El país no tiene una política deportiva

Por Carlos Luis Baron jueves 5 de enero, 2012

En las sociedades modernas, los ciudadanos se hacen partícipes de las verdaderas prioridades del Deporte Nacional, como garantía, de que se legisle para que se inviertan los recursos del Estado eficientemente. En esta patria de Duarte, tenemos la impresión, de que los recursos que se usan en ese barril sin fondo, no proceden de los impuestos de los dominicanos. Increíblemente, no tenemos una LEY DE DEPORTES, que garantice transparencia y pulcritud en el uso de los recursos del Estado.

Sencillamente, no existe una política deportiva. La Miderec, como Ministerio de deportes, actúa como un Estado dentro de otro Estado. El ministro de deportes, el Lic Felipe Payano, tiene su propia agenda de trabajo y él mismo establece las prioridades del deporte nacional, amparado en la falta de una ley de deportes que establezca las reglas de juego y en un Comité Olímpico dominicano complaciente, cuya única preocupación, es que le den garantías de un buen presupuesto.

El ministro de deportes ha manejado más de 14,000 millones, el comité olímpico dominicano y nuestras federaciones deportivas han usado miles de millones de pesos provenientes de nuestros impuestos y todavía no se conoce una auditoría seria, que lleve tranquilidad a los dominicanos, en el sentido de que esos recursos se están usando pulcramente. Pues, sencillamente, la ley de deportes está en un limbo y parece que a todos, excepto a los de abajo, les conviene tener las manos sueltas, para gastar sin ningún control.

El ministro de deportes, Felipe Payano, por instinto o por asesoría, ha sabido manipular una parte de la opinión pública nacional, vendiendo como logros de su gestión, la obtención de medallas en competencias internacionales, obviando adrede, que el deporte en sentido amplio de la palabra, es mucho más que éso.

La nación, debe contar con una política deportiva que motive políticas públicas que impacten en los mejores niveles de vida, en la salud ambiental, en la educación, en la preparación de los técnicos, en buenas infraestructuras, pero sobre todo, en una planificación a largo plazo que descarte toda improvización y que contemple una continuidad de Estado.

Prometo a mis lectores, seguir en el tema.

El autor es politólogo