Encuestas y cultura del gancho

Por Carlos Luis Baron viernes 23 de marzo, 2012

Imagínese una persona pobre que tiene una tarjeta solidaridad, un bono gas, un bono luz o que reciba cualquier otra ayuda del Estado y que de repente se le aparezca un tipo con una libreta preguntándole por quién pretende votar en las próximas elecciones presidenciales. Ese dominicano o dominicana piensa de inmediato que se trata de un gancho que pone en peligro la ayuda que recibe para prender el fogón, educar a sus hijos, comprar ropa o pagar la electricidad. Por eso hay muchos encuestados que dicen que votarán por Danilo, quien es el candidato del gobierno que actualmente dispone de esas dádivas a su manera y antojo. Otros entrevistados dicen que no saben por quién votarán. Esos son los más precavidos, ya que reciben asistencia económica del gobierno actual, pero se cuidan de no declarar nada negativo acerca de un próximo gobierno para no poner en peligro los bonos en el futuro

Algo muy parecido sucede con las personas que tienen un empleo público. Si se encuentran con un Fulano mirándole a los ojos con una libreta en la mano preguntando: ¿Por quién va a votar usted? Nuestro pobre encuestado siente que se le agrieta el bolsillo donde guarda su magro sueldo mensual o su tarjeta, tuerce la boca y hace como el toro ¡Uummmmmmm! Y evade la pregunta continuando su camino sin decir nada o contestando: “Por Jesucristo”, “por ninguno” “el voto es secreto”, “yo no voto”, etc.

Ahora imagínese a ese mismo ciudadano empleado público o receptor de uno de esos bonos del gobierno a quien le ponen una cámara de televisión encima de las narices y le preguntan: ¿Por quién va a votar usted en las próximas elecciones? Ese tiene que seguir de largo por obligación. En los sondeos electorales de este tipo se ve cómo la mayoría de los indecisos baja la cabeza y se aleja acelerando el paso más chivo que una guinea tuerta.

Ahora, los que no reciben esas ayudas dicen a pleno pulmón: ¡mi voto es por Papá! Esos no tienen miedo de que se les retire ninguna tarjeta ni ningún bono simplemente porque no son beneficiarios de ninguna de esas ayudas o de un empleo en el gobierno. Esos, los que son empleados del gobierno son los que más sufren porque, aparte de que no pueden expresar sus simpatías políticas libremente, les obligan a ir a los actos del candidato del gobierno y a aplaudir con entusiasmo. Muchos se quejan en privado, como una humilde señora desdentada que conocí hace poco, encargada de la limpieza de varios pasillos de un Ministerio. Con amargura me expresó que además de aplaudir, también la obligan a reír mientras aplaude. Como en la era de nuestro amadísimo y queridísimo Jefe. Ido a destiempo.

Así que mucho cuidado con la cifra de indecisos que no son tales y que aparecen en las encuestas. Por otra parte, el margen de error de una encuestadora seria debería de ser de por lo menos un 10% en este país. Eso de estar siempre chivo no es comprensible para los científicos extranjeros que vienen a hacer sus investigaciones.