Ese es uno de los efectos dañosos de la tecnología mal asimilada

Por Carlos Luis Baron miércoles 1 de febrero, 2012

¡Magnífico!; que bueno que a alguien se le haya ocurrido escribir sobre esa problemática de los benditos chateos juveniles, en su mayoría, hablando sandeces a través de los teléfonos móviles, no sólo dentro de las aulas universitarias, sino también, caminando por los pasillos, dentro de las instituciones académicas; como, subiendo y bajando las escaleras disponibles, tropezando incluso con las demás personas que transitan; chocando con paredes y columnas, hasta accidentándose en ocasiones.

Cuando uno repara con atención en el comportamiento inexplicable que observan muchos de los jóvenes de hoy, movidos por el uso de modernas tecnologías, que aún no están en capacidad de asimilar debidamente; que no tienen la más mínima conciencia sobre su utilización efectiva; y que, se dejan arrastrar como borregos por la magia inductora del mercadeo hostigador presente, tiene que concluir pensando en la plasticidad del celebro con que actúan.

La práctica del chateo, como bien señala el profesor compañero, Fernando Peña (UASD), y tal como expresáramos más arriba, se ha convertido en “un vicio y un relajo”. Y es que, la mayoría de juventud en estos tiempos se caracteriza por ser ostentosa y poco pensante, debido a lo cual procede de esa manera altamente cuestionable.

Es muy cierto que, con sus comunicaciones digitales, o habladas directamente, interrumpen la docencia, e irrespetan a los demás compañeros. Claro, cuando los profesores les permiten entrar a los cursos con los celulares encendidos. Además, provocan una gran distracción cuando esos aparatos suenan, con los ritmos estridentes diversos, con que han sido programados.

El asunto de los chivos telefónicos, también es verdad; los preparan. Usan ese tipo de equipos para extraer respuestas gravadas intencionalmente. Y, los aprovechan mejor, cuando a la vez funcionan como máquina calculadora.

Lo grande del caso es que, siempre alegan no tener dinero para comprar un libro, aun sea usado; o, para pagar un ligero aumento en los créditos de las asignaturas, como lo es en el caso de la UASD; pero, sí disponen de cuartos suficientes para comprar un celular, al último guay de la moda.

Toda esa tecnología moderna, de computadoras, máquinas calculadoras, y los llamados teléfonos inteligentes, lo que está es contribuyendo a robotizar a la juventud dominicana; con un sistema educativo nacional, más que cuestionable y deficiente, que le sirve de caldo de cultivo.

En hora buena, Bethania Espinal, el abordar ese tema a través del medio “Listín Diario”, en su edición de fecha 26-1-12, para ver si alguna autoridad competente en el país procura hacer algo, a los fines de combatir ese mal, ya tan extendido a nivel de la sociedad nuestra; que no se puede dejar de reconocer, resultará muy difícil, a menos que, las enmiendas pertinentes no comiencen a ser promovidas con firmeza desde los senos mismos familiares.

Mientras tanto, el asunto debería comenzar por la exigencia de todos los profesores, a nivel superior principalmente, en cuanto a la prohibición determinante de permitir el encendido y uso de los teléfonos móviles dentro de las aulas. Y, en los cursos básicos, como en los de la secundaria del sistema educativo nacional, administrar y supervisar de mejor forma, la utilización de toda tecnología, tanto en las escuelas públicas, como en los colegios privados del país.

De lo contrario, seguiremos formando inválidos mentales, semi-alfabetizados, a nivel de todos los grados de la educación dominicana; y, robots humanizados, dependientes por completo de las máquinas de alta tecnología.

Finalmente, preciso es destacar, a manera de complemento, e incidencia resultante, respecto del tema tratado, que todo cuanto hoy se vive en carne propia, como se dice popularmente en las universidades de esta República, es el resultado de esas revelaciones que ahora externa el señor ex ministro de Educación, señor Melanio Paredes, a través de la prensa local, en las que hace hincapié, después de estudios técnicos realizados, de que la enseñanza en las escuelas y colegios privados nuestros, se estima es deficiente en un 82.7%, aseveración que resulta desconcertante en grado sumo; máxime, cuando se piensa en el componente gravoso del escenario político en que se desenvuelve la educación a nivel nacional.

¿Qué se podría seguir esperando entonces?, mayores deficiencias académicas, y despropósitos obvios, en los alumnados respectivos. ¡Apúntelo!

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