Estadounidenses apoyan la pena de muerte pero cada vez menos

Por viernes 2 de diciembre, 2005

Washington, 2 dic (EFE).- Coincidiendo con la ejecución número 1.000 en EEUU desde que se reinstauró la pena de muerte en 1976, una mayoría de estadounidenses sigue apoyando esta práctica pero, a medida que pasan los años, va perdiendo adeptos.

La prueba está en que ahora dos terceras partes de los ciudadanos respaldan la pena capital, frente al 80 por ciento que lo hacía en 1994, según los sondeos de opinión citados hoy por la prensa estadounidense.

Entre los que están del lado de los partidarios está George W. Bush porque, según dijo hoy el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, el presidente considera que la pena de muerte es una medida disuasoria del crimen que "en última instancia, ayuda a salvar vidas inocentes".

McClellan afirmó que es importante que la pena capital "se administre con imparcialidad, rápidamente y con seguridad" y recordó que el presidente fue el promotor de la expansión del uso de las pruebas de ADN para evitar condenas erróneas.

Durante los seis años que ejerció como gobernador de Texas, Bush dio luz verde a 152 ejecuciones y sólo conmutó la sentencia a muerte de uno de los condenados en ese estado.

Texas es, con mucha diferencia, el estado que más reos ejecuta, con más de un tercio del total.

La última encuesta de la firma Gallup sobre este asunto precisa que, si pudieran elegir entre una ejecución o la cadena perpetua sin posibilidad de optar a la libertad provisional, sólo un 50 por ciento de los entrevistados optaría por la primera opción.

Una mayoría de los estadounidenses opina también que el sistema no es perfecto y cree que ha habido casos en los que se ha ejecutado a inocentes debido a errores legales o a una mala defensa de los condenados.

Según los datos difundidos por el Centro de Información sobre la Pena de Muerte, con sede en Washington, la cifra anual de ejecuciones ha disminuido un 40 por ciento desde finales de los 90, periodo en el que también se registró una caída aún más acusada del porcentaje de sentencias de pena de muerte.

La muerte de Kenneth Lee Boyd, la pasada madrugada, ha reavivado un debate que siempre ha estado presente en el país pero que hoy acapara mucha más atención, incluso fuera de las fronteras estadounidenses, por el hecho de haberse alcanzado la barrera de las 1.000 ejecuciones.

Boyd, un veterano de la guerra de Vietnam que había sido condenado por el asesinato de su ex esposa y su suegro en 1988, se convirtió en el triste protagonista de este hito en la historia estadounidense poco después de las 07.00 GMT de hoy, cuando recibió una inyección letal en una prisión de Carolina del Norte.

El debate que enfrenta a los detractores y defensores de la pena de muerte, -vigente en 38 de los 50 estados del país-, se pudo ver antes de su ejecución frente al penal de Raleigh, la capital de Carolina del Norte.

Allí se trasladaron centenares de personas: unas para denunciar que el castigo es una barbaridad racista y otras para defender que es la única forma de combatir el crimen.

Según los datos difundidos hoy por el Centro de Información sobre la Pena de Muerte de EEUU, de las 1.000 ejecuciones registradas en el país desde que se reinstauraron en 1976, Texas realizó 355, seguido de Virginia, con 94, y Oklahoma con 79.

Del total de reos ejecutados en EEUU, un 58 por ciento eran blancos, un 34 por ciento negros, un 6 por ciento hispanos, y el 2 por ciento restante de otras razas.

La ejecución de Boyd probablemente dejará de ser la última esta misma noche, ya que está prevista la número 1.001 en Carolina del Sur.

La polémica se reavivará el próximo día 13, fecha fijada para la ejecución de Stanley "Tookie" Williams, fundador de la banda callejera "Crips" y postulado al Premio Nobel de la Paz por grupos de defensa de los derechos humanos.

Esa ejecución fue ratificada el pasado miércoles por el Tribunal Supremo de California y ahora la suerte del condenado está en manos del Tribunal Supremo de EEUU y, en última instancia, del gobernador Arnold Schwarzenegger. EFE