Elecciones violentas

Por Carlos Luis Baron lunes 5 de marzo, 2012

En la época de la montonera, las elecciones terminaban a tiros, con urnas quemadas, hombres ahorcados y la tea incendiaria.

Era una etapa en que un hombre de pantalones se comproba unas yardas de tela de macario, se hacía un uniforme y se proclamaba general. Sobre eso, surgió Trujillo y un partido único, que conculcó la vida pública nacional.

Recuerdo todavía los procesos electorales del doctor Joaquín Balaguer, donde horas antes de abrir las urnas se ponía la bandera roja en la punta de los fusiles. Hoy hay otros vientos, y se pueden celebrar elecciones libres y democráticas.

Una pequeña ventisca, que todavía carece de fuerza jurídica, es tratar de establecer el bipartidismo en el país. Creemos que el libre juego de las ideas, con la participación de todos los sectores políticos y sociales, es el mejor camino para mantener la democracia.

Al pueblo, y solo al pueblo, al momento de votar, es que le corresponde escoger al próximo presidente. Los grupos mediáticas, las presiones o la fuerza ya no deciden elecciones, sino la libérrima voluntad popular.

Ese legado de la democracia lo tenemos que preservar, evitando que llegue la violencia y lo enturbie. El futuro de la República Dominicana merece unas elecciones libres, democráticas y en paz.

La sociedad moderna tiene varias formas de solucionar sus problemas, pero básicamente dos: las armas o la concertación. Nos inclinamos por el diálogo.

El liderazgo nacional, con miras a las elecciones del 20 de mayo, debe saber que va a una confrontación cívica, no a una guerra, por lo que se debe elevar el nivel del debate político.

En el tramo central del torneo electoral, no puede mantenerse una línea de enfrentamientos entre la dirigencia máxima, porque esa litis vocinglera se refleja en la forma de actuar las bases.

La tranquilidad en la campaña electoral no depende de papeles que se firmen, ni de entrevistas de televisión, sino del ejemplo. Los líderes tienen que sembrar la idea del respeto entre todos los sectores.

A la Junta Central Electoral le toca la gran responsabilidad, de dirigir el buen entendimiento y convivencia en la campaña electoral. Los excesos tienen que ser rechazados y enfrentados a como de lugar.

Por desgracia en los torneos electorales no hay sanciones para nada. Ya dice un viejo adagio que los muertos en campaña no se pagan. Es la vieja usansa de la política criolla.

Todavía se está a tiempo de impedir que la barbarie se haga dueña del proceso. Sólo hay que manejarse con mesura, con tranquilidad, con cometimiento y con gran espíritu de concertación.

Sólo así evitaremos violencia en la campaña electoral.