El PRD perdió

Por Carlos Luis Baron domingo 10 de junio, 2012

Cuando se juega a la confusión, es muy bueno tener un público ingenuo a quien confundir; existe una claque de dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano, que entienden que mientras tengan a las masas perredeístas presas y confundidas seguirán ejerciendo sus interesadas influencias, y que estas (las masas) no deben despertar a la realidad por dura que esta sea.

El PRD perdió, y el primero en reconocerlo fue el Embajador norteamericano cuando la noche del 20 de mayo pasado valorizó como muy bueno el trabajo de la Junta Central Electoral y como altamente civilizado el comportamiento del pueblo dominicano; esa declaración debió servir de eco al candidato perdedor de la contienda y así liberar de tensiones a su pueblo, disuadir los aviesos rumores de su corte y enjuagar las lagrimas amargas de su gente; pero no, las grandes almas no se compran en boticas; su templado es el fruto del fragor de la lucha en los tiempos descarnados en el corazón de los pueblos que amamos.

Sin hacer lo propio de un caballero, Hipólito Mejía olvidó la grandiosa actitud de su adversario cuando en el mayo del 2000, si él merecerlo, porque legalmente no alcanzó el porcentaje indicado, el hoy Presidente electo se adelantó y con su discurso de reconocimiento de una derrota, le otorgó a Mejía una victoria que no alcanzó; pero de esta manera liberó a nuestro pueblo de los sinsabores de un tiempo crítico en la extensión de una campaña inútil para todos.

Sin la grandeza de reconocer su fracaso, Hipólito traslada sus dislates al escenario interno de un partido que por sus nobles orígenes debería ser digno de mejor suerte. El Hipólito que ha sumido al PRD y más de una vez al país en vergonzosos trances, no puede ser su dueño; ese partido pertenece a nuestros septuagenarios que admiraron sus glorias y que incubaron en sus luchas sus encanecidos sueños; pertenece también a una parte de las masas irredentas de excluidos que no han sido rescatados de su ignorancia, y para quienes el haber parpado la incapacidad del PRD al frente del gobierno por tres veces consecutivas, no ha significado nada.

Autodestruir el Partido Revolucionario Dominicano no es una solución; esa fuerza opositora debe mantenerse como soporte al equilibrio democrático; su desentono y problemas disciplinarios deben permanecer en ambiente político dominicano, como ejemplo de lo que jamás debemos hacer; el pueblo dominicano acaba de demostrar que se deja dañar si quiere, y su palabra es definitiva.