El libro premiado

Por Carlos Luis Baron martes 15 de mayo, 2012

Nueva York- En el interregno de mis andanzas vacacionales de verano en Santo Domingo, un nuevo amigo, me confesó que un miembro del Comité Central Peledeísta, lo obsequió con cincuenta mil pesos. Sólo que esta cantidad que, podría considerarse una friolera en estos momentos, fue depositada de manera furtiva entre las páginas de un libro, que le envío el célebre personaje. El amigo de reciente data, cuyo nombre no recuerdo; me reveló las incidencias de ese obsequio durante un encuentro en una legendaria cafetería de una céntrica arteria del casco urbano, en la capital dominicana. Pero esta historia, que tiene un epígrafe como de un cuento persa, tal vez tenga una enseñanza o lección, si así puede llamársele.

El individuo que me narró la historia del libro premiado, comentó que recibió la cantidad citada de parte de un amigo de adolescencia que, casi era pobre de solemnidad, y que hoy es uno de los aventajados estrategas de la candidatura presidencial de Danilo Medina.

Me contó que, ese amigo, alguna vez su circunvecino y compinche de travesuras lo obsequió con el libro y los cincuenta mil pesos, nada despreciables, son cincuenta veces mil, una cantidad apetecible para cualquier modesto empresario y el sueldo de por lo menos una docena de reclutas de la Policía Nacional; previamente había visitado su humilde hogar.

Me reveló que al inquirirle sobre de qué vivía; y decirle que tenía un pequeño negocio, y al comprobar que él vivía despejadamente; caminaba libremente las calles deSanto Domingo sin problema alguno, el dirigente peledeísta, todavía no se explica porqué motivo, presentó ciertos signos de tristezas y se les aguaron los ojos.

Me aseguró que su amigo estaba enfermo, y que eso tal vez lo hizo llorar y sentirse desgraciado e infeliz. En ese momento, le interrumpí, y le dije que quizás esa reacción no era por la eventual enfermedad, sino por el remordimiento que lo hacía sentirse como un ser despreciable y deshonesto al comprobar que él, su viejo amigo, sin emplear malas artes en política, ni tomar dinero del erario público; vivía felizmente, sin haber agraviado a sus conciudadanos.

En República Dominicana, el funcionario que nunca tuvo nada y le regala cincuenta mil pesos a un amigo, en estos momentos, pertenece a la corporación gubernamental que depreda los dineros públicos. Cualquier individuo de vida holgada puede regalar a un viejo amigo cien o doscientos pesos, pero, si se regala cincuenta mil, se debe a que se es-y esto no es una exageración-multimillonario y, ningún funcionario que se considere honesto, puede exhibir semejante bonanza.

En esta media isla, tal parece que se ha cambiado el criterio de cómo obtener dinero a manos llenas. Antes se decía que el que nacía pobre, sólo obtenía fortuna si la heredaba o se sacaba la lotería. Esas eran dos opciones; en la actualidad, para ser millonario, a estos dos factores, se une otro: ser funcionario, o ser miembro de la cúpula peledeísta.

Es decir, que en esta coyuntura histórica, las poses de decencia han involucionado. Hay la necesidad de una revolución cultural o tal vez algo más que eso, y rescatar nuestros prístinos modales de decencia y buenas costumbres.

El autor es periodista, directivo del CDP en Nueva York, donde reside