Es tiempo de unidad, no de juzgar, no de condenar

Por Carlos Luis Baron martes 3 de julio, 2012

A raíz de que el compañero Hipólito asumió la candidatura de Nuestro Partido, viajé a Santo Domingo y conversé con el Compañero Miguel Vargas, pues no era un secreto para nadie que yo iba a hacer en esa coyuntura lo que me indicare él; porque como parte de su proyecto no podía tomar decisiones por mí, solamente.

Miguel me recibió en más de una oportunidad y si bien es cierto que no fue el más entusiasta con relación a la candidatura del compañero Hipólito, es muy cierto también que jamás me dijo no trabaje por él o no te entregues a su causa.

Siendo justa, debo reconocerle que me dijo que era la candidatura del partido y había que asumirla, aunque debía reconocer yo que él no podía garantizar compensación de mi esfuerzo porque él no era el presidente, pero que era la candidatura del partido, muy a pesar de que el grupo del compañero Hipólito seguía mostrándose indiferente como si desde el principio asumieran su escogencia como si fuese la escogencia directa a la presidencia de la República.

El compañero Miguel y sus más cercanos colaboradores se sintieron excluidos del proyecto presidencial; por esto y para más, las causas reales que tuvo, no lograron incendiar su entusiasmo como era de esperarse; esa es una verdad casi absoluta y una posición comprensible.

No obstante, muchos seguidores de él como es el caso de quien ahora escribe entendimos que eso no era obstáculo para que sus seguidores, al margen del entusiasmo personal de Miguel; sí asumiéramos con el entusiasmo requerido la candidatura del Partido como si hubiese recaído en Miguel, porque desde el principio entendimos que ganábamos más adentro que afuera.

Dejamos nuestras fuerzas, nuestro tiempo, nuestra voz, nuestro esfuerzo debajo de ese proyecto, empujando más allá de nuestras propias fuerzas; logrando sinergia con las fuerzas del proyecto del compañero Hipólito, aunque más de uno siempre nos echó en cara, nuestra condición de ser “Miguelista”

A pesar de habernos entregado no obtuvimos el resultado deseado, el buscado y el que entendíamos merecíamos.

Al analizar la causa de la derrota, al sopesar los votos que obtuvo el Partido y compararlo con los que se emitieron a favor del PLD; tendríamos que concluir diciendo que los Perredeístas acudimos masivamente a las urnas, entonces; siendo así las cosas tendríamos que colegir también afirmando que la gente que seguimos a Miguel fuimos a votar por el Partido y asumimos la candidatura del compañero Hipólito olvidando resabios.

No hay forma o manera que un PRD no unificado en las bases y claro en su destino haya sacado la cantidad de votos que obtuvimos. Entonces una vez más vuelvo a decir el enemigo no estuvo a lo interno, el enemigo estaba fuera conspirando contra nosotros desde el principio, desde que le prestaron los votos al compañero Hipólito para que ganara internamente a Miguel, hasta este momento final en donde puso al Estado y su fuerza económica en contra del proyecto del PRD.

Compañeros estemos claros, Miguel pudo haberse presentado o no en la campaña y él no era el determinante para que ganáramos o perdiéramos; los votos sacados así lo indican, por todo ello creo una injusticia querer cobrarle a él la derrota cuando de haberse ganado como pudo haber sido muy posible; hubiésemos dicho que el no hizo falta.

No compañeros, busquemos la causa de la derrota en otra parte, no en Miguel, empecémosla a buscar desde ante de nuestra convención y veremos que el regalo que se le envió al compañero Hipólito estaba envenenado y salpicado de fogaraté para echarnos a pelear, sabiendo que en río revuelto ganancias de pescadores y de pecadores como es el caso que ahora nos ocupa.

Hoy es tiempo de unidad, no de disputa, hoy es tiempo de perdón no de odios y división, Miguel es un activo del PRD tan importante como lo es el compañero Hipólito y nuestro Partido demanda de los dos y de todos los que siguen a uno y al otro.

Unidad compañeros, la división es una cruel maestra que parece no lograr enseñarnos nada.