El epílogo de Incitatus en la lógica caliguliana

Por Gregory Castellanos Ruano sábado 18 de febrero, 2012

El epílogo de Incitatus en la lógica caliguliana no ocurrió en Roma ni en ningún otro punto de la peninsula itálica ni en ninguna otra parte del Imperio romano. Sucedió bajo el Sol tropical de tierras de un mundo geográfico ignorado por los romanos. Sucedió muchos siglos después. Sucedió en la República Dominicana, sucedió específicamente en Puerto Plata.

No se dio específicamente con el propio Incitatus, pero sí con un émulo suyo.

Del mismo modo que quien propició o protagonizó dicho epílogo no se distanciaba mucho, en cuanto a sus métodos, del crudelísimo loco que fue Calígula.

Sólo esto último explica que un episodio semejante pudiese materializarse en el mundo de la realidad y no en el mundo de la fantasía.

Fue, pues, un acontecimiento de la vida real.

No se inventa absolutamente nada al hacer referencia al mismo.

Hay personas apasionadas con los equinos, eso es innegable: cada cabeza es un mundo…Y eso hay que respetarlo.

Pero cuando la pasión por un caballo se lleva al extremo que el desquiciado Emperador romano tenía para con su caballo español Incitatus (que significa Impetuoso), ese extremo es señal de que algo no anda bien en la cabeza de aquél que propicia semejante cosa; naturalmente, el poder que concentraba un César o Emperador romano en sus manos era algo tan inmenso y tan peligroso que tratar de hacerle ver la realidad a un loco depositario de tanto poder era algo tan arriesgado que podia costarle la vida a quien pudiese intentar convencerlo de que todo cuanto hacía a favor de Incitatus era contranatura.

Incitatus es el famoso caballo al que Calígula convirtió en Cónsul de Bitinia y después en Senador de Roma y luego le dio por esposa no a una yegua, sino a una mujer de carne y hueso, a una mujer real que respondía al nombre de Penélope y que pertenecía a una familia noble de Roma. Cuando se dieron esos nombramientos los colegas senadores del caballo no se atrevieron, por lo precedentemente dicho, a chistar, sino que, por el contrario, “aplaudieron“ en sus respectivas oportunidades dichos nombramientos y llegaron que presenciar directamente (y tolerar) al noble bruto en el seno del Senado romano como otro cualquier par suyo.

Cuando los aterrorizados guardias pretorianos (que por los tantos asesinatos y desmanes de Calígula) decidieron enviar a Calígula al Más Allá (para que no se quedara ni aquí ni en el Más Acá) y procedieron en consecuencia y se dio el espectáculo de verse éllos ante el desafío del demente emperador diciéndoles que procedieran, que nada le ocurriría porque él era un dios hecho hombre (su envío al Más Allá probó que la creencia de Calígula al respecto era equivocada), cuando eso sucedió no se supo a partir de ahí cuál fue el destino de Incitatus, la Historia no da cuenta de ello. No se sabe si alguno de los guardias pretorianos (su Jefe o cualquier otro) se apropiaron del caballo o si por odio a Calígula también se le dio muerte a dicho animal.

Pero en un ejercicio de hipótesis mental: ¿Qué hubiera pasado si Incitatus hubiese muerto estando vivo Calígula?

La forma en que Calígula trató a Incitatus fue exquisita, no creo que caballo alguno ni antes ni después de él haya llevado la vida de rey que con Calígula se dio Incitatus.

Calígula le construyó una caballeriza nada más y nada menos que de mármol y el pesebre en que en dicha caballeriza dormía Incitatus era nada más y nada menos que de marfil; luego le obsequió una villa romana con casi veinte personas para atenderlo y con jardines para “deleite“ del agraciado caballo que tan agraciado y privilegiado era que hasta el color púrpura, que era del dominio exclusivo de los parientes del Emperador romano, era el de sus mantas de dormir. Al igual que los miembros de la realeza romana también usaba collares carísimos por estar adornados con gemas de gran valor.

De semejante trato creo que es colegible la respuesta a aquella pregunta.Estoy seguro de que Incitatus hubiera sido objeto de unas honras fúnebres solemnes, históricas, con proverbial magnificencia imperial, pues Calígula demostró hasta la saciedad que no era un mezquino (sino que era un manirroto) para con dicho animal.

En Puerto Plata estuvo alguien que, como Calígula, profesaba más amor hacia su caballo que hacia sus semejantes seres humanos: en el año 1866, el General seibano (hatomayorense específicamente: Hato Mayor en ese entonces pertenecía a El Seibo) Miguel Lovera, por designación del Presidente Buenaventura Báez, era el Gobernador y Comandante de Armas del entonces Distrito de Puerto Plata, al ver dicho General muerto a su caballo por su propia torpeza con el manejo de su revólver al intentar matar a dos delincuentes al montar en rabia tras enterarse de lo cometido por aquéllos, dio connotaciones de tanto dolor que por orden expresa de dicho César y Espadón seibano de turno en Puerto Plata el caballo en cuestión fue objeto de un ceremonial fúnebre idéntico al que se le dedica a una persona cuando fenece.

A esto hay que agregar que como ocurre siempre: alrededor de quien detenta (cualquier clase de) poder surgen los serviles por conveniencia y los serviles por miedo y por conveniencia simultáneamente y son ésos los que cuales moscas revolotean alrededor del “pastel“. Los asistentes personales y los “amigos“ de Lovera lo vieron tan profunda e intensamente deprimidos que se ocuparon febrilmente de los más mínimos detalles del entierro del equino para que su jefe se sintiera bien. Todos en el pueblo debían estar vestidos de negro como muestra de palpitante dolor.

Durante el cortejo fúnebre del noble bruto todos aquéllos por donde se transportaba al caballo a bordo de una carreta tirada por un poderoso buey y adornada con gran esmero y propiedad para la ocasión, hacia la fosa (abierta frente al mar) que recibiría sus despojos mortales y se le daría sepultura en un acto solemne celebrado al efecto, tenían que descubrirse la cabeza y hacer muestras de reverencia y de expresión de dolor y repetir la expresión “pobre caballo, tan buen caballo“ y tenían que sumarse a dicho cortejo fúnebre repitiendo la recién citada expresión.

En su Diccionario Biográfico Histórico Dominicano, Rufino Martínez recoge parte de lo ocurrido y lo expresa diciendo que Lovera “tuvo el extravagante capricho de enterrarlo formalmente, para lo que invitó al Cuerpo Consular y al pueblo. Al acompañamiento no se le permitió otro comentario que la doliente expresión: “!Pobre caballo! ¡Tan buen caballo!, en tanto que una charanga desgarraba una marcha fúnebre.“¡El Cuerpo Consular! ¡El pueblo! ¡Una marcha fúnebre!…Unas pompas fúnebres de alto nivel, unas exequias propias de un Jefe de Estado de la Roma imperial…Todo para un caballo…Parecería una estampa ugandesa Idi Aminista Dadá. ¿Qué hubiera pensado y qué le hubiera inspirado al checo Franz Kafka si éste hubiese tenido conocimiento de que eso ocurrió?El episodio surrealista ocurrió en la vida real, ocurrió en Puerto Plata. Increiblemente ocurrió en la vida real e increíblemente ocurrió en Puerto Plata.Ese hubiera sido el epílogo de Incitatus en la lógica caliguliana frente al caballo que el Emperador romano decía que le hablaba.Por Lic. Gregory Castellanos Ruano