El opio de la “modernidad” que amenaza la existencia del pueblo dominicano

Por Carlos Luis Baron martes 10 de julio, 2012

Hoy, en las primeras horas de la mañana en Roma, que son las de la madrugada dominicana de cada día, leí unas de las tantas y sabias palabras suyas que regularmente ofrece para orientar las conciencias.

Esas palabras son uno de sus tantos mensajes justos, orientadores, eficaces en sus valoraciones.

Eminencia Reverendísima: en resumen, en un diario de la prensa matutina se le atribuye a Usted el asombro que muchos dominicanos han perdido ante tantos hechos violentos atroces y delincuenciales que se suceden y reproducen y que causan espanto en nuestra querida República Dominicana.

Se trata de crímenes de todo tipo y de todo género.

Gracias a Dios que Usted, Señor Cardenal, conserva la energía, la lucidez y la sensibilidad que otros han ido perdiendo o se niegan indiferentemente a utilizar para producir un cambio de conducta social eficaz ante tantos hechos que desgarran el alma y la misma racionalidad humana.

Es cierto que hechos como los que cada día presentan nuestros medios de comunicación los registran en otros lugares del planeta los instrumentos de la prensa internauta, si bien debemos advertir que estamos a tiempo para darnos cuenta de que las atrocidades que se registran en Santo Domingo reclaman un reenfoque.

Un reenfoque que nos lleve a buscar las causas eficientes del problema.

Un reenfoque del camino y los modelos de comportamiento extranjeros que hemos copiado o que nos han impuesto.

Una revaloración de los ejemplos de éxitos de conductas sociales impropias que también será necesario realizar.

Una búsqueda de Dios, a quien tendremos que encontrar.

Creo también firmemente -aunque parezcamos anticuados- que tendremos que rescatar muchos valores tradicionales pisoteados por la llamada “modernidad”, y la supuesta “post modernidad”, para superar el liberalismo permisivo que todo lo corroe y que está ahogando en la alineación deshumanizante a las grandes masas de la población dominicana.

Proponer esta conducta contracorriente que necesitamos es verdaderamente una osadía, pero Usted Eminencia Reverendísima ha demostrado que conservamos todavía coraje y valor tal como reflejan muy bien sus palabras.

El trabajo que hay por delante es inmenso. Requiere prudencia, paciencia y decisión sociopolítica para acabar con este verdadero opio de los pueblos disfrazado de falsos goces y placeres que conduce a la violencia y se está tragando la fama de bueno que antes caracterizó al Pueblo Dominicano.

Pero también necesitamos caridad, piedad, amor, por tantas víctimas de estos modelos ideológicos y “culturales” que nos atosigan.

La droga y la perversidad de los modelos conductuales de estos falsos nuevos tiempos de relativismo moral y libertinaje individualista son parte del conjunto de problemas que nos están llevando al abismo, y que en términos prácticos conducen al genocidio a buena parte del tejido social nuestro.

Otros pueblos, otras sociedades, están enfrentando el mismo peligro. Luchan con todos los medios civilizados posibles y superan escollos.

Gracias a Dios que en nuestra Patria podemos contar con personas como Usted, quien con su valor y entereza es una de las pocas voces que nos quedan con autoridad y peso moral y que nos permiten mantener las esperanzas de que podremos superar las amenazas y dificultades que agobian al Pueblo Dominicano.

Le deseo salud y muchos años más de vida para que entusiasme a tanta gente indiferente a incorporarse a la lucha para que rompamos las ataduras del nuevo opio que amenaza la existencia del Pueblo Dominicano y que nos mantienen sometidos a la esclavitud dentro de la llamada modernidad y la supuesta postmodernidad.

ROMA, 10 de Julio 2012