El tránsito

Por Carlos Luis Baron lunes 17 de diciembre, 2012

Las propuestas para el reordenamiento del tránsito en Santo Domingo y otros puntos del país, me parecen quiméricas y muy alejadas de la realidad.

Se quiere pecar en ese programa de realistas, cuando en verdad se oculta la cara a la ralidad. El país no necesita más leyes de tránsito, sino que se cumplan las actuales.

Hay indiferencias de las autoridades e irresponsabilidades de los ciudadanos en torno a las violaciones del tránsito, que se traducen en accidentes, heridos y muertos. Si se comenzara por aplicar los reglamentos y leyes que regulan el sistma del transporte público y privado en la República Dominicana, no habría mayores problemas.

Al ciudadano hay que enseñarle, y obligarlo, a que respete las leyes de tránsito, comenzando por no violar las luces de los semáforos. En verdad constituye un crimen que cualquier conductor viole el control automático del tránsito.

Los agentes encargados de velar por el buen manejo, aplican las sanciones en forma antojadiza, y pareciere que en ocasiones se doblan ante la protesta de un ciudadano o de una turba, que viola la ley, y reclama que no se le multe.

Pero el castigo no puede ser medalaganario, como hacen muchos agentes, sino a rajatabla, por igual, a todo el que viole un semáforo o incurra en cualquier otra irregularidad. Los primeros violadores del tránsito son los choferes de carros y guaguas públicas. Las autoridades son complacientes con éstos, al parecer por temor de molestar a los dirigentes choferiles.

Hay que regularizar las rutas de carros y de guaguas, prohíbir los excesos de pasajeros; obligar a los conductores a detenerse a tomar o desmontar pasajeros únicamente en las paradas; uniformar a los choferes y cobradores, y sobre todo darle un cursillo de moral y cívica y buenas costumbres.

Todo está escrito. No se necesita ni una ley más, ni una reunión más, sólo aplicar los reglamentos. Me río cuando escucho que viene una transformación total del tránsito, porque no es problema de voluntad, sino de utilizar la muñeca.

Los choferes de carros y guaguas tienen que ser jalados por las greñas y hacerles comprender que tienen que respetar las leyes. No puede haber chantaje de dirigentes sindicales, que amenazan con protestas callejeras cuando se les llama al orden. Más leyes y reglamentos para ordenar el tránsito, no, no son necesarios, lo que tiene que haber es orden y aplicación de lo que ya está escrito.