El Dominio de la derecha en la República Dominicana

Por Carlos Luis Baron sábado 7 de julio, 2012

La República Dominicana está controlada económica, social, cultural y políticamente por el gran capital vinculado a los Estados Unidos. Las expresiones políticas que usan las clases dominantes del país para perpetuar su dominio son el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), principalmente.

La segunda intervención norteamericana a Santo Domingo en el 1965, realizada para ahogar en sangre el levantamiento cívico-militar que procuraba reinstalar en el poder al Profesor Juan Bosch, dejó en el poder a un lacayo representante de los sectores mas atrasados, el Doctor Joaquín Balaguer y su Partido Reformista, conocido hoy como Partido Reformista Social Cristiano.

Durante 12 años (del 1966 al 1978) este gobernante ejerció el poder desconociendo los más elementales derechos humanos, persiguiendo a sus opositores, enviándolos al exilio, encarcelándolos, asesinándolos o simplemente desapareciéndoles para siempre. Paralelamente el Dr. Balaguer corrompía toda la sociedad a través de diferentes mecanismos, entre ellos el clientelismo y la compra de los líderes comunales y de izquierda con débiles valores morales e ideológicos.

Debemos señalar con sentido autocrítico que la falta de un correcto análisis del momento político nacional e internacional por parte de los grupos de la izquierda revolucionaria contribuyó en parte a su propio declive y alejamiento progresivo de las masas populares. La mayoría de los revolucionarios siguió actuando como si el estallido revolucionario estuviese a la vuelta de la esquina. Por eso insistieron en este período en una política insurreccional. Fruto de esa concepción el grandioso Coronel Francisco Alberto Caamaño, líder militar indiscutible de la Revuelta Constitucionalista del 1965, fue llevado al sacrificio inútil, perdiendo la vida en un combate desigual con las fuerzas militares dominicanas, asesoradas por los EEUU.

En el 1978, con el apoyo de EEUU, llega al poder el Partido Revolucionario Dominicano, organización política que lideraba la oposición al régimen del Dr. Balaguer. Originalmente el PRD sostenía reclamos democráticos y populares y se identificaba con los sectores pobres, los trabajadores, los campesinos y todos los marginados del poder de nuestra sociedad. Pero eventualmente el PRD abandonó esas posturas originales y se fue identificando cada día más con los sectores más poderosos y más reaccionarios del país.

Algo similar ocurre con el Partido de la Liberación Dominicana, fundado en diciembre del 1973 fruto de una escisión dentro del PRD. El PLD, al igual que el PRD, fue fundado por Juan Bosch, quien se declaró marxista, estableciendo con dicha declaración una clara intención de representar una posición de avanzada. En sus orígenes el PLD se presentó como un partido muy progresista, antiimperialista, con una fuerte vocación internacionalista y como una gran esperanza para los trabajadores y los sectores pobres dominicanos. Un gran número de revolucionarios dominicanos, entre ellos quien les escribe, pasó en sus inicios a formar filas en dicho partido con el Profesor Bosch. Pero 23 años mas tarde, en el 1996, con un Juan Bosch en decadencia física y mental, la dirección del PLD pactó con el Dr. Balaguer y las derechas dominicanas para acceder al poder. El proceso de derechización de dicho partido no fue accidental ni casual. Fue fruto de un proceso que se manifestó en diferentes momentos de su historia con la expulsión de su organización de los dirigentes políticamente mas avanzados.

A partir de ese momento (1996) el PLD abandona casi totalmente la defensa de los intereses populares para pasar a representar sectores del gran capital dominicano. En el esfuerzo por mantenerse en el poder, el PLD empieza inmediatamente a aplicar los métodos tradicionales de dominio de las derechas: el clientelismo, el soborno, atrayendo con prebendas a dirigentes de otros partidos de derecha, corrompiendo a tradicionales dirigentes de “izquierda” y, ocasionalmente, reprimiendo los sectores populares en sus protestas.

