El País de Danilo

Por Carlos Luis Baron domingo 24 de junio, 2012

El panorama que actualmente proyecta la República Dominicana no pinta ser el más agradable.

Su correcta gobernabilidad induce, sin prejuicio, pesimismo y mucho menos derrotismo, a un espeluznante espanto.

Por eso, entre otras razones, apegado al realismo y contrario a lo que algunos podrían estar celebrando, no será fácil calzar los zapatos o llevar la chaqueta que le espera exhibir al licenciado Danilo Medina Sánchez, a partir del 16 Agosto venidero, cuando sea juramentado como presidente constitucional de la nación dominicana.

Y es que por más retórica y vueltas que se le den al bollo, lo cierto es, que estamos subsistiendo en un país en donde lo que más vale es precisamente lo que menos valor posee.

Un país con dos costosas y modernas líneas del Metro pero con un servicio de transporte urbano e interurbano cimentado en la chatarra, la inseguridad y la ineficiencia.

Un país privilegiado por la naturaleza en donde prevalece la carencia del estimulo imprescindible para la producción agropecuaria y de esa manera, junto a una garantía real de mercado justo, devolver las esperanzas al hombre del campo dominicano.

Un país donde no obstante vanagloriarnos con invertir sumas cuantiosas en la implementación de estruendosos planes y programas de seguridad ciudadana, la violencia, la delincuencia, el robo y el crimen se han convertido en el pan nuestro de cada día.

Un país capaz de pagar la energía eléctrica más cara de la bolita del mundo en donde sus ciudadanos están constantemente agredidos por persistentes y prolongados apagones, sin aparentemente existir una alternativa de solución, en lo inmediato, a tan acuciante problema.

Un país sin combustibles incapaz de poner freno a la imprudente y ostentosa importación de lujosos y modernísimos vehículos de motor de alto cilindraje en procura de saciar un ego fútil a costa de lacerar la economía nacional.

Un país saturado de reglas, normas y leyes no acatadas que permiten, sin el menor asombro, evocar que subsistimos en un régimen de iniciativas individuales en donde el "sálvese quien pueda" y el "haga lo que le venga en gana" tiende a justificar hasta lo injustificable.

Un país preñado de bancas de apuestas, loterías y puntos de drogas, tendentes a sustituir las escuelas, los templos religiosos, las academias y los centros para las prácticas deportivas, estimulados por la indiferencia estatal.

Un país donde vociferar en un caravaneo, a favor de un candidato presidencial, puede generar el milagro de la reproducción de los panes, alcanzando una posición gubernamental que luego permite vivir, exhibiendo ilimitadas ostentaciones, sin necesidad de volver a trabajar.

A ese país, lógicamente, con más implicaciones, tendrá que responder con acciones positivas el próximo mandatario dominicano, quien en el pasado torneo electoral se ha comprometido de cuerpo y alma a "corregir lo que está mal, continuar lo que está bien y hacer lo que nuca se ha hecho".

No se trata de una tarea fácil a no ser que prevalezca la falsa percepción de que, el pasado 20 de mayo, los votantes dominicanos eligieron un mago o una pitonisa para ocupar el solio presidencial.

No obstante, salpicados de optimismo y sin dejar de ser realistas, es posible que sustentado en la sensatez, sin exclusión pero con firmeza y sin importar algunos distanciamientos imprescindibles, el licenciado Danilo Medina Sánchez logre casarse con la gloria satisfaciendo las principales necesidades fundamentales de la sociedad dominicana que, interesada en ese propósito, lo privilegió al elegirlo su presidente.

Así se añora y de esa manera está llamado a ocurrir, sin evasivas ni oratorias huecas de contenido, pues para satisfacción de las mayorías de los dominicanos el mandatario escogido para dirigir el Estado, a partir de agosto cercano, ha sido categórico en afirmar que se ha preparado para ser presidente en los buenos y difíciles tiempos.

Asumiendo como oportuna y legítima esa brillante y optimista valoración, en nuestra condición de infeliz mortal y ciudadano itinerante, sólo nos reta recordarle al hoy presidente electo, por si de algo podría resultarle útil, que el escritor y poeta uruguayo, Mario Benedetti, ha sido sabio cuando, entre otras cosas resalta que, en la vida, "uno no siempre hace lo que quiere pero tampoco está obligado a hacer no lo que no quiere..".

Qué no se olvide..!! Tal vez sea necesario..!!

Sociólogo – Comunicador

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