El País que queremos

Por Carlos Luis Baron lunes 24 de septiembre, 2012

El país que queremos, sin lugar a dudas debe estar enmarcado en un mundo lleno de satisfacciones, y de sueños por realizar, en donde las injusticias en todo el sentido de la palabra, no tengan cabida, ni espacio.

El país que queremos, ha de estar pleno de libertades y respeto, en donde el hombre transite confiado, seguro , e inspirado por las reales condiciones y oportunidades que les ofrece el medio en que se desenvuelve, garantizándole, que la inversión de sus esfuerzos y sacrificios serán compensados con la consecución de sus proyectos y propósitos de vida.

El país que queremos, de momento luce distante e inalcanzable, pero en ningún modo, por difícil que nos parezca, es una misión imposible, puesto que contamos con los recursos humanos y naturales para ir derribando obstáculos y barreras, tan solo necesitamos despojarnos del yoismo y del individualismo de clase, para dar paso, a un objetivo común que tenga como norte el bienestar de todos.

El país que queremos, necesariamente, debe contar con la buena y decidida voluntad, primero, de quienes nos dirigen, y tienen control de la cosa publica, puesto que de su buen ejercicio y manejo, dependerá el avance o retroceso por el que se enrumbe la nación. Pero de igual modo, requiere de una oposición política juiciosa, pensante, constructiva, sabia, con propuestas de soluciones y bienestar, y que no entienda como su único y expreso papel, la negación de toda buena iniciada bajo la premisa del beneficio o no que pudiera generar a favor de los gobernantes de turno.

El país que queremos, precisa de una clase empresarial e industrial, con mayor vocación de servicio y de una participación mas activa y sincera en la solución de los problemas nacionales y que no solo sustente todo su accionar, en ensanchar cada día mas sus niveles de riquezas y ganancias , sin que una mínima parte de estos beneficios se reflejen en uno que otro planes de carácter social o educativo, para aquellos cuya existencia rinde honor a la pobreza y el desamparo .

El país que queremos, requiere que la iglesia católica y las llamadas protestantes sean instituciones verdaderamente fuertes y robustas para que afincadas en los principios cristianos, centren todas sus energías e influencias procurando elevar la confraternidad y el amor que debe primar entre los seres humanos, con mensajes que reflejen la divinidad de JESUSCRISTO, a fin de llenar ese gran vacio que se evidencia en los altos niveles de violencia que nos arropan y todo el desenfreno que muestra el hombre de hoy, convirtiendo su vida en un laberinto sin salidas , en donde los vicios y la corrupción son sus principales aliados.

El país que queremos, urge de ciudadanos profesionales y no profesionales, de hombres y mujeres de todas las clases sociales, ricos y pobres, del pueblo y del campo , negros y blancos, gobernantes y gobernados que sientan que son partes integras e importantes de un todo, de la Nación, de la Patria, a los que se nos eriza la piel al escuchar nuestro Himno y ver ondear la Bandera Tricolor centrada por su escudo que reza, Dios, Patria y Libertad. REPUBLICA DOMINICANA.