Flor y Garrote

Por Carlos Luis Baron jueves 13 de diciembre, 2012

La propuesta de tres diputados de que la Policía mantenga las acciones extra-judiciales, que popularmente son identificadas como intercambios de disparos, tiene ángulos buenos y puntos para el rechazo.

La sociedad dominicana está acorralada con los actos de violencia. Ya no pregunta a quién le toca, es que a cada uno de nosotros, directa o indirectamnte, la violencia lo acorrala.

El camino ideal para enfrentar la violencia es detener a los delincuentes y llevarlos a la justicia. Allí con las penas a que son condenados, dejarían a la sociedad en descanso por un tiempo determinado.

Pero la justicia, en algunos de sus aspectos, es coja, se pone de rodillas y abre las manos para recibir el oro corruptor. De ahí, que probados delincuentes puedan salir en libertad con tanta facilidad.

Hay que fortalecer la justicia, para que los ciudadanos no tengan que apelar al que debe ser el último recurso que es la violencia, aplicada por sus manos.

Las muertes en los intercambiso de disparos lucen que es una acción inaceptable en una sociedad civilizada, pero aquí estamos camino de la barbarie. Cuando hay un delincuente que tiene 30 fichas y acaba de matar a un niño, a un adulto, a un ciudadano, para robarle, soy partidario de que se le aplique lo que el pueblo llama darle para abajo.

A la delincuencia extrema no se le puede tratar con paños tibios, porque entonces es indetenible. A quien hay que proteger es al ciudadano, al hombre de trabajo, a los niños, a la sociedad que lucha por lograr un mejor nivel de vida y por consecuente ampliar el desarrollo nacional.

La policía debe actuar con mucho comedimiento, evitar los gatillos alegres, pero cuando el caso lo amerita soy partidario del intercambio de disparos, para limpiar a la sociedad de lacras.

Creo en el derecho a la vida. Pero si usted es un incontrolable, un antisocial para el cual no hay sanción en la justicia, hay que buscar la forma de someterlo al orden. Al crimen contra la sociedad hay que detenerlo.

Ahora, tengo años escribiendo que el germen primigenio de la delincuencia es la miseria, la falta de empleo, la promiscuidad, los bajos niveles de vida de los residentes en los barrios. No hay contradicción en lo que expresé anteriormente.

Mejorar las condiciones de vida de la población dominicana es una tarea titánica, donde los primeros resultados llegaran cuando sean adolescentes los que hoy son neonatos. No podemos esperar tanto.

Las soluciones tienen que ir en dos carriles. Mejorar los niveles de vida a largo plazo, y soluciones para el minuto que estamos viviendo. Estamos con la solución política, social y comunitaria, pero también con el puño de hierro.

A la sociedad la tenemos que salvar con un pucho de flores en la mano izquierda y el garrote en la derecha.