“Galloloquismo” intelectual

Por Carlos Luis Baron jueves 7 de junio, 2012

El Dr. Ecuclides Gutiérrez Félix (abogado, dirigente político y ex profesor universitario) hace tiempo que acuñó -a la mejor tradición del Prof. Juan Bosch- una expresión-calificación radiográfica insuperable y que retrata de cuerpo entero comportamiento y poses de nuestra pequeña burguesía, ya en actividad política, haciendo “ciencia”, o al fragor de aspiraciones desmedidas. Esa expresión-calificación está contenida en el término “galloloquismo” un verdadero hallazgo sociológico.

Pero, ¿qué es el “galloloquismo”? Hasta donde tengo entendido, se refiere a cualquier acción (verbal o de cuerpo) en el terreno de la política, de la ciencia o de cualquier quehacer que denote exageración, falta de lógica o ignorancia supina (que no es el caso) sobre lo que se dice, se defiende o se quiere vender como verdad. En suma, el “galloloquismo” es una caricatura de una pose con pretensión de hacer ciencia usando argumentos politiqueros.

La extensión geográfica-semántica del término es nacional y a ella no escapan políticos (profesionales o no), empresarios, profesionales (de cualquier rama), periodistas, curas; pero, sobre todo, intelectuales de las más variopintas corrientes (¿?) política-ideológicas aunque, en honor a la verdad, en el ejercicio de esa recurrente práctica, dejan mal parado títulos, abolengo y hasta trayectoria científica-académica.

Ya en medio de la recién pasada elecciones -y como de costumbre- varios especimenes consuetudinario de esa práctica, hicieron gala de su “galloloquiemo” político-electