El periodismo: la prostituta distinguida del poder

Por Carlos Luis Baron viernes 10 de febrero, 2012

Desde que nacieran en la Alemania prenazi las primeras teorías marxistas de comunicación, la relación entre comunicación y poder político es intrínseca. La escuela de comunicación Marxista sostiene que sólo pueden usurpar la función de los mass medias aquellos que tienen el poder político y económico, al usarlo como un instrumento para perpetuar el poder y elaborar un mensaje al servicio de esos sectores.

Esta disfunción termina desvirtuando la comunicación como estructura de información y haciendo de la misma un sistema poco confiable, que deviene en realidad manipulada y falta de veracidad. En la actualidad esa realidad es más evidente. Vivimos en un país comunicacionalmente marxificado por figuras de opinión, producto de medios empapados por este modelo. La masificación del acceso a la información ha hecho evolucionar la forma por la cual se distribuye la misma (Internet, móviles inteligentes, periódicos digitales). En la sociedad moderna lo novedoso y noticioso está determinado por un ávido sentido de la inmediatez en las informaciones, fruto de la incidencia y desarrollo de los soportes tecnológicos.

Todos queremos y creemos estar informados. Pero mucho ha variado el aspecto de la comunicación referente a su naturaleza de “informar” fuera del enfoque marxista y el aspecto del prestigio que infiere a los que hacen de la información su carrera y su mercancía. Los entes generadores de opinión -entiéndase medios, comunicadores- han dejado de lado su otrora función primigenia de representantes de un mensaje masivo, una defensa de la mayoría, para erigirse en una nueva clase que ha redefinido el paradigma marxista de comunicación. Ha surgido una clase de comunicadores moldeados y tallados a imagen y semejanza de los sectores que representan.

Sectores oligárquicos que forjan un mensaje alienante, conformista y demagogo para colgarlos de estos prestigiosos títeres públicos. El periodismo, las comunicaciones y los mass medias han pasado a ser rameras, cortesanas, prostitutas distinguidas de suntuosos vestidos, pero de vulgares maneras al servicio de élites políticas y económicas, alejando a la clase de su misión y su naturaleza y condenándola al parcialismo, a lo insustancial, a un mensaje vacío, sectorizado y con falta de credibilidad.

Y es esta prostitución de las bases de la comunicación y el manejo de la mercancía informativa lo que nos ha sepultado bajo el tedio de la tradición de un periodismo insalubre, que le impide al receptor un real conocimiento de su realidad y la asimilación del mensaje para su beneficio. Esto impide generar elementos cognitivos críticos que inserten al sujeto en los procesos sociales para cambiar su realidad.

Estos procesos comunicacionales, que castran por lo tóxico y pernicioso de su objetivo, inducen a la pasividad y el sedentarismo mental de las masas.