¡Estas son las profecías!

Por Carlos Luis Baron viernes 23 de marzo, 2012

Esa era una de las expresiones que más se escuchaba en voz de las verdaderas personas religiosas de los tiempos pasados; aquellas que no sólo acudían a las iglesias para visitarlas simplemente, y ocupar sus bancos, como es lo que hoy de ordinario de estila, sino que, adornaban su diario convivir, en toda la extensión de la palabra, con el amor fraternal divino que caracteriza la verdadera espiritualidad.

En tal sentido, siempre se referían a lo que denominaban como las “sagradas profecías”, aunque en el contexto bíblico convencional que sólo era de su dominio por supuesto, cuando reparaban en determinados hechos o circunstancias mundanales, caracterizados por actos de gran connotación, y deleznables; o, muy dañosos a veces, aun procedieran de la Naturaleza misma, cuando sus fenómenos, aleccionadores en la mayoría de los casos, se dejaban sentir con trascendencia marcada.

Hacían alusión a las cosas que se veían entonces, y las estimaban en correspondencia con esas predicciones; que claro, no se daban con la misma dimensión con que ahora se verifican: infidelidades personales, palomas que les tirarían a las escopetas, refiriéndose a las mujeres, con respecto a los hombres; prostitución desmedida, grandes epidemias; que no habría hijos para padres, ni padres para hijos; que se producirían grandes terremotos; se tendrían guerras y rumores de guerra por doquier. También, variados fenómenos cosmológicos, etc.

Amén de las proclamaciones, y referencias personalizadas sobre las “profecías bíblicas”, relativas al discurrir de la “Era Cristiana”, y el devenir de los últimos tiempos correspondientes a la misma, una gran parte de éstas siempre ha sido objeto de análisis y estudios profundos por parte de connotados eclesiásticos católicos, y pastores de las demás sectas religiosas existentes, cristianas casi todas, para edificación posterior a sus respectivos adeptos.

Recordamos, por ejemplo que, en una ocasión tuvimos la oportunidad de leer una magnífica obra escrita por una prominente adventista, Elena White, “El Conflicto de los Siglos”, en la cual ella plasmó una serie de conclusiones sobre dichas profecías, a partir de exhaustivos análisis realizados, y la correspondiente descripción que también incluyó, conjuntamente con las citas bíblicas respectivas.

Contempló además en la misma, el importante tema religioso de “La Apostasía”, con suficiente nivel de detalle, que guarda cierta relación con aquellas. De igual forma, expuso su parecer sobre algunas de esas predicciones que ya se habrían cumplido, en su opinión, y de las que podrían faltar por verificarse en el transcurrir de los años venideros.

En vista de que durante los últimos años, se han venido registrando una serie de hechos escalofriantes, y muy connotados a nivel de la sociedad mundial, con trascendencia extrema, que bien podrían ser asociados con las susodichas profecías bíblicas, es lógico advertir, e ir previendo en el contexto de la espiritualidad esotérica, la finalización de la llamada “Era Cristiana” – Pisciana, de Jesucristo -, para dar paso definitivo a una nueva Era, la “Acuariana”, ya muy en curso, según los entendidos

Y que, por consiguiente, grandes eventos aleccionadores a nivel de las naciones, o personas particulares, estarían en vía de producirse, como forma de llamar a la reflexión debida; que la gente se identifique con su verdadera esencia – espiritual -, en lo concerniente a una gran parte de la humanidad “egotistamente” bastante desarrollada, la cual se cree muy libre de poder actuar y de valerse por sí misma.

En el orden de lo que se trata, y aunque es un hecho circunscrito específicamente a nuestro país, pero no aislado, en términos de todo el acontecer degenerativo social que acosa a la nación dominicana, vamos a tocar algo de lo concerniente al mismo, que tiene que llamar poderosamente la atención a cualquier ser humano que en él repare; y es, lo que precisamente, en el fondo ha motivado esta exposición.

Nos referimos, al asesinato de la profesora Luz María Rodríguez de López, de 64 años de edad, en Loma de Cabrera, Dajabón, República Dominicana, en una acción criminal que, según la Policía Nacional, se atribuye a su esposo José Ramón López, con la complicidad de la hija de ambos, Gaudy López Rodríguez, de 26 años, con quien mantenía relaciones sexuales, desde la edad de 18 “abriles”, – incesto -. Razón del crimen: reclamación de la madre al padre, tras enterarse de ese acto bochornoso. (Véase: periódico “Diario Libre”, del 22-3-12, página 16).

Ante un hecho confeso de esa naturaleza, tan deleznable y espeluznante, por más vueltas, y posibles justificaciones que se le pueda buscar, no queda otro camino que concluir repitiendo la frase que encabeza, ¡Estas son las profecías!

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