El liderazgo y los momentos que definen el futuro

Por Carlos Luis Baron jueves 30 de agosto, 2012

Santo Domingo. La razón principal por la que los pueblos de América Latina no han logrado mayores avances, es debido a que su liderazgo en el pasado no fue capaz de ponerse de acuerdo en los momentos en que las circunstancias lo requerían, para consensuar los cambios y hacer las reformas en la política y en la economía necesarias para dar un salto definitivo al desarrollo.

¿Ustedes se imaginan lo que fuera hoy la República Dominicana, en el sitial que estuviera colocada, si en los años 70 y 80 del siglo pasado, los caudillos ilustrados Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, hubieran dejado a un lado sus diferencias ideológicas y doctrinarias, y hubiesen concertado las reformas estructurales del Estado Democrático, hubiesen consensuado las reformas económicas, y al mismo tiempo, se hubiesen puesto de acuerdo en torno a la ruta de futuro que debía transitar la República Dominicana?

Empero, no era posible esperar un comportamiento en ese contexto de Balaguer, Bosch y Peña Gómez, ya que la cultura política del entonces era la de la oposición irracional. Quien dirigiera la Nación, sin importar nombre y siglas del partido que lo postulara, debía esperar que todas sus iniciativas fueran enfrentadas por la oposición.

En el post caudillismo ilustrado, la política ha dado un giro positivo en la República Dominicana. En términos de institucionalidad del Estado y de madurez de cultura democrática, en las últimas dos décadas se han logrado mayores avances que en el resto del proceso histórico.

Estos avances han sido posibles, sencillamente, porque el pueblo dominicano está siendo orientado por un liderazgo y por organizaciones políticas compromisarias de las reglas de juego del sistema democrático.

La cultura del diálogo y la concertación, proceso que cada día se fortalece aún más en el caso dominicano, traza las pautas de comportamiento del liderazgo político a nivel mundial.

En el ciclo histórico en que vivimos, la población a través de sus diversas entidades y agrupaciones humanas, exigen al liderazgo político que se pongan de acuerdo para afrontar los grandes retos y desafíos.

En las dos últimas décadas de la historia dominicana, el liderazgo del Partido de la Liberación Dominicana, es el que más ha contribuido a la consumación de la cultura del diálogo y la concertación, y esa actitud, ha colocado al PLD en ventajas frente a su principal adversario político, el Partido Revolucionario Dominicano.

La obra política más grande del liderazgo de la post Guerra Fría, en el caso dominicano, es la reforma integral de la Carta Magna, el 26 de enero del 2010.

La Constitución del 2010, en ciertas medidas, es una obra inconclusa, ya que es una norma para cinco décadas. De forma explícita e implícita, la norma sustantiva del Estado traza una ruta de futuro, define la República Dominicana que debemos construir dentro de las próximas décadas.

La Constitución consagra un Estado Social de Derecho que para hacerlo realidad, el liderazgo del presente y del futuro, deberán ir concertando en el proceso histórico las reformas tributarias y del régimen económico y financiero que sean necesarias, en procura de que el Estado disponga de los ingresos económicos para hacer posible el cumplimiento de dichos fines.

El orden constitucional vigente exige del liderazgo político de la Nación que siga actuando con madurez y que sea compromisario de la democracia. Los líderes de los partidos que no entiendan eso, como es el caso de Hipólito Mejía en el PRD, están compelidos a salir del escenario.

Los líderes políticos que se comporten de acuerdo a las exigencias del momento histórico en que vivimos, y que no se amilanen en lo más mínimo cuando sea necesario pactar y arribar a acuerdos en procura del bienestar y desarrollo colectivo del pueblo dominicano, serán los que alcanzarán la grandeza y la perpetuidad histórica.

El momento es para liderazgos que unan a sus organizaciones, que unan a su pueblo, que unan a la sociedad. Los liderazgos que unen son aquellos capaces de renunciar a sus egos personales para poner el interés colectivo por encima del beneficio, del privilegio y de la satisfacción particular.

Por consiguiente, el liderazgo del PLD deberá seguir dando ejemplos de madurez, armonía, compromiso con la consolidación de la democracia y con la construcción del mejor porvenir posible. No puede haber, ni motivos, ni razones que puedan ser tan grandes y tan importantes como estas causas, como para desunirlos.