El sexo y las parejas en la tercera edad

Por Carlos Luis Baron martes 12 de junio, 2012

Hay un refrán que reza: “El corazón del ñame, solo lo conoce el cuchillo”. Ello, a propósito de una creencia muy arraigada en nuestra cultura, la cual pudiera ser causante de estorbos en la unión de parejas cuyas edades, ya sea la de él, la de ella o las de ambos, se adentran a los cincuentas, por no decir los sesentas. Entorno a este estado de la madurez fisiológica del individuo suelen tomar cuerpo ciertos tabúes que, pese a lo avanzado de la medicina, hasta a los científicos de la conducta cuesta trabajo desmontar. Uno de ellos es relacionado con la menopausia y la andropausia.

Dichos avances del conocimiento en materia de la salud, sus consejos, tienden a hacer posible la prolongación cualitativa y cuantitativa de la vida, y con ello una de las funciones más estimulantes en lo sicológico y lo fisiológico, como son las relaciones sexuales. Esta función biológica, de rigor entre las parejas, sólo puede ser limitada por la intención y el ambiente de los individuos. Intención, en cuanto al apetito sexual; ambiente, en la posibilidad que la pareja pueda concretizar ese deseo que necesariamente no tiene que pasar a un segundo plano, de sus vidas, con los años.

A estas edades muchas parejas se disuelven por causas que podríamos denominar de “caprichosas”, que no por el desamor, sino por la ausencia consciente del erotismo. Si bien ciertos achaques de la salud suelen aflorar con mayor frecuencia por estas épocas de la vida, no en su generalidad suelen afectar el apetito sexual. Pero ahí están los ojos, los oídos y los mitos que aun suelen aportar ventajosamente en la interpretación de lo que pudiera estar pasando en el organismo ajeno. Porque en alguna parte alguien leyó, alguna vez, que con los años disminuyen los lívidos, y ese el problema de su pareja (¡!).

Las auto conjeturas de etiquetar como falta de deseo sexual cualquier cambio en el comportamiento de la pareja, ausente de diálogos desinhibidos y consultas profesionales a expertos, tiende a desenfocar un ambiente que pudiera ser el más extraordinario, fructífero y satisfactorio debido a la experiencia y conocimientos acumulados y compartidos por años. Y, más aun, ese sentimiento de amor que permite una entrega sin igual, y tiende a aporta al mejor momento de intimidad cuando los hijos se han independizado y las parejas más bien pudieran exclamar un ¡Solos, al fin!

En nuestras sociedades predominan las parejas en las que el hombre es mayor de edad que la mujer. Sin embargo, cuando el primero se adentra a la tercera edad, la diferencia no suele resaltar tan notoria por cuanto aquello de haber compartido en todos los escenarios; principalmente en la disposición de fundar familia, buscar cierta estabilidad económica, enfrentar los mismos retos, disfrutar de los buenos tiempos… y, sobre todo, buscar en cada ocasión esos mejores momentos de intimidad tan indispensables para recibir el relajamiento que tiende a renovar los ánimos para enfrentar un nuevo día.