El disfraz antidemocrático del conflicto paraguayo

Por Carlos Luis Baron martes 26 de junio, 2012

En esta ocasión, deseo compartir un interesante escrito en asuntos económicos del Doctor Marino Castillo Lacay, analista y asesor económico Dominicano quien reside por más de 27 años en la ciudad de Curitiba-Brasil; a continuación integridad del texto:

Con una producción de granos que se aproxima a los 10 millones de toneladas, no es solamente una relación política internacional y del MERCOSUR que preocupa en el golpe de estado del presidente Fernando Lugo, en el Paraguay. A pesar de una producción relativamente pequeña en comparación con el Brasil y hasta con el Paraná, estado en el cual se producen 25% de los granos del Brasil, en los últimos años la agricultura respondió por una parcela significativa y fundamental en el mantenimiento de los índices de crecimiento del producto bruto interno del Paraguay. La economía paraguaya mantiene una economía agrícola altamente dependiente, ya sea por su tecnología y logística, como por el mercado y la mano de obra, los insumos y el conocimiento garantizados principalmente por el Brasil, por las empresas, cooperativas y agricultores brasileños que producen en aquel país.

Justamente, son los llamados “brasiguayos” los grandes responsables por la introducción de una agricultura en escala empresarial en el suelo paraguayo. El movimiento de emigración de brasileños en tierras paraguayas tuvo su inicio en la década del 60, cuando expulsados del Paraná primero los pequeños productores de la agropecuaria y posteriormente en las décadas siguientes con agricultores interesados en expandir sus producciones y en la búsqueda de tierra barata el país comenzó a despuntar como un importante global player del comercio de granos.

Con la agricultura en franca expansión, el Paraguay reproduce el fenómeno brasileño de altísimas productividades, se consolida como exportador y contribuye para el liderazgo de Sudamérica en la oferta mundial de soja, la commodity agrícola con más liquidez en el comercio mundial de granos. Fue entonces la vez de los pecuaristas argentinos apropiarse de una parte del ganado paraguayo y consumir la soja paraguaya. Con la producción sobrepasando los 8 millones de toneladas en la sufra 2010/11, los agricultores “brasiguayos” ayudaron a consolidar el Paraguay como el 4º. Exportador mundial de soja.

Pero al temor económico se suma el temor político. Los cambios de gobierno normalmente vienen acompañados de cambios de pensamientos, principios y directrices, reformas económicas y sociales, que en el momento en que vive Paraguay tiene todo que ver con la pose de la tierra. Es importante considerar que el mérito de la discusión aparenta ser otro, pero el conflicto agrario es, con todo lo que tiene de retrógrado, la bala de cañón en el polvorín paraguayo, que culminó con la muerte de 18 personas y que le dio municiones al congreso para la condenación sumaria y fulminante del Presidente Fernando Lugo.

La discusión ha derivado sobre el cumplimiento de la Constitución y queda abierta esa opción entre líderes y países que han prestado su solidariedad al mandatario depuesto. Pero los intereses económicos involucrados en el conflicto agrario van más allá de la frontera paraguaya y nos da un alerta para problemas que subyacen en la raíz de nuestras fragilizadas democracias en Latinoamérica. Regiones susceptibles al conflicto agrario, al clientelismo, al caudillismo o coronelismo como es conocido por estos lugares, pueden ser manipuladas por intereses ajenos a la propia democracia y nos colocan en el falso dilema de atender a la “voluntad política” del pueblo, que en este caso es el paraguayo… Y mañana a quién le tocará?

Por eso, es mejor mirar con cautela las supuestas aflicciones y tribulaciones de los "brasiguayos" y reflexionar muy bien de que lado estamos. Hace bien el bloque de países del MERCOSUR en no se posicionar a favor… solo el tiempo y la historia medirán las consecuencias de estos actos.