votaciones y a veces en las filas, cuando miles alquilan su cédula, o reciben una ayuda, o una simple promesa de si llegan.

Con este panorama es que se va a ir a las votaciones del 20 de mayo, y el que invente otra fórmula, ya perdió por equivocar el camino.