El final de los tiempos

Por Carlos Luis Baron sábado 22 de diciembre, 2012

El Calendario Maya puso a muchos a pensar detenidamente en un posible fin del mundo, pero como tantas otras veces, no ocurrieron una serie de catástrofes predichas por algunos cuyas mentes viven imaginando un final catastrófico para la humanidad.

Sin embargo, aunque físicamente no hayan ocurrido desastres en el planeta, soy de los que anhelo que haya un “fin del mundo” pero no en un sentido físico, sino en el aspecto abstracto, espiritual y humano.

Quisiera que se acabara el mundo de la injusticia social en que viven millones de seres humanos, aún cuando algunos países gastan billones de dólares en armamentos inservibles, y otros desperdician alimentos a granel.

Apreciaría mucho que terminara el mundo del egoísmo desmedido, en donde una persona sacrifica a miles y hasta a millones, en pro de sus apetencias personales.

Estaría satisfecho si se acabara el mundo de la corrupción, ya que este flagelo rebaja al ser humano, al considerársele una cosa que puede comprarse o venderse en el mercado como cualquier otro objeto.

Ciertamente que añoro el día final de los antivalores que corroen nuestra sociedad, como la irresponsabilidad, la delincuencia, la violencia intrafamiliar, la falta de capacidad de diálogo y otros flagelos, ojalá desaparecieran por siempre.

Dentro del maremágnum de emails e informaciones sobre el Calendario Maya, también hay algunas personas más positivas, las cuales han anunciado que el 21 de diciembre el mundo no se destruye, sino que inicia una época de gran trascendencia y auspiciosidad para la humanidad.

Sea o no cierto lo que afirman estas personas altruistas, prefiero inscribirme dentro de los que piensan que se inicia una era de paz, la cual se encuentra profetizada en la mayoría de los libros sagrados.

Quisiera pensar que se ha iniciado una era en la cual la mujer será respetada y valorada justamente.

Anhelo que en esta nueva edad la familia vuelva a tener un papel predominante en la construcción de una sociedad, en la que niños y jóvenes respeten el orden social y sean el germen de un mundo mejor.

Añoro que haya un nuevo tiempo en el que se respeten los recursos naturales, que Loma Miranda pueda ser visitada por mis nietos para que puedan bañarse en sus aguas, tal como yo lo hice cuando era un niño.

El fin del mundo no ha ocurrido, pero yo estaré esperando y trabajando para que termine el mundo de la ignorancia y sea sustituido por una nueva humanidad, fundamentada en valores, con la que los más optimistas soñamos.

Dr. Jaime Antonio Marizán,Director Ejecutivo del Consejo Regional de Desarrollo (CRD), Abogado, Economista y Experto en Planificación y Desarrollo, Email: crdnordeste@yahoo.es