El legado de los trinitarios

Por Carlos Luis Baron viernes 24 de febrero, 2012

Si cierto e insoslayable es que nos ha tocado nacer, convivir y desarrollarnos en una sociedad que desde hace mucho tiempo ha sido afectada por preocupantes niveles de descalabros en el orden moral e institucional, no podemos desmayar en los esfuerzos e iniciativas que debemos implementar en pro de la construcción de una mejor nación y sociedad, lo que nos obliga a todos los sectores sin excepción, a reencontrar el país con los principios que sustentaron los trinitarios, para poder enfrentar y erradicar exitosamente los males que nos estancan.

Este primordial objetivo que estamos obligados a alcanzar, llama al liderazgo emergente de la nación a constituirse en la principal fuerza moral y el instrumento esencial en el que debe soportarse tanto nuestro presente como nuestro futuro, debiendo en dicho rumbo, dotarse del genio creador que les permita la formación de talentos que faciliten cumplir con propuestas destinadas a lograr el bienestar integral, la paz y la justicia social que se merecen todos los dominicanos y las dominicanas.

En el referido sendero que nos conducirá con certeza a solidificarnos y reivindicarnos como nación libre e independiente, corresponde a los nuevos líderes proponerse obtener la preparación, los conceptos y las técnicas que nos quiten el nudo que nos ata al empirismo, la improvisación y la corrupción, debiendo procurar tener por norte y norma sagrada en su vida, la práctica de los valores morales y el amor por la patria en los que los trinitarios sustentaron la formación de nuestra República.

A tal efecto, el liderazgo emergente de la nación debe asumir como estandarte y piedra angular los principios trinitarios, para tener la convocatoria y el poder social que le permita inculcar a la población un sentimiento de confianza y de esperanza que vaya de la mano con el progreso común y la plena conquista de las transformaciones que ameritan nuestras familias y nuestra sociedad en sentido general.

La Patria es Espíritu, es un Ser Abstracto, la crea un valor. La Patria se funda en el bien común. En el bien se funda y en el bien se sostiene, así como en el mal se deshace. Cualquier acto de justicia, la fortalece, cualquier injusticia la debilita. La gloria la glorifica, la vergüenza, la avergüenza.

Los gobernantes están en la obligación de que la Patria esté siempre apegada a la justicia social, es decir que haya una justa distribución de las riquezas y que se aplique la ley de forma igualitaria para todos. Lo anterior fue una añoranza constante de los trinitarios y un reto para la generación presente.

Hay ciudadanos que no llegan a sentir en la Patria más que el afecto de la tierra, a sus gentes o el acomodo a sus alimentos o costumbres. Es necesario que gustemos y apreciemos la tierra, la gente, los productos, las costumbres de la Patria nuestra, pero hay que ir más allá. Cuando se ama en la Patria su significación espiritual, el patriotismo no es sólo una pasión, sino un deber, un mandamiento de los más elevados, porque en el amor al espíritu nacional amamos al Espíritu, que es Dios.

Llenemos pues de gloria y honor a nuestra nación como lo desearon nuestros trinitarios y como lo aspiramos la inmensa mayoría de los que formamos parte de nuestra República Dominicana, trazándonos mejores horizontes, y teniendo como únicas coordenadas la dignidad e integridad moral indoblegable que nos pide DIOS y la Patria para alcanzar la verdadera liberación y felicidad que todos los dominicanos y dominicanas urgimos y necesitamos.

El autor es abogado y politólogo