El factor confianza

Por Tito Pereyra martes 20 de marzo, 2012

“Les prometo un carro de policías en cada acera”

Marion Berry, ex alcalde de Washington D.C., encontrado fumando crack con una prostituta en un motel.

Existen muchos aspectos del proceso de campaña y ofertas para las elecciones de mayo que sólo alimentan un espectáculo que el pueblo disfruta. Con relación a los dos primeros corredores del certamen, en ambos se puede hacer una lectura fácil de sus posibilidades y comprender porque se han inflado las expectativas de un candidato que lo mínimo que puede desatar en las actuales circunstancias de las economías mundiales es el pánico.

El pueblo dominicano es uno con un sentido muy práctico en lo que a política se refiere. Es de ahí que su conducta se mantiene indecisa hasta casi la última parte de la campaña. Necesita fiscalizar hasta ver si el candidato es capaz de llevar un programa de gobierno, un plan, un proyecto a largo plazo para implementar programas sociales y productivos, describir situaciones como dónde colocar los agentes de cambios, garantizar la estabilidad monetaria y contar con los andamiajes para la creación de los empleos que sean necesarios para el crecimiento. Más aún, si ha acumulado experiencia provechosa y útil. Son los elementos que se han notado en la campaña de Danilo Medina. Ha seguido una cronología cuya seguridad y alto nivel de credibilidad radica en su autenticidad, en no tener que utilizar marañas de distorsión para que el elector vea la luz básica bajo el sol. Por el contrario, el candidato del P.R.D. se ha valido de una campaña llena de desinformación sobre los aportes que ha hecho el P.L.D. en los últimos ocho años. Esa estrategia de campaña suele colapsar poco antes de las elecciones ya que se sobreentiende que la distorsión oculta una grave falta propia. En el caso de Mejía, que ha evitado hasta usar su propio nombre para no llevar a las referencias de sus fracasos como conductor de los destinos de este país entre el 2000 y el 2004. Ha habido muchos inconvenientes en su candidatura. La primera es el descontento de un sector de su propio partido a raíz de los desastres que ocasionó y la falta de objetividad cuando insistió en ser el candidato que con una modificación al vapor de la constitución, cuando otros de sus compañeros estaban más que dispuestos a mejorar la imagen desastrosa que había quedado asumiendo la candidatura.

Lo mejor de todo esto es que hay una diferenciación sólida entre las dos candidaturas. Danilo Medina sólo ha tenido que presentar lo que con mucho tiempo y cuidado estudió y diseño para la siguiente etapa del peledeísmo, resaltando algunas que llevarán su marca en la historia exitosa de la transformación de la República Dominicana: la reducción de la pobreza, el aumento de las oportunidades de empleos para los jóvenes y moldear una sociedad más organizada, más solidaria y con menos niveles de frustraciones. En cambio el candidato Hipólito Mejía se debe conformar con ser Presidente sólo si logra superar el factor confianza con su pueblo. Esto sería como si los dominicanos nos montáramos en un crucero capitaneado por Francesco Schettino, el mismo del Costa Concordia, que naufragó en un océano de incompetencias humanas.

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