El Eterno Problema de la Deuda Externa

Por Carlos Luis Baron martes 13 de marzo, 2012

La deuda externa de cualquier país constituye un problema con el que hay que lidiar permanentemente, en razón de que las economías, sean desarrolladas o subdesarrolladas, necesitan hacer uso del ahorro externo.

Ocurre que el país más desarrollado del mundo es actualmente el país más endeudado del planeta: Estados Unidos. Aunque, obviamente, no es el más desarrollado por el ser más endeudado. Pero es indubitable que el endeudamiento en general, y el endeudamiento externo en particular, son fuentes de financiación de proyectos de inversión, de obras de capital, en fin, de proyectos que apuntalan la ampliación dinámica de la capacidad instalada de una economía, el desarrollo de la ciencia, de la tecnología y de la innovación.

Y todo aquello sirve también para apuntalar el crecimiento y el desarrollo de cualquier economía en el mundo.

De modo que lo criticable no es que un país se endeude con el resto del mundo, sino que el nivel de deuda externa sea sostenible y administrable y que el ahorro externo que esta implica sea utilizado para contribuir, directa e indirectamente, a la financiación de la ampliación del capital físico y del capital social, y de esa manera sea aumentada la capacidad de creación de riqueza de la economía.

Y esta relación con el exterior en cuanto al uso del ahorro externo debe implicar que el flujo neto y la transferencia neta de recursos sean positivos, es decir que los pagos del servicio de la deuda sean menores que los desembolsos de préstamos provenientes del exterior: esto implicaría que el país se está capitalizando, por lo menos desde el punto de vista formal. Esto no significa que necesariamente los capitales que entran a un país se van a utilizar productivamente en todo y siempre. En caso contrario, se dice que el país se estaría descapitalizando.

Hechos estos señalamientos propedéuticos nos adentramos ahora en el análisis de la deuda externa dominicana.

Cuando el PLD llegó al poder encontró una deuda externa, dejada por los últimos gobiernos de Balaguer, cuyo monto era de tres mil ochocientos millones de dólares (US$3,800,000,000.00). Al término de su mandato en el mes de agosto del año 2000, Leonel Fernández había reducido el monto de la deuda externa en seiscientos millones de dólares, es decir la llevó a tres mil doscientos millones de dólares (US$3,200,000,000.00).

En cambio, Hipólito Mejía la llevó el monto de la deuda externa desembolsada de tres mil doscientos millones de dólares a siete mil millones de dólares (US$7,000,000,000.00), la aumentó en más de un cien por ciento (100%) en tan sólo cuatro años. Y ni decir en el caso de la deuda externa contratada que la llevó a más de nueve mil millones de dólares.

Al cabo de siete años, de 2004 a 2011, el monto de la deuda externa desembolsada ha pasado de siete mil millones de dólares en que la dejó Hipólito Mejía a doce mil setecientos cincuenta y ocho millones de dólares con cuarenta centavos (US$12,758.4) en estos dos últimos gobiernos de Leonel Fernández (2004-2012). Esto nos indica claramente que en siete años, no en cuatro, tanto el aumento en términos absolutos como el crecimiento en términos relativos o porcentuales del monto de la deuda externa desembolsada han estado por debajo de las cifras que retratan estos crecimientos de la deuda externa en el desgobierno de Hipólito.

Ahora, la diferencia es abismal, del cielo a la tierra, en cuanto al uso de esos recursos y también de los recursos internos: Mientras Leonel ha utilizado estos recursos externos para sembrar el país de obras de infraestructura (necesarias, indispensables e imprescindibles en cualquier país del mundo) para lograr el despegue hacia el crecimiento, el desarrollo y el progreso, y también para modernizar la economía y la sociedad, Hipólito, por el contrario, no construyó ni una sola obra de infraestructura relevante.

Leonel ha llevado a cabo una verdadera, tangible, visible e innegable obra de transformación física del país.

En cuanto al uso de los recursos externos el gobierno de Hipólito cometió crímenes económicos colosales.

Pero otro crimen que cometió el gobierno de Hipólito Mejía tiene que ver con la composición de la deuda externa: aumentó escandalosamente el componente privado de la deuda externa del país, que es la llamada deuda no concesional o deuda a corto plazo con tasas de interés muy altas (esta deuda se contrata con bancos privados del exterior y en ocasiones con agencias de gobiernos amigos que en cuestión de operaciones financieras se rigen por los precios del mercado).

Ni antes ni después de Hipólito ningún gobierno dominicano había llevado a niveles tan altos el componente de la deuda externa proveniente de entidades privadas del exterior.

