El delito de femicidio es una conducta aprendida

Por Carlos Luis Baron jueves 12 de julio, 2012

Los estudios que se realizan en torno a ciertos delitos para establecer las causas etiológicas de los mismo ha demostrado que hay conductas que se aprenden, que hay conductas que se trasmiten de generación a generación y que hay conductas que las generan el propio entorno familiar.

Los asesinos en series, los violadores sexuales y las conductas violentas contra la mujer de acuerdo a estudios sociológicos, siquiátricos y de corte sicológicos coinciden y demuestran que estos delitos dichos autores tiene en común ciertos rasgos que lo distinguen.

El común denominador de estos hechos y que tienen como elementos que los caracterizan son básicamente, ausencia de amor en el hogar, bajo nivel de educación, padres alcohólicos, padres que ejercieron violencia delante de ellos en la niñez, poca atención en la infancia, ausencia de hacerlo sentir importante, y sobre todo una constantes agresión de uno de los padres sobre el otro.

Todos esto ingredientes, aunque usted no lo crea, son los factores que moldean  y que definen al niño menor cuando sea un adulto. Si el menor vive en un hogar donde la agresión y la violencia sean permanentes y continuas, hace posible que ese niño o niña es y será una réplica de esas aptitudes. Es un multiplicador de esas conductas.

La historia de los adultos más famosos y grandes asesinos en series confirma que sus antecedentes ayudaron en la arquitectura de su vida en la adultez y constituyeron el detonante de su modo de comportarse. El mundo está lleno de ejemplos:

Juan Barranza "la Mataviejitas", se conoció que parte de su conducta criminal venía a ser un reflejo de la violación que sufrió durante su niñez, en ese momento la madre de la mataviejitas era una alcohólica y en una reunión con otras personas la madre de la mataviejitas accedió a que tres hombres tuvieran acceso carnal con la menor a cambio de licor. Ella mato más de 50 viejitas en México.

Albert Fish, “El abuelo caníbal” tuvo una infancia llena de golpes, por lo que le encontró el placer al dolor. Este asesino serial, sus víctimas eran niños a los que convencía de irse con él a una cabaña en donde las sodomizaba, torturaba y abusaba de ellos, para después comérselos. En ocasiones escribía cartas a las madres de las víctimas en al cual le decía: ‘’La atrapé, la desnudé. Ella me pateó. y rasguño. La estrangulé y entonces la corté en pequeños pedazos que me fui tomando durante nueve días. No se puede imaginar como era de dulce su carne. No se preocupe, no la violé. Murió virgen’’.

En el plano local, David Luciano Castillo (Petete), 32 años de edad, oriundo del Distrito Municipal Arroyo Cano, San Juan de La Maguana, alias el depredador o el descuartizador, matabas a sus víctimas y luego se la comía, cuyas víctimas se encuentran animales. Según mis propios estudios que hice sobre sus antecedentes, sus padres tenían bajo nivel de educación, en su infancia sus padres no le prestaban atención y se separaron, además eran alcohólicos y violentos.

Como se puede observar, estos asesinos tuvieron una vida en la infancia muy parecida. Es lo mismo que pasa con los femicidas. Ellos reproducen los que sus tutores, padres, tíos o criadores hacen delante de ellos. Una cuota importante de culpa de tantos femicidios hay que buscarla en la familia y en los padres actuales de estos victimarios.

Los niños que viven en un hogar agresivo, violento y de padres alcohólicos son los posibles futuros y autores de femicidios, y otros delitos. Los padres, el hogar y los comportamientos de estos en el hogar son en gran parte los culpables de este fenómeno social.