Enfoque democrático del debate electoral

Por Carlos Luis Baron domingo 11 de marzo, 2012

Un debate es el más visible y público test de un aspirante político – electoral, es una interacción que solidifica una relación entre persona, argumento e imagen. Es un instrumento que exige una completa estrategia para que sus efectos tengan consecuencias electorales para los ciudadanos, para los medios de comunicación y para los propios actores políticos.

Desde una visión normativa, pareciera haber acuerdos sólidos respecto del rol del debate electoral en democracia. Para muchos constituye una oportunidad para lograr ver a los candidatos sin tanta edición en su propia imagen, en un formato más real frente a situaciones de presión por parte de su oponente, del público o de los moderadores. Enfoca la atención de la audiencia, identifica determinados temas e invita a la deliberación.

Sin embargo, no todo lo concerniente al debate político contribuye al ideal democrático de intercambio de argumentaciones racionales en torno al programa de gobierno. Una de las características que se encuentra en torno al debate es que los televidentes desean ver choques directos entre los contendientes, siendo el conflicto, la lógica que termina prevaleciendo.

Desde una visión realista la estrategia de la presentación de los candidatos presidenciales no necesariamente va de la mano con los efectos reales y las bondades del debate electoral.

Es así, que existen diferentes enfoques para posicionarse respecto de un debate y así poder entenderlo tomando partido a favor o en contra de uno de los postulantes.

Por ejemplo: el enfoque “democrático”, analiza los efectos para la democracia, para las campañas electorales, se preocupa por la calidad de la representación y de la construcción de ciudadanía desde una perspectiva normativa, vale decir, del “debe ser”.

El enfoque “mediático tecnológico”, observa el impacto de las innovaciones tecnológicas y creativas de los soportes o las plataformas mediáticas sobre lo que se sustenta en el debate.

Por último, el enfoque del “marketing político”, que ve las prácticas que subyacen en el debate, considerando especialmente a quienes son parte de él (no como espectadores sino como actores centrales) y que tiene un anclaje democrático asociado a la eficacia de sus prácticas.

Todo debate, es por antonomasia, una oportunidad para defender la postura propia y rebatir la postura del oponente. En ocasiones, la agresividad puede despertar los instintos más bajos.

Eso puede dar lugar a una lucha donde prime una campaña dañina, lo que no legitima el sistema político, ni aporta información. Por el contrario, distorsiona la agenda, no cumple con el fin del verdadero debate en cuanto argumentar propuestas y sustentarlas.

No siempre un debate tiene un efecto a corto plazo, que instale nuevos temas o discusiones políticas en la campaña, máxime cuando un proceso electoral está muy avanzado y se dispone de una enorme cantidad de información que ya está dentro del debate público.

Los especialistas en comunicación política y manejo de campañas electorales sostienen que es muy difícil la instalación de nuevos contenidos cuando ya está establecida una tendencia electoral y rara vez estos pueden modificar el curso tomado.

En el caso de República Dominicana, ¿hay algo que los candidatos o la prensa no hayan dicho ya en el momento que se está planteado el debate electoral?