Ex agentes dictadura confesaron que tenían orden de matar a Lagos

Por viernes 21 de octubre, 2005

Santiago de Chile,(EFE).- Ex agentes de la policía secreta de la dictadura de Augusto Pinochet confesaron que en 1986 recibieron la orden de asesinar al actual presidente chileno, Ricardo Lagos, en ese entonces uno de los líderes de la oposición.

Así lo revela hoy el diario "Siete", que dio a conocer las confesiones de dos ex agentes que participaron en el asesinato de cuatro opositores a la dictadura, en represalia por el fallido atentado de que fue objeto Pinochet el 7 de septiembre de 1986.

Preguntado por los periodistas, Lagos señaló que la confesión de los ex agentes no le sorprendió, porque tenía antecedentes de lo ocurrido y lamentó que la suerte que él tuvo no la hayan tenido las víctimas.

"Lamento que Investigaciones (policía civil) llegó a detener a José Carrasco tarde, porque de lo contrario aún estaría vivo", precisó Lagos, que se excusó de hacer mayores comentarios sobre "una situación antigua".

Según el periódico, Lagos había sido detenido por la policía unas horas antes de que los agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI) fueran a buscarlo para darle muerte.

Tal circunstancia salvó al actual jefe del Estado chileno de seguir el destino de las cuatro personas asesinadas, entre ellas el periodista José Carrasco Tapia, editor internacional de la revista "Análisis" y dirigente del Movimiento de Izquierda revolucionaria (MIR).

Casi veinte años después, los ex miembros de la CNI Iván Quiroz Ruiz y Jorge Vargas Bories revelaron al juez Hugo Dolmetsch, que la detención de Lagos por parte de carabineros le salvó de ser "ajusticiado".

Los ex agentes revelaron que el nombre de Lagos estaba en el rótulo de una de las carpetas de los opositores que había que eliminar, según la orden del jefe de la CNI, el fallecido general Humberto Gordon.

Gordon, "a gritos" les ordenó "aniquilar" a los adversarios políticos del régimen, pues era necesario "sellar a sangre y fuego la afrenta", y dejar en claro "que no se podía atentar contra Pinochet", dijeron al juez Quiroz y Vargas.

La confesión de los oficiales retirados se produjo en el marco de la investigación que Dolmetsch lleva por la muerte de José Carrasco Tapia, a quien secuestraron desde su casa, lo llevaron hasta el muro de un cementerio, lo obligaron a arrodillarse y Quiroz le disparó una ráfaga de metralleta y Vargas lo remató con un tiro de pistola.

Esa misma noche fueron asesinados el técnico electrónico Felipe Rivera Gajardo, el profesor Gastón Vidaurrázaga y el gerente de ventas de editorial Cono Sur, Abraham Muskatblit.

La orden la habría dado Humberto Gordon en una reunión en la que además participaron los jefes operativos del organismo Alvaro Corbalán y Manuel Provist, revela el diario "Siete".

El abogado querellante en el caso, Nelson Caucoto, dijo a Radio Cooperativa que esa noche la CNI "se volvió loca".

"Lo que ocurrió esa noche le pudo haber pasado a cualquier persona en este país. La forma en que la CNI y los militares sitiaron Santiago fue realmente una noche en que los aparatos de seguridad se volvieron locos, en que cualquier persona pudo haber caído en la metralla de esa gente", indicó.

"Pudo haber sido el propio Presidente Lagos, pero esa noche y al día siguiente hubo operaciones simultáneas de detención de gente que fue llevada a recintos públicos",agregó.

"Es distinto lo que ocurrió con la CNI, que simplemente salió a saciar su sed de venganza", recalcó.

El atentado, en el que Pinochet resultó ileso, fue perpetrado por un comando del izquierdista Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), con el resultado de cinco de los escoltas del ex dictador muertos y otros doce heridos. EFE