Con la desaparición física del líder del PRSC (Balaguer), el poder de este partido empieza a declinar vertiginosamente y a ser absorbido por el PLD. La alianza PLD-PRSC les ha garantizado a ambos partidos, principalmente al primero, mantenerse en el poder desde el 1996 hasta nuestros días, excepto del 2000 al 2004, cuando gobernó desastrosamente el PRD. Actualmente tiene el PLD garantizado este poder hasta el año 2016.Las características de gobernar del PRD, del PLD y del PRSC, con muy pocas variaciones, son idénticas. Corrompen a todo el que pueden, incluyendo sectores políticos de tradición revolucionaria y democrática, aplican fuertes políticas clientelares, pactan con los sectores de poder a los cuales les sirven políticamente, y principalmente aplican las políticas neoliberales que les imponen el Banco Mundial (BM), El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sus gobiernos tienen la característica común de la corrupción gubernamental más grotesca que hemos experimentado desde el tiempo de la tiranía trujillista. Un nuevo ingrediente se les ha añadido a sus estilos de gobernar: sus fuertes vínculos con el narcotráfico.

Desde el punto de vista de las fuerzas revolucionarias, además del golpeo del imperio y de la reacción interna, otros factores contribuyen en su débil influencia en los sectores populares. Uno de esos factores cruciales es su debilidad ideológica y su poca formación teórica. Incontables han sido las divisiones dentro de las fuerzas revolucionarias, la mayoría de ellas basadas en aspectos personales o económicos, aunque naturalmente se levanten los argumentos ideológicos y políticos para justificarlas.

Un número considerable de otrora dirigentes y partidos “marxistas” y revolucionarios han pasado a ser aliados o a formar parte de las estructuras de los tres partidos que representan la reacción de mi país: el PLD, el PRD y el PRSC. Esos partidos de tradición marxista, así como dirigentes e intelectuales con historial de compromiso con las causas mas revolucionarias, contribuyen a presentar a dichos partidos derechistas como democráticos y progresistas ante una parte considerable de nuestra población marginada, pero especialmente ante muchos países con gobiernos revolucionarios y realmente democráticos tales como Venezuela, Cuba, Vietnam y otros, asi como ante otros partidos y movimientos políticos progresistas y marxistas de otras latitudes.

Confirmando mi afirmación de introducción, el dominio de las derechas en mi país es casi total. En las elecciones del pasado 20 de mayo de este año, sin considerar el 32 por ciento que no sufragó su voto, solo el 1.83 por ciento de la población votó a favor de opciones políticas que cuestionan con cierta seriedad la hegemonía tripartita PLD-PRD-PRSC. Cabe destacar que el 75 por ciento de estos votos (1.37 por ciento del total ejercido), favoreció al Dr. Guillermo Moreno y nuestro partido Alianza País, el cual contó con el apoyo de la Fuerza de la Revolución (FR), uno de los principales grupos de la izquierda revolucionaria dominicana, y la Corriente Febrerista (CF).

Salvando nuestros propios errores y desviaciones, es necesario indicar que las victorias de las derechas, en particular la del PLD este mismo año, están marcadas por una fuerte corrupción en el uso y abuso de los recursos del estado. Así compran los medios de difusión, los periodistas y los votos de los más necesitados para asegurarse el mantenimiento en el poder, que es su fuente principal de acumulación de riquezas mal habidas.

Las fuerzas progresistas tenemos una gran oportunidad de crecer en los próximos años y eventualmente alcanzar el poder en mi país. Tenemos que vincularnos estrechamente a todos los sectores populares que sufren y luchan contra la marginación y pobreza predominante. Es necesario superar deficiencias y desviaciones que impiden la unidad y el fortalecimiento de las fuerzas de izquierdas. Es tiempo de que los dirigentes y militantes se revistan de humildad y voluntad política. Tenemos que estudiar más. Muchos dirigentes desconocen la historia y la composición social dominicana. Igualmente no han interpretado correctamente los cambios en el mundo en décadas recientes.

Al mismo tiempo es imperante que intercambiemos experiencias con grupos hermanos de Latinoamérica y otras partes del mundo que han tenido éxitos en alcanzar el poder y/o logrado amplias simpatías dentro de los sectores trabajadores y populares. Tenemos que aprender de sus logros y de sus errores.

Si adoptamos esta actitud y rectificamos honesta y sinceramente estaremos en mejores condiciones de superar el dominio casi absoluto de las derechas en la República Dominicana que nos han gobernado por los últimos 47 años y hacer que las fuerzas revolucionarias podamos alcanzar el poder en un futuro cercano.