El país del descontrol: República Dominicana

Por Carlos Luis Baron viernes 27 de julio, 2012

Aunque tantos prefieren aquí, el continuar tratando de “tapar el Sol con un dedo”, según reza un refrán popular, por beneficios propios y grupales; o, mantenerse al margen de todo lo que ocurre, para no sufrir por el país, y desesperarse, sin esperanza alguna, argumentando que “una sola golondrina no hace verano”, la verdad monda y lironda, calificativo que de ordinario se escucha en el léxico jurídico es que, en esta nación todo “anda manga por hombro”. ¡Negarlo, y no aceptarlo en lo personal, sería un gran engaño!

Para comprobar eso, sólo habría que reparar con un poco de atención, y reflexionar de manera imparcial, sobre una serie de cosas que se verifican en esta media isla, que a juicio de cualquier pensante medio, nada más señalan un norte: un descontrol total, con apatía casi por completo de las autoridades, caracterizado por una inconsciencia ciudadana alarmante.

Además, con el ingrediente adicional de una avaricia empresarial y comercial inconmensurable; la inoperancia de una gran parte de las instituciones oficiales; y, la proclividad cada vez más marcada hacia la politiquería comercializada, con el propósito obvio del enriquecimiento ilícito.

Producto de esas circunstancias combinadas, los desórdenes incontrolables andan por sus fueros entre nosotros. No hay área alguna en la que sus tentáculos no afloren por cualquier lado, y dirijan sus dardos ponzoñosos hacia la población en general, creando múltiples situaciones de desasosiego en el seno de ésta, como de inseguridades y engañifas a todos los niveles.

Por ejemplo, el caos del tráfico vehicular es una negra flor en crecimiento. Los servicios públicos con carácter de imprescindibilidad, como aquel de la ecuación indescifrable del gran negocio político-empresarial de la energía eléctrica, dentro del cual nada más se plantean alternativas, y la búsqueda de soluciones que favorezcan siempre a sus dueños, y a los protectores oficiales, destacándose con regularidad como las únicas panaceas consideradas, la concertación de préstamos con el exterior para saciar de recursos económicos el barril sin fondo que descarga su contenido casi total en los bolsillos de los altruistas generadores, muy bien representados por cierto desde la CDEEE, por un lado.

Y del otro, la fórmula mágica que se entiende satisfactoria también, muy a la mano, y que está constituida por los abusivos aumentos tarifarios correspondientes al ineficiente servicio que se oferta a la ciudadanía, considerados esos cobros los más altos en toda el área del Caribe, a juicio de personas muy autorizadas en la materia. Y eso, ¡con intenciones claras de continuar subiéndolos!

De otro lado, ni hablar de la falta de salubridad que respiran los dominicanos; como, de la escasez de asistencia médica fehaciente; y, la ausencia de equipos y medicamentos a nivel de los hospitales públicos. ¡Penoso eso!

El escenario que se tiene con la venta y la fijación del precio de los hidrocarburos, en términos de los engaños a la población, y de la especulación coyuntural de que es objeto la misma cada semana, luce abusivo y lacerante cada vez, por lo que ya raya en lo burlesco, con una marcada indefensión para ésa,

Sólo hay que ver la problemática que ahora han creado los “gaseros” (Asodigas), por el simple hecho de que ellos no quieren cumplir, porque el parecer no les conviene, con lo estipulado en la ley 520-72, y su reglamento, en lo relativo a que “la venta de gas se haga pesada”, alegándose la obsolescencia de esa normativa vigente, mandato legal que, como debe ser, ha venido siendo defendido por la señora directora de Pro Consumidor, Altagracia Paulino, enfrentando con valentía a esos “jureles”.

Dijo la respetable dama, “Yo no me voy a salir de ahí, y puede venir el Papa”. (Véase periódico “Diario Libre”, del 26-7-12, página 04),

Resulta muy claro entender que, sólo a los usuarios es a quienes beneficia esa disposición, ya que a través de conjugar el peso previo del tanque, con el carburante servido luego, es la forma más efectiva para que los mismos puedan comprobar que no se les está engañando.

El caso de los vehículos, se debe manejar a parte del concerniente al gas para cocinar, por la instalación fija de los recipientes en ésos. Pero, no es que se dificulte tanto el establecer efectivos controles también, en defensa de los obreros del volante, y de todos aquellos que no puedan comprar las gasolinas por sus altos costos en el mercado.

El rosario no se acaba ahí, por supuesto, sino que continúa. Y, en adición al problema del gas, ahora tenemos otro asunto, de mayor trascendencia probablemente, por los efectos secundarios a derivar, con un blanco directo: el deterioro inminente de la salud de la población.

Según las reseñas de prensa que han estado apareciendo en los medios locales de comunicación durante los últimos días, Pro Consumidor ha vuelto de nuevo a estar sobre el tapete, ahora denunciando la desastrosa calidad de los salamis que se producen y se expenden en este país, para consumo de la indefensa población.

