El líder y el sentido de la distancia

Por martes 8 de abril, 2008

El líder, por medio del ejercicio de la acción política, debe buscar, desde el punto de vista formal, varios objetivos. Entre esos objetivos éste debe de tener conciencia de que la influencia sobre la gente es una condición necesaria de todo líder. Debe participar del poder que da el puesto de mando político. El líder debe visualizar los vínculos que tiene la política con la historia. Debe por todos los medios de trascender lo cotidiano.

La carrera política puede brindar satisfacción al líder, ya que proporciona, en primer lugar un sentimiento de poder. Incluso en puestos modestos, desde el punto de vista formal, da al político la conciencia de influir sobre las personas, de participar del poder que se ejerce sobre ella y sobre todo le da el sentimiento de manejar, con sus manos, los hilos de acontecimientos históricamente importantes y que pueden trascender lo cotidiano.

Hay tres cualidades decisivas que deben adornar a un líder político: “Pasión, sentido de la responsabilidad y sentido de la distancia.”. En cuanto a la pasión con que el líder político debe abrazar su causa nos dice Max Weber en su libro “La Política como Profesión,” lo siguiente:”Pasión en el sentido de darle importancia a las cosas que realmente la tienen y una entrega apasionada a su causa. Este autor advierte que el líder político debe actuar con pasión, pero ésta no debe ser una mera pasión, ya que la pasión por si misma no convierte a una persona en político. En este aspecto se expresa de la manera siguiente:”Pues con la mera pasión, aun sintiéndola auténticamente, no basta por supuesto. La pasión no lo convierte a uno en político si ella como servicio a una causa no convierte la responsabilidad precisamente respecto de esa causa en la estrella que guié la acción (del líder) de manera determinante”.

La cualidad sicológica del líder juega un papel muy importante en el ejercicio de su liderazgo, Por eso a éste debe caracterizarlo el sentido de la distancia que debe mantener con las personas y con las cosas. Esta cualidad psicológica del líder es decisiva para el ejercicio de su liderazgo político, ya que éste necesita esa capacidad de dejar que la realidad actué sobre si misma y mientras eso ocurre este debe actuar con serenidad y recogimiento interior, es decir necesita de la distancia respecto de las personas y las cosas.

La falta de distancia del líder político con las personas y con las cosas es uno de los pecados capitales de cualquier político profesional. Esto lo podemos resumir de la manera siguiente: La falta de distancia, como tal, es uno de los pecados mortales del político y cuyo cultivo, por la joven generación de nuestros políticos intelectuales la va encadenando a la incapacidad política, pues el problema es precisamente éste: como conjugar en la misma persona la pasión ardiente y el frío sentido de la distancia. Podemos decir entonces que la política se hace con la cabeza, no con otra parte del cuerpo o del alma y sin embargo la entrega a la política sino queremos que sea un frívolo juego intelectual, sino una acción auténticamente humana, sólo puede nacer y alimentarse de la pasión.

Sólo habituándose al distanciamiento el líder político puede conseguir el seguimiento y sometimiento, a la vez, de otras personas a sus designios. Esto es lo que diferencia a un político experimentado y apasionado del simple político aficionado. La fuerza de una personalidad política (líder) significa antes que nada poseer estas cualidades. El líder político no debe confundir el distanciamiento de la gente con una actitud de vanidad personal frente a sus seguidores, frente a su organización y frente a la sociedad, ya que una actitud similar es un error que no debe cometer, porque ello debilita su liderazgo y puede llevarlo hasta desaparecer.

En su libro “La Política como Profesión”, el autor ante citado, al referirse a lo perjudicial que resulta la vanidad para un líder político lo expresa del modo siguiente” Por este motivo el político tiene que vencer en si mismo, día a día y hora a hora un enemigo muy trivial y demasiado humano, la vanidad, que es muy común y que es la enemiga mortal de toda entrega a una causa y de todo distanciamiento respecto a si mismo”*

Al enfocar lo negativo de la vanidad en el líder político este autor nos dice lo siguiente: “La vanidad es una característica extendida y talvez nadie esté libre de ella. En los círculos académicos e intelectuales es una especie de enfermedad profesional, pero en el intelectual es relativamente inocua, por muy antipática que se manifieste, en el sentido de que por regla general no afecta su actividad científica. En el político tiene otras consecuencias totalmente distintas. El político opera con la ambición del poder como un medio inevitable. El instinto de poder, como suele llamarse, pertenece de hecho a sus cualidades normales”*.

El auritor es Sociólogo, Abogado y Escritor. Estos temas son publicados del libro “Lideres y Liderazgos” de su autoría.