FLASH

Por Margie Jover Rizik jueves 8 de marzo, 2012

De nuevo estamos en el viernes social…La verdad es que los días están pasando con una rapidez increíble…Y como cada viernes, me complace presentarles temas ligeros, no sin antes desearles un muy divertido y económico fin de semana…

En días pasados mi viejo y querido amigo Andresito Lora me envió un correo electrónico que reservé para compartir con ustedes…una especie de versos que fueron escritos por la señora Lupita Díaz de Cristiani:

“CUARENTA AÑOS DESPUÉS”

“¡Qué rico hueles, mi vida!”.

“¡Qué perfumada, mi amor!”.

Éramos recién casados. Fueron frases de rigor.

Después del baño él olía a Yardley

o qué sé yo, mientras yo me perfumaba

con frascos de Christian Dior.

Pero hoy… ¡Qué diferencia!

Él huele a ungüentos, y yo

a la Pomada del Tigre

que me pongo al por mayor.

¡Cómo han cambiado los tiempos

de cuando él me conoció!

Antiguamente lucían encima de mi buró,

una rosa, su retrato, un perfume y un reloj.

¿Ahora? Un frasco de aspirinas,

el ungüento de rigor, y el Omeprazol;

unas vendas, mis anteojos;

las píldoras de alcanfor; la jeringa,

la ampolleta, el algodón y el alcohol.

Y en su buró, amontonados

para que quepan mejor,

un vaso para sus “puentes”;

el frasco de la fricción;

un libro abierto, sus lentes;

jarabe para la tos y agua para el eutirox;

la aspirina por si nos viene un dolor…

Sin embargo, no añoramos

“lo que el viento se llevó”.

Recordamos lo que fuimos,

y vivimos nuestro hoy.

En las mañanas, sin prisas,

siempre la misma canción:

“¿Cómo dormiste, mi cielo?”.

“Un dolor me despertó”…

“¿Cómo te sientes, mi vida?”.

“Hoy tengo fuerte el dolor”.

Y por las noches, acaso recordando algo mejor,

oliendo a salicilato, a pomadas y a inyección,

repetimos lo de siempre, lo mismo de ayer y hoy:

“Que duermas muy bien, mi vida”.

“Que duermas muy bien, mi amor”…

Rezamos un Padre Nuestro,

y damos gracias a Dios.

DE EMPLEADO A EMPLEADO:

– ¿Supiste que falleció el jefe?

– Sí, pero quisiera saber quien fue el que

falleció con él.

– ¿Por qué lo dices?

– ¿No leíste la esquela que puso la empresa?..

Decía: ‘…y con él se fue un gran trabajador…’

EMPLEADO: – Jefe, ¿puedo salir hoy dos horas antes? Mi mujer quiere que la acompañe a hacer unas compras.

JEFE: – De ninguna manera.

EMPLEADO: – Gracias jefe, ya sabía yo que usted no me iba a defraudar.

Autora: MARGIE JOVER RIZIK.