La regla que predomina en el mundo desde hace mucho tiempo es que los países, sobre todo los subdesarrollados, contraten su deuda externa en términos concesionales, pagadera a largo plazo, con períodos de gracia y con tasas de interés bien bajas, muy por debajo de las tasas de interés del mercado.

La regla vigente en el mundo financiero internacional es que los países contraten deuda concesional, y excepcionalmente podrían contratar deuda no concesional. Bien, pues Hipólito invirtió prácticamente el orden establecido en esta materia: la excepción la convirtió en regla, y la regla la convirtió en excepción.

¡Cuántos crímenes económicos, monstruosidades y barbaridades, se cometieron en ese desgobierno de Hipólito!

Otra cosa tiene que ver con los pagos del servicio de la deuda externa, es decir la amortización del capital y el pago de los intereses de la deuda desembolsada.

Hipólito recibió de Leonel una deuda externa reducida y mínima, lo que quiere decir que el pago del servicio de la deuda externa (amortización más intereses) fue una especie de fly al pitcher o al catcher para Hipólito del 2000 al 2004.

¿Ha ocurrido lo mismo con el pago del servicio de la deuda externa que Hipólito le dejó a Leonel en el 2004?

No, ha sido un lastre o fardo demasiado pesado: el pago del servicio de la deuda externa efectuado por los gobiernos de Leonel respecto de los préstamos externos recibidos por el gobierno de Hipólito, ha estado por encima del 60% en casi todo este trayecto del 2004 al 2011.

Otro aspecto a destacar es el asunto de la calificación de la deuda externa. En el gobierno de Hipólito la calificación de la deuda externa fue de muy mala, ubicándose en tres C. Esta calificación de la deuda externa dominicana significa en buen castellano que el país no tenía capacidad de pago o que era insolvente a mediano y largo plazo. Por eso el pesimismo, el pánico y la falta de confianza se apoderaron de los mercados financieros en el mundo, el crédito internacional se cerró y el país dejó de ser, ipso facto, sujeto de crédito internacional porque las expectativas de riesgo eran demasiado altas.

En otras palabras, los títulos de la deuda soberana del Estado dominicano dejaron de ser vendibles en los mercados de valores y de capitales del mundo.

Llegado a este punto quiero hacer una digresión oportuna y necesaria. Para poder colocar las emisiones de bonos soberanos que hizo el gobierno de Hipólito en los años 2001 y 2002, ese gobierno del PRD tuvo que valerse, apoyarse y afincarse en un informe de la gestión económica exitosa del gobierno de Leonel Fernández del 96 al 2000. Y aún así esos bonos soberanos se colocaron a tasas de interés por encima del 9% debido a que las expectativas de riesgo no dejaban de ser altas y preocupantes en ese gobierno de Hipólito desde que comenzó.

Pero en los gobiernos de Leonel Fernández del 2004 hasta ahora la calificación de la deuda externa ha sido de B más, por lo que el país es bien recibido en los mercados de valores y de capitales del mundo, colocando las emisiones de bonos soberanos a tasas de interés entre 7 y 6 por ciento, de las más bajas del mundo, debido a que las expectativas de riesgo son bajas. En síntesis, el crédito internacional está abierto porque la comunidad financiera mundial y los agentes económicos del resto del mundo tienen plena confianza en el desempeño de la economía dominicana y en el país.

¡Cuán diferente es la realidad financiera de hoy respecto de la deplorable, catastrófica y angustiosa realidad financiera del gobierno de Hipólito!

El porcentaje de la deuda externa del Estado dominicano respecto del PIB es de un 20.5%, lo que nos dice que está en un nivel totalmente adecuado y tolerable, lo que la hace totalmente manejable y administrable.

Mientras otros países, específicamente las naciones de la Unión Europea, tiene una descomunal y escalofriante crisis económica, desatada por el monstruo de la crisis de la deuda soberana de esas naciones, la República Dominicana está indemne, incólume e inmarcesible: no tiene crisis de deuda pública ni de deuda soberana.

Como se ve, Hipólito Mejía, los dirigentes del PRD y su Comisión Económica no tienen autoridad ni calidad moral para criticar nada, por lo que deberían meterse en el closet o colocarse debajo de la mesa y guardar silencio para siempre.

Sobre los países pende como eterno el problema de la deuda externa, porque ninguna nación puede sustraerse, ni debe sustraerse jamás -máxime las naciones subdesarrolladas- al uso del ahorro externo, pero éste debe ser usado siempre de manera productiva.