El ejemplo de Pepe Mujica

Por Carlos Luis Baron viernes 22 de junio, 2012

En días recientes conversaba con un grupo de amigos sobre la perspectivas del gobierno que asumirá la dirección de los destinos del país a partir del próximo 16 de agosto, y entre otras cosas nos referimos a la necesidad de que éste tome medidas que envíen señales claras a la sociedad de que será un gobierno honesto, austero, eficiente y humilde.

En medio de la conversación, salió a relucir la postura asumida por el presidente de Uruguay, José (Pepe) Mujica quien percibe un salario de US$12,500.00 (doce mil quinientos dólares, como presidente de la nación sudamericana, y dona a organizaciones benéficas el 90% del monto devengado y solo se queda con US1, 250.00 (mil doscientos cincuentas dólares) para cubrir sus gastos personales. “Con ese dinero me alcanza porque hay otros uruguayos que viven con mucho menos”, le dijo en una ocasión aun diario español.

Uno de los que intervenía en la tertulia se refirió a la postura asumida por el presidente uruguayo, señalando que eso simplemente constituye una “ridiculez”. A partir de la intervención de ese amigo, la discusión se encendió, subió de tono y se formaron dos bandos en la discusión. No voy a describir como se desarrollaron los debates, pero creo que cada uno de los lectores tendrá su punto de vista sobre el tema.

Por mi parte, debo decir que no comparto el calificativo de “ridiculez” dado por el tertuliante, si no todo lo contrario, lo concibo como una conducta frente a la vida del presidente Mujica, que aunque para unos constituya un “sacrificio económico”, para él es un compromiso que le da sentido y razón a su vida. Este hombre siente más satisfacción llevando a cabo esas obras benéficas y actuando como un ciudadano simple, que acumulando dinero para terminar su mandato con la cartera llena.

No es mi pretensión, bajo ninguna circunstancia, aspirar o sugerir que el gobernante y los funcionarios que asuman el gobierno a partir del próximo 16 de agosto, adopten la posición del mandatario sudamericano, pero si comparto lo expresado por el presidente electo licenciado Danilo Medina, en su visita a la tumba del profesor Juan Bosch, a quien ha definido como su mentor y guía y del que ha manifestado que “heredó sus ideales y amor al pueblo dominicano”. En la ocasión le solicitó a quienes les acompañarán en su gobierno que no de dejen deslumbrar por el poder y que continúen siendo ciudadanos “humildes y sencillos”, como él mismo se ha prometido a actuar.

República Dominicana requiere un cambio de aptitud de parte de sus actores, tanto de los que nos gobiernan, como de los gobernados. No es posible que unos cuantos vivan en la abundancia y la opulencia, en medio de una gran mayoría de ciudadanos marcada por grandes precariedades. El país necesita funcionarios honestos, eficientes, austeros y humildes, pero también de ciudadanos responsables que aún en medio de la pobreza, estén en disposición de potencializar sus capacidades y energías en beneficio del país y de su superación personal.

Las economías no andan bien a nivel global, y todo parece indicar que por estos predios llegaran los reflejos de la crisis económica mundial, pero en medio de esa realidad tenemos que sacar de abajo para salir adelante. Es el momento para que cada peso del erario sea invertido a favor del desarrollo del país. En ese propósito tenemos que colaborar todos. Es lo que pienso.