Femenicidios, las mujeres también tienen su cuota

Por Carlos Luis Baron viernes 20 de julio, 2012

NUEVA YORK._ Obviamente que el tema de los femenicidios tanto en la República Dominicana como en otros países de América Latina, el caso de Puerto Rico por ejemplo, mantiene alarmadas no sólo a las autoridades oficiales, sino también a la sociedad en general. Los expertos, tratando de buscar una explicación a lo que se puede considerar una epidemia y a la que muchos se han atrevido hasta llamar “emergencia nacional”, no han podido descifrar las reales causas de los cotidianos asesinatos de féminas a manos de sus parejas y los que lógicamente tiene una combinación de muchos factores que van desde lo sicológico, la relación, económico, social, religioso y hasta cultural.

De ninguna manera podemos justificar los homicidios que día a día cobran las vidas de docenas de mujeres. La República Dominicana, como en muchos otros aspectos, se ha colocado en un sitial a ese nivel que supera a muchos otros países del continente latinoamericano, sin que hasta ahora, los responsables en el gobierno hayan diseñado políticas eficaces para por lo menos hacer reducir el flagelo.

En estos días se habla incluso de modificar disfuncional y nefasto Código Procesal Penal para imponer una pena máxima de hasta 60 años a los matones de mujeres, creyendo que con ello, se resolverá la situación.

Los femenicidios como parte de los factores que invoco en un párrafo anterior, necesitan ser reducidos, además de con sentencias drásticas en la cárcel, con otras herramientas de tipo educativo y formativo que debe comenzar a implementarse desde los propios hogares.

A decir de muchos que se resisten a entender las aristas del problema, “el cuernicidio” es uno de los orígenes principales de esos asesinatos. No lo creo.

Pero pienso que en muchísimos casos, las mujeres víctimas tienen parte de su propia cuota al ser ultimadas por sus parejas, esposos, novios, concubinos, amantes, “chulos”, “chillos”, “amigos”, enamorados por “entre el mondongo”, celosos compulsivos y una gama más de hombres, penosamente jóvenes, que creen que “eso” es de su absoluta propiedad y que la mujer no tiene derecho a cambiar o montarse en otros caballos de la misma manera en que nosotros nos buscamos otras bestias.

¿Hay explicación real o justificación para que un hombre joven llegue a tal extremo de obsesión, creyéndose que no hay otras en el mundo?

Es muy claro que no.

Una gran parte de las investigaciones que se hacen para esclarecer los móviles colaterales, aparte de la tipificación oficial de “crimen pasional” que los peritos dan a esos asesinatos, concluye en que muchas mujeres asumen conductas infieles, maltratan verbal y hasta físicamente a sus parejas, los irrespetan, no cumplen con los compromisos del hogar que tienen como esposas o novias y hasta llegan al extremo de provocar que las maten.

Conozco no sólo en Nueva York, sino también en Moca y muchas otras partes de nuestro país, casos como esos e incluso he tenido que aconsejar a algunas hijas adolescentes y jóvenes de familias de mi barrio natal a las que he exhortado a no seguir tomando sus relaciones como un relajo, porque están prácticamente suicidándose.

Un caso reciente en Santiago, ilustra lo que planteo, cuando un joven de 18 años estranguló a su pareja de 13 y luego se ahorcó. ¿Por qué?

La pregunta sólo la podrían responder ellos mismos, los muertos y como los muertos no hablan: caso cerrado.

Pero esas situaciones no se pueden quedar ahí. Los investigadores están en la obligación de extender más allá de una escena del crimen sus pesquisas y para a través de testigos, esclarecer los móviles de muchos asesinatos contra nuestras mujeres.

El amor en una relación, no sólo debe limitarse a decir “te quiero”. El respeto, la consideración, la comprensión, la compatibilidad y en el entendimiento entre las parejas, podría ser un elemento sustancial en prevenir los asesinatos.

Nuestras mujeres, está a la vista, necesitan prevención preventiva que las instruya a no provocar o generar actitudes violentas en sus compañeros sentimentales que luego se traduzcan en sangre, dolor, luto y traumas para ambas familias.

Si hay comprensión y consideración de ambas partes, de seguro que esos hechos se podrían evitar en un gran porcentaje.

A los hombres, no pueden seguir creyendo que a su mujer se la pusieron los reyes magos o que es una parcela de su exclusiva propiedad o un objeto al que pueden manipular y manejar a su antojo. Ellos tienen que asumir ese compromiso con la sociedad y consigo mismos.

Ellas, respetar la frontera entre una y otro y tampoco creerse que porque “a él, le gusta esa vaina”, pueden hacer y deshacer por su cuenta, traspasando una línea que por tradición y razones sociales, religiosas y culturales, les es prohibido pisar.

Cuando cada cual entienda sus derechos y deberes, sus límites, razones y espacio, entonces creo que los femenicidios comenzarán a reducirse significativamente en la República Dominicana y en cualquier parte del mundo como Nueva York, donde con frecuencia somos testigos de la misma situación, especialmente latinos y aún más con dominicanos y dominicanas protagonizando las escenas de sangre y tragedias.

No olviden mujeres que en evitarlo, ustedes tienen su propia cuota.