En manos del nuevo gobierno el sidocal no perecerá

Por Carlos Luis Baron jueves 23 de agosto, 2012

Como cientos de miles de dominicanos, estuve frente al televisor escuchando el discurso de toma de posesión del Presidente Danilo Medina. Como muchos han advertido el discurso plasmó, en trazos precisos, el inicio de una transición del empeño en la modernización de la infraestructura física y social, esfuerzo altamente concentrado en las dos grandes ciudades del país, con obras de gran valor práctico, social e histórico, hacia la atención consciente de los componentes sociales del desarrollo. Tal giro nos gustó a todos, por dos razones: primero, porque es obvio el abandono y la indefensión de los estratos más vulnerables de la población, abandono que tiene y seguirá teniendo como secuelas obligadas el crecimiento de la delincuencia común, el florecimiento del crimen organizado asociado al narcotráfico y el éxodo masivo de nuestros mejores cuadros profesionales y técnicos. Segundo, porque en el vuelco cualitativo subyace claramente la idea de garantizar la pulcritud y transparencia en el manejo de los fondos públicos, el retorno a la honestidad, a los valores abandonados, a la recuperación de la imagen gubernamental tan legítimamente vapuleada en los últimos tiempos por el escrutinio público.

Fui una de las miles de almas anónimas emocionadas, tanto como en mi calidad de ex funcionario público como desde mi posición de ciudadano sinceramente preocupado por los destinos del pueblo dominicano. Reflexioné profundamente sobre los detalles más importantes de este discurso inaugural. Pensé que un Presidente no puede hacer nada solo, especialmente cuando le han dejado la alcancía vacía y el grueso fundamental de los futuros ingresos seriamente comprometidos.

Para enfrentar los enormes retos explícitos e implícitos del desarrollo dominicano, se requiere de mucho ingenio, parsimonia y sabiduría salomónica pero, ante todo, estar bien acompañado. Respecto a este último punto, al analizar los currículos y la trayectoria de muchos de los nuevos funcionarios, no me cabe duda de que es así, que el Presidente se está haciendo acompañar de profesionales doctos, honestos y decididamente aliados de los lineamientos maestros de la nueva estrategia gubernamental. Esto, al margen de que ha dejado en sus puestos a personalidades de la administración pasada, entre los cuales tenemos, quiérase o no aceptar, a verdaderos tecnócratas de reconocido y probado prestigio profesional y técnico, nunca señalados en actividades pecaminosas.

¿Qué puedo yo sugerirle al Presidente? En general, me considero un técnico y advierto que la recomendación que haré encuadra perfectamente en las de índole técnica.

Desde la Digenor avanzamos una iniciativa denominada Sistema Dominicano para la Calidad (SIDOCAL), en otros países conocida como Infraestructura de la Calidad (IC) o Sistema Nacional de la Calidad (SNC). La Ley que resume esa iniciativa fue promulgada en los últimos días de la tercera Administración Fernández (Ley No.166-12). En toda sociedad es absolutamente necesario medir, normalizar y ensayar porque sin esos elementos es imposible asegurar la calidad de los productos industriales. Además, sin ellos careceríamos de la necesaria base técnica del comercio de bienes y mal tutelaríamos los llamados objetivos legítimos del Estado relativos a la salud y seguridad humana, animal y vegetal, a la protección del consumidor contra prácticas engañosas y la preservación del medio ambiente.

Podemos afirmar que sin esa infraestructura, tan importante como todas las demás existentes, nuestras tarjetas de crédito no funcionarían en todos los países, los medicamentos no tendrían las dosificaciones correctas de substancias, no podría demostrarse la veracidad del etiquetado de los productos, los tornillos no se enroscarían perfectamente a las tuercas y, en general, los bienes y sus partes no serían intercambiables ni reproducibles exactamente bajo las mismas apariencias y dimensiones. Por otro lado, la IC ayuda al comercio internacional en la medida en que homologa los lenguajes técnicos; ayuda a las pequeñas y medianas empresas en tanto les auxilia en el cumplimiento de los estándares internacionales y les garantiza que sus mediciones tengan la trazabilidad que exigen los interlocutores comerciales organizados; es un soporte de importancia inestimable para los reguladores del Estado, los cuales, como es conocido, han venido haciendo su trabajo a tientas, sin metodologías validadas, en condiciones materiales muy precarias, y, lo más grave, con una competencia técnica muy cuestionable y no reconocida por nadie.

Tenemos la Ley que establece el Sistema de conformidad con las más altas exigencias internacionales. Hemos dado un gran paso en materia de calidad. Nadie en más de cuarenta años había tocado el tema desde el punto de vista de sus progresos regionales e internacionales. Completemos ahora lo que nunca se ha hecho implementando el SIDOCAL como manda la institucionalidad internacional especializada, es decir, respetándolas cuestiones técnicas, alejando de ellas el enfoque clientelista, cumpliendo las recomendaciones de los organismos internacionales competentes, emulando las mejores prácticas internacionales en este ámbito y desarrollando pacientemente las competencias técnicas locales necesarias.

De su discurso y trayectoria se desprende claramente que el Presidente Medina es de la convicción de que lo que no se comienza bien, termina mal y, consecuentemente, los objetivos nodales primarios no se alcanzan nunca. Por tanto, mi planteamiento, como el del Presidente, es que comencemos bien con esta formidable iniciativa, que desliguemos radicalmente de ella, desde los mismos inicios, la institucionalidad vieja que funcionó muy mal porque nunca se actualizó ni estuvo nunca en el menú de prioridades de la voluntad política superior. Tengo la más firme convicción de que, en manos de la nueva administración, el SIDOCAL no perecerá ni será más de lo mismo.