El nuevo modelo de desarrollo

Por Carlos Luis Baron sábado 14 de julio, 2012

El Presidente dominicano Dr. Leonel Fernández Reyna, el 21 de junio del 2012, planteó en La Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible "Río + 20", la necesidad de un cambio de modelo de desarrollo que ponga a los seres humanos en capacidad de producir riqueza en un entorno de equidad, justicia, dignidad y una cultura de respeto y valoración del planeta Tierra. La noticia no encontró eco en la prensa internacional, si en los periódicos dominicanos, alcanzando titular de primera plana en algunos de ellos.

Expresó el mandatario, “la comunidad internacional debe adoptar políticas solidarias basadas en el concepto de "responsabilidad común, pero diferenciada" y que ellas serán la única forma de encontrar una solución a los desafíos del desarrollo.” A la vez que subrayó, que el mundo sufre de una gran crisis de liderazgo, matizada por las imposiciones de los grandes intereses del sector financiero global.

Debemos definir, que es un modelo de desarrollo, para la mejor comprensión del tema. Modelo, es un vocablo que proviene del italiano, modello, que hace referencia al arquetipo o punto de referencia para su imitación o reproducción.

La palabra desarrollo, consiste en acrecentar o incrementar a algo de orden físico, intelectual o moral. Si el concepto se aplica a una realidad humana, entonces, se refiere al progreso, económico, político y social.

Se ha tenido como una aspiración de los organismos internacionales, sobre todo la ONU el establecimiento de un Modelo Universal de Desarrollo que disminuya la asimetría social, económica y política de los pueblos del mundo.

El asunto estriba en que el desarrollo sostenido de los pueblos va de la mano con realidades concretas, que les son intrínsecas, y que tienen sus fundamentos en la complejidad sociológica propia de las razones históricas de las naciones. El problema es multifactorial y está en relación directa con la situación étnica, geográfica, política, económica, social, educativa e histórica.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ha establecido un índice de desarrollo, compuesto por parámetros como son larga vida y saludable, la educación y el nivel de vida de una existencia digna.

La elaboración de políticas públicas, conciencia de la clase gobernante, responsabilidad de la clase política, partidos políticos y sociedad civil, serán pilares fundamentales para que cada sociedad, pueblo alcance su nivel de desarrollo integral, en la que la inviolabilidad de la vida, el respecto a la dignidad humana, el derecho a la educación, a la salud y a un trabajo con salario justo, son elementos fundamentales que los gobernantes deben procurar para sus pueblos.

No sería ocioso, preguntarle al Presidente Fernández, quien tiene doce años al frente de la cosa pública en nuestro país, si se ha trabajado para crear la conciencia colectiva desde el estado, para lograr estas metas de carácter humano en la República Dominicana.

Los funcionarios públicos, Senadores, Diputados, Alcaldes, Concejales y los hombres del gabinete, tienen los niveles de conciencia suficiente para trabajar cada quien desde sus respectivas responsabilidades para el forjamiento de una sociedad fundamentada en los valores éticos, que sirvan de ejemplo a la ciudadanía, como apostolado de sacrificio para lograr las metas que en grandes líneas, su excelencia trazó en Río+20- La Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible?

Soy de los dominicanos, que por encima de la miseria de nuestro desarrollo político, basta con echar una ojeada al debate pre-electoral, electoral y post-electoral, me inscribo en el discurso esperanzador de que tenemos la necesidad de revisar nuestro plan de desarrollo nacional, separar como decía, François Mitterrand, el Grano de la Paja. Nuestra misión efímera en la tierra debe ser intentar que los dominicanos alcancen un estado de bienestar del cual han estado excluidos, y ahora en pleno siglo XX1, nos parece retroceder en terrenos ganados como pueblo, por ejemplo, es un hecho incontrovertible, hemos perdido calidad democrática, hemos perdido los niveles de seguridad ciudadana, tenemos un medioambiente más degradado, violencia familiar y contaminados los estamentos donde se construye el monumento de la democracia, por la voracidad del laborantismo político partidista, producto de la inexistencia de una ley de partidos políticos, elemento fundamental en cualquier sociedad moderna.