Uno de los periódico incluye en su editorial, “En el más reciente episodio, la directora de Pro Consumidor informó los resultados de un estudio realizado a salamis que se venden a los consumidores. El resultado fue desastroso: el 97% no cumple con las normas nutricionales y el 15% tiene la presencia de coliformes fecales”. ¡Vaya perla! (Véase periódico “El Día”, del 26-7-12).

También se refirió al tema el destacado médico endocrinólogo Félix Manuel Escaño, quien a raíz de la denuncia hecha por Pro Consumidor dijo que, “la ingesta de salamis y otros comestibles con altos porcentajes de nitritos y nitratos de sodio – que en adición se detectó en exceso – puede derivar en la formación de enfermedades asociadas con el cáncer”. ¡Habló la ciencia!

Sin embargo, a todo eso dijo el señor Director General de Normas y Regulaciones (Digenor): “que no puede proceder contra las empresas y marcas de salamis que contienen sustancias dañinas porque el estudio realizado por Pro Consumidor está caducado y no revela el nombre de las fábricas que venden embutidos de mala calidad”. (Véase: periódico “El Día”, del 26-7-12, página 4).

Parece ser, que el tiempo transcurrido induce a esos fabricantes desaprensivos, a autoreconsiderar la falta de pureza en sus productos. Y que, los nombres de las fábricas que mal hayan procedido en el orden de lo que se trata, que de seguro continúan vendiendo esas mercancías, que van en contra de la salud del pueblo, no se pueden averiguar. Están fuera del Universo perceptible; son inalcanzables desde aquí.

Conjuntamente con eso, expresó aquel señor, “que el procedimiento incluye el tomar las muestras que se van a analizar en presencia de la empresa fabricante y guardar los ejemplares intactos para mantenerlos como prueba. Y que, las muestras del estudio de Pro Consumidor fueron tomadas en colmados y negocios”. En los lugares más confiables diríamos nosotros, por la independencia, y el carácter sorpresivo de la acción investigadora.

Y agregó que, “tampoco existe un reglamento específico para el mercado de los embutidos, pero que ya tienen uno en proceso de aprobación; que, cuando se apruebe se iniciará la supervisión”. (Periódico citado).

Según una información posterior, aparecida en los medios del 27-7-12, ya fue aprobado de urgencia, por parte de la Comisión Nacional de Normas del Ministerio de Industria y Comercio, “un reglamento para regular el etiquetado de los embutidos del país, lo cual servirá de base para mantener un control estricto de la calidad de esos productos de consumo masivo”. Claro, ante el escándalo suscitado, había que proceder de inmediato. (Ver: periódico: el Caribe, página 4).

¿Cuántos años faltarán, para que en lo adelante, ese instrumento entre en plena vigencia, con la supervisión requerida llevada a efecto?; Y, ¿qué cantidad de personas se habrá enfermado para entonces, producto de esa falta de control de calidad en la especie, y de un evidente descuido oficial?

Como de “magnífica” se podría calificar la presente salida justificativa de ese funcionario”, director de Digenor, ante un asunto de tanta peligrosidad para la gente, con opiniones de mucha significación en sus manos, incluso de carácter médico.

Esa sería, lo que se puede llamar en buen dominicano, sacarle el cuerpo a un problema de su competencia, por más excusas que se quieran argüir. ¡Nada puede estar por encima de la salud de un pueblo, cuando corre algún riesgo!

Pero además, ¿y la Secretaría de Estado de Salud Pública, como tal, qué ha dicho sobre ese gran problema?, que haya trascendido, obviamente, hasta los medios de comunicación. ¿Qué medidas pertinentes, o de investigación, se han dispuesto con relación al tema? ¡Tarea!

El caso de la falta de calidad y de pureza en los salamis que aquí se producen y se venden al público, como la dejadez de las autoridades competentes en ese orden, viene a completar el panorama de la especulación de los pollos, también cargados de hormonas y antibióticos, según los que saben, en torno al precio y su consumo, que hasta los legisladores de la República han tenido que tomar cartas en el asunto, tratando de concienciar a los productores, e intermediarios comerciales de la carne blanca, por su alto consumo a nivel de la población, con lo que parece ser, que muy poco o nada, se ha logrado obtener.

Como se puede ver, muy grande es la cadena de desenfrenos e irrespetos, especulativos y dañinos, que se verifican en este país, que no excluyen ni siquiera algo tan delicado como los alimentos que consume la población, en términos de calidad y pureza alimentaria .

Aquí nadie sabe cuál debería ser precio real de los bienes y servicios que se consumen. Ni mucho menos, los contenidos de los productos que se compran para la canasta alimenticia familiar. Todo eso se deja a discreción de los agiotistas productores y comerciantes. Nada corre por cuenta de los organismos oficiales a que corresponde.

En la República Dominicana, lamentablemente, las únicas actitudes que mueven con rapidez meteórica, son las relativas a las apetencias políticas, y a las avaricias personales y grupales obvias. ¿Mentalidad?, el alcanzar altos puestos públicos para ir a servirse de ellos, no a servir al pueblo. ¡Lo demás poco importa!

¿Hasta cuándo continuará siendo así?

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