El PPH quiere desacreditar las encuestas

Por Carlos Luis Baron martes 14 de febrero, 2012

La necesidad de conocer el pensamiento de nuestros congéneres tiene una larga historia, pero las metodologías que garantizan los resultados de las encuestas de opinión son producto de estudios sociológicos relativamente recientes. En las últimas décadas, los parámetros que regulan los desarrollos técnicos, sistemáticos y operativos de esta clase de investigaciones se fueron integrando en sofwares estadísticos que procesan los datos recogidos en el campo de opinión o mercado respectivo. Los resultados nunca son absolutamente seguros, siempre tendrán un margen de error cuyo entorno será mayor o menor, según el tamaño de la muestra recogida respecto al universo que se pretende evaluar. Para que los resultados sean confiables es imprescindible la estricta aplicación del rigor empírico.

Durante los periodos pre-electorales las investigaciones de mercado aparecen como un nicho de oportunidad de negocios para mucha gente, que en algunos casos tienen conocimientos, en otros muy pocos y en el resto una inescrupulosidad irritante.

Estos individuos, bajo la forma de “empresa”, tienen como único objetivo ganarse algunos pesos, gastando muy poco, sin respetar técnicas, dimensión de muestras, responsabilidad profesional, y mucho menos ética.

Estos improvisados bastardean las investigaciones, poniendo en riesgo la credibilidad de los que con aplicación profesional trabajan, estudian y se actualizan permanentemente.

Hay otro sector de encuestadores militantes que, conociendo bien el oficio pero carentes de ética, desde un pretendido “profesionalismo” también aportan a la confusión general. Saben perfectamente las técnicas y cuidados profesionales que sólo aplicarán si le son útiles.

Es así como sus clientes salen ganadores en la intención de voto de sus encuestas aunque los sondeos serios e imparciales den resultados opuestos.

Son los que proveen informaciones parcializadas, e inclusive, los que se ocupan de armar importantes aparatos de difusión para coadyuvar con falsos datos a los objetivos de campaña de su cliente.

Estas incursiones irresponsables han producido un descrédito bastante elevado de las encuestas, al punto que la gente casi no cree lo que dicen los resultados de esta importante herramienta de trabajo sobre temas tan serios, como la elección de un presidente.

Es lamentable que un instrumento tan poderoso como la encuesta se use sin el debido criterio profesional. Pero la gente no es tonta como muchos creen y siempre sabrá distinguir que cuanto más profesional sea la encuestadora, menos errores tendrá.

Desesperados por los resultados que arrojan las verdaderas investigaciones, el PPH, Hipólito Mejía y sus asesores han acudido a personeros en vez de empresas de prestigio para que se presten a su juego de confundir a la población tergiversando lo que todos saben va ocurrir el próximo 20 de mayo.

La disparidad en los resultados que dio a conocer Bendinxen puede compararse con lo que antes predijo en caso de la Convención del PRD cuando afirmo que Luis Abinader ganaría y no pasó de un 6%.

También pasó en las Congresuales Federales del 2008 en La Florida, donde predijo un empate técnico entre el candidato demócrata Raúl Martínez y el Republicano Lincoln Díaz Balar, cuando éste sacó 61% y Raúl un 39%. O el caso Perú, donde vaticinó que Alejandro Toledo ganaría las elecciones y quedó en segundo lugar bajando a un 15%.

Cabe concluir que con las falsas encuestas subestiman la inteligencia del pueblo y procuran revertir lo irreversible: la quinta derrota consecutiva que les proporcionará el PLD.