En educacion, cuidado con el mensaje

Por Carlos Luis Baron miércoles 15 de febrero, 2012

Tratar algunos temas, resulta frustrante y, por qué no, vergonzante. El de educación es uno de ellos. Cuanto aquí se ha escrito sobre educación y no se ha hecho caso! Recientemente la ministra de Educación dio las pautas para un Nuevo “Plan Decenal”. Ojalá éste no siga los senderos de aquel pomposo, plagiado y fracasado primer “Plan Decenal”.

Todas las consultas que se hicieron para el anterior plan fueron tiradas al zafacón. Implementaron resoluciones de una realidad que no era la nuestra. Muy poco se tomó en cuenta nuestra historia, idiosincrasia, necesidades y proyecciones como nación. Los resultados de esa fallida imposición las sufrimos.

La escuela se transformó. Dejó de ser centro de formación para convertirse en lugar de retención de las jóvenes generaciones. Cuestiones tan simple como el reforzamiento de las normas de cortesía y urbanidad, previstas en educación cívica, encuentran todo tipo de oposición. ¡Nunca como hoy fue más difícil la formación!

Los infantes llegan a los centros educativos formados. Los conflictos familiares, la televisión y la calle, les dan las pautas de interacción social. La formación que los profesores les quieren inculcar son vistas como…hay viene éste…

A la luz del pasado Plan Decenal se formó ya una generación que reniega de los lazos que tuvo con sus padres. Estos últimos, para ella, fueron unos anticuados. Sus principios, valores y aspiraciones, no tenían sentido. Estos les impide alcanzar su objetivo supremo: tener mucho dinero.

El alejamiento de ideas claras de los perfiles del estudiantado que se quería formar, abrió un abanico de opciones para el abuso a lo interno del sistema. Se le echó la culpa a los profesores y se le aumentó las horas de trabajo. Esto no cambio el derrotero. La caterva de exámenes, las presiones de técnicos y otras autoridades educativas, más la promoción indiscriminada en los primeros años, causan estragos.

A las clases dirigenciales, esto poco les ha importado. Bajo el capitalismo liberal, sus riquezas se han incrementado. Lo mejor es que, las exigencias juveniles, no contradicen ni ponen en peligro el sistema de desigualdad implantado.

La juventud ha aprendido a ser pragmática. En la escuela, lo importante es aprobar las materias o el curso, sin importar cómo ni si se hace daño. Para muchas autoridades también. Por esto, las imputaciones falsas, los robos de útiles escolares y la envidia contra aquellos que trabajan.

Desde el mencionado “Plan Decenal”, los secretarios, luego ministros de educación, se han dedicado a politizar toda la estructura del sistema educativo. Especial mención merece el “Perínclito de Haina”, por haberle acertado los más contundentes y mortales golpe al sistema. Recuérdense las improvisaciones, pero sobre todo, el improvisado plan aquel que nos hizo retroceder de forma más acelerada.

La educación dominicana anda mal, muy mal. Sin duda hace falta un verdadero “Nuevo Plan Decenal” Para que éste sea exitoso es necesario que le mande mensaje positivo a la sociedad y en especial al alumnado. Los metamensajes que llegan a esos sectores de todos los niveles del sistema derrumban el interés en el conocimiento de nuestros muchachos.

La politiquería hay que sacarla de la escuela. Esta hace que las peores miserias estén todo el tiempo a flote entre los educadores y dirigentes del sistema. Las limitaciones económicas en que se desenvuelve el magisterio, aleja a los muchachos del conocimiento.

El país necesita un plan que sea el fundamento del desarrollo nacional. Sin duda, éste debe fundamentarse en los principios que les sirvieron de soporte a la fundación de nuestra República Dominicana. Con éste, debemos crear un mecanismo de constante evaluación de los procesos, de los resultados y de comparación constante entre los miembros de todo el sistema.

En su página, el ministerio debe incentivar los debates para enderezar entuertos. Las experiencias educativas deben llegar a este lugar y ser compartidas. Los encuentros han de ser más constantes y menos improvisados. Nos hace falta explotar las habilidades de todos los actores del sistema. Para esto, hace falta retomar la olvidada “hora club”.

Un mensaje no claro, tergiversado o manipulado, podría incrementar la indiferencia de los jóvenes por el conocimiento!