Escuelas públicas sin luz, ¡que vergüenza!

Por Carlos Luis Baron martes 20 de marzo, 2012

En un país donde tanta politiquería se hace, hablando sobre la educación y sus requerimientos, para allantar a los pocos pensantes nuestros, ahora ocurre que, de acuerdo con una información oficial que aparece publicada en el periódico “Diario Libre”, en su edición de fecha 19 de marzo del presente año, alrededor de unas 500 escuelas del sector público carecen de energía eléctrica, situación esa que, por razones obvias, limita más aun su ya deficiente labor académica.

Evidentemente, ese podría considerarse como uno más de los “grandes logros” a exhibir por las flamantes autoridades que en la actualidad dirigen todo el sistema eléctrico nacional, encabezadas desde la CDEEE, y sus “jinetes” distribuidores, que vienen haciendo lo que les vienen en gana con los indefensos usuarios, por un digno representante del empresario dominicano. ¡La iglesia en manos de Lutero!

Es obvio que, cosas como esas y otras que faltan, siempre se han visto llegar, y se prevé ocurrirán peores, a partir de la mal llamada “capitalización” de la otrora Corporación Dominicana de Electricidad, ahora CDEEE, con sus Edes explotadoras, en una operación estimada más bien, por muchos expertos, como la politización, privatización y comercialización indiscriminada de un servicio público imprescindible para la población y sus instituciones, que limitará bastante la utilización del mismo en un gran segmento de usuarios, tal cual está ocurriendo en estos momentos con los casos de las escuelas públicas que forman parte del sistema educativo nacional, porque de seguro, el Ministerio de Educación no está en capacidad de pagar por el servicio; o, simplemente, las instalaciones que se requieren resultan demasiado costosas para los nuevos ofertantes.

El asunto es que, muchos centros docentes públicos, al igual que hospitalarios, no pueden disfrutar de la energía eléctrica que necesitan, por las razones expuestas en el párrafo anterior. Cuando no es, por los abusivos y medalaganarios apagones sin control de que son objeto.

Y, no solamente resultan afectadas esas instituciones de servicios a la población, sino también amplios sectores del país, que en los últimos tiempos han venido recibiendo tres y cuatro horas de luz al día, como por ejemplo en gran parte de Herrera. ¡Vaya nación en desarrollo ésta!

Hay que imaginarse las precariedades en todos los sentidos, con que deben estar operando esos recintos escolares, sin los alumbrados de rigor, como ningún tipo de energía para la utilización de los equipos tecnológicos que hoy demanda la educación.

Para tratar de paliar un poco esa desastrosa situación, se está en vía de la instalación de paneles solares, según informan las autoridades del Ministerio de Educación, para lo cual se requiere, según se advierte, de las dádivas extranjeras y nacionales acostumbradas; como, de la concertación de un nuevo préstamo con el exterior, cuya iniciativa de conocimiento y aprobación descansa en las gavetas de algún despacho dentro del Congreso Nacional. No urge mucho ese tipo de cosa para los congresistas nuestros.

Y, mientras eso ocurre – gran descuido – con el servicio energético en alrededor de unas 500 escuelas públicas del país, la partidocracia nacional, los politiqueros corruptos y los tránsfugas dentro del área que nos gastamos los dominicanos, se dan el gran lujo de despilfarrar miles de millones de pesos – con dineros del pueblo -, en sus francachelas y caravaneos callejeros, para seguir tratando de embaucar a la población, de cara al próximo torneo electoral “presidencialista” que se avecina.

¡Aquí sólo se piensa en política; en el quítate para ponerme yo! Todo eso que se habla y se promete con respecto a la educación durante los procesos electorales, no es más que demagogia y retóricas bien elaboradas, para entretener y engañar a la gente.

Lo que menos quieren estos politiqueros nacionales, que viven del erario público en su mayoría, es crear las condiciones necesarias para que el pueblo se eduque. ¿Por qué? Porque, mientras más brutos son los ciudadanos en capacidad de votar, el grueso, más fácil los manejamos; y se venden, por un pica pollo y una botella de ron. ¿Hasta cuándo será así?