Elecciones crean incertidumbre económica en América Latina

Por domingo 25 de septiembre, 2005

Washington, (EFE).- Las diez elecciones presidenciales que se celebrarán en América Latina hasta 2006 han creado incertidumbre sobre el rumbo económico de la región, según se ha destacado este fin de semana en la Asamblea Anual del FMI y el Banco Mundial.

Los organismos internacionales están encantados con las condiciones económicas de América Latina por ahora y lejos están los sudores de la crisis brasileña de 1999 o la argentina dos años después.

América Latina crecerá un 4,1 por ciento este año -un ritmo superior al de su media de los 90-, su inflación está controlada y la deuda está cayendo, según ha recalcado el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el análisis preparado para la Asamblea Anual, que concluye hoy.

Pero los inversores y especuladores, que hacen sus fortunas apostando sobre el futuro, tienen muy en mente la posibilidad de que los nuevos gobiernos que emerjan de las elecciones den al traste con lo conseguido.

La empresa de calificación Fitch destacó en un informe divulgado hoy en una rueda de prensa en Washington que los comicios introducen "incertidumbre" sobre "el curso de la política a medio plazo".

En noviembre de este año habrá elecciones presidenciales en Honduras y en diciembre en Chile y Bolivia, mientras que en 2006 le seguirán Costa Rica, Perú, Colombia, México, Nicaragua, Brasil y Venezuela.

"El resultado de los comicios es una incógnita y no es raro que se presenten a las elecciones candidatos desconocidos", señala Fitch.

Por de pronto, la cercanía de la consulta popular agudizará la parálisis actual de las reformas económicas y hace "menos probable" que haya avances en la región hasta entonces, según la empresa.

Sin embargo, Fitch, que evalúa la calidad del crédito de naciones y bancos, pronostica que los ganadores de las elecciones mantendrán las políticas de estabilidad macroeconómica en América Latina.

Aún así, la empresa también alerta de que continúa "fuerte" la tentación de las "soluciones rápidas" a la pobreza y la desigualdad ofrecidas por los discursos populistas.

Para apoyar esa opinión destaca que una encuesta realizada en 2002 indicó que más de dos tercios de los latinoamericanos apoyarían un régimen autoritario que solucionase los problemas económicos de la región, un porcentaje que Fitch califica como "perturbador".

Como a esta empresa, al FMI también le preocupa el resultado de los comicios. El organismo considera la "abarrotada" agenda de elecciones en la región como una "fuente de riesgo", pues entraña una "incertidumbre política creciente", según destacó en su informe "Perspectivas Económicas Mundiales", publicado esta semana.

No obstante, el director del departamento de América Latina del Fondo, Anoop Singh, ha querido disipar miedos.

"Una cosa es tener elecciones o que haya incertidumbre política en medio de inestabilidad macroeconómica y otra bastante distinta es hacerlo con estabilidad macroeconómica", como la actual, dijo Singh.

Lo que es más, el funcionario recalcó que las elecciones "permitirán a los gobiernos lograr mandatos más amplios y fortalecidos para llevar a cabo las reformas necesarias".

Pero en eso no está muy de acuerdo Fitch, que predice que de las elecciones no saldrán gobiernos con programas de reforma económica muy ambiciosos.

Roger Scher, director de calificación soberana en América Latina de Fitch, predijo que "el avance gradual en las reformas estructurales de segunda generación probablemente será el orden del día".

Esas reformas "de segunda generación" incluyen la mejora de las instituciones y el sistema judicial, así como la reducción de la burocracia y la simplificación del marco normativo, según los expertos.

Por países, Fitch apuesta por una victoria del PSDB o del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en octubre de 2006 en Brasil.

No obstante, dice que la posibilidad de que gane un candidato que rompa con la política actual, como Anthony Garotinho, del PMDB, "ha aumentado dadas las investigaciones de corrupción".

En México Fitch no hace predicciones, aunque avisa de que si el nuevo gobierno logra una mayoría en julio que le permita reformar los sistemas tributario y energético, podría elevar la calificación de la deuda del país.