En materia de corrupción, Hipólito se graduó con honores

Por Carlos Luis Baron lunes 12 de marzo, 2012

Las grandes conquistas de la raza humana, han venido de hombres y mujeres visionarios, que no se han detenido ante los malos augurios de los demás, que no se han distraído por los pronósticos negativos de los que viven sin propósitos ni metas, de los que nunca han creado ni construido nada a favor de sus semejantes, esas conquistas han llegado de la mano de aquellos que no han dejado de luchar a pesar de las malas artes o la superioridad del adversario.

Qué es la república dominicana de Hoy? Un país Corrupto?

Hace 49 años fue derrocado el primer gobierno democrático, encabezado por Juan Bosch, el más honesto de los políticos de la última generación de líderes, por no ceder a las compras de armamento que dejarían grandes comisiones a los militares.

Hace apenas 34 años Joaquín Balaguer, declaraba que la corrupción estaba en todo su gobierno y se detenía en la puerta de su despacho.

Hace 31 años Antonio Guzmán se quitaba la vida de un balazo, avergonzado por la corrupción de su gobierno.

Hace 28 años que funcionarios del gobierno más corrupto que recuerda la historia reciente, se fugaban de la ley vestidos de mujer por la frontera haitiana, y su presidente, Salvador Jorge Blanco, era condenado por la justicia por malversación de fondos.

Pero hace solo 7 años, Hipólito Mejía encabezaba el gobierno más inepto e ineficiente de todos los que hemos tenido desde la dictadura. En materia de corrupción se graduó con honores.

Siete años, muy reciente todavía, el plan Renove dejaba el hedor del latrocinio en todas las curvas de la geografía dominicana. Los invernaderos se convertían en un escándalo, el negocio con la prima del dólar enriquecía a algunos mientras empobrecía al pueblo, los contratos de energía eléctrica en el mal negociado acuerdo de Madrid ataba una soga al cuello del dominicano, quebraban los bancos, los supermercados eran llamados la casa del terror, el salario no servía para nada, millón y medio de dominicanos volvieron a la pobreza, el desempleo alcanzó la cifra más alta de toda la historia.

Hace solo siete años, Hipólito Mejía encabezaba un gobierno en el que nombró a funcionarios consulares que fueron asesinados en ajustes de cuentas, ordenaba a Candelier no asistir a los tribunales que requerían su presencia, no escuchaba el consejo de su jefe de las fuerzas armadas y ascendía de rango a Quirino Ernesto Paulino, le construía un aeropuerto en su finca privada con vigilancia militar.

Hace solo siete años, Hipólito Mejía violaba la ley monetaria del país para devolver a los ricos los millones que tenían depositados en los bancos quebrados, millones que aun estamos pagando los de abajo.

Hace apenas unos días que Hipólito Mejía, ese que pregona que acabará con la corrupción, nos dijo que ocho de cada diez dominicanos somos ladrones.

La corrupción es un tema que debe tratarse con seriedad, si en verdad se quiere combatir y quienes hoy enarbolan la bandera de lucha contra la misma, son parte de la danza y a cada movimiento dejan ver el refajo.

Autor: Víctor Díaz,Presidente Seccional del PLD en New Jersey

Nuestro país está sembrado de autopistas, carreteras, caminos vecinales, de presas hidroeléctricas, hospitales, escuelas, universidades, complejos habitacionales, complejos deportivos, puertos y aeropuertos, centros turísticos, elevados, túneles, y hasta Metro. Si usted sabe sumar, haga cuentas de los que tenemos y pregunte cual es el aporte que han hecho los gobiernos del PRD en la construcción y desarrollo de nuestro pueblo, le asombrará saber que si el PRD nos hubiera gobernado siempre, aun viviéramos en chosas, nos alumbráramos con jumiadoras, anduviéramos descalzos, nuestras mujeres parieran sus hijos con comadronas, nos bañáramos en los arroyos y ser profesional fuera un lujo reservado a la clase gobernante.

La República dominicana, lo reiteramos, no es el país al que aspiramos. Pero no es tampoco el país que teníamos hace apenas cincuenta años. Necesitamos seguir creando mejores condiciones de vida para nuestra gente. Para lograrlo estamos en la obligación de mirar hacia el futuro, no hay espacio para mirar atrás. No hay tiempo para escuchar a los que nada bueno tiene que decir.

Gobernar es cosa muy seria, no es un circo para hacer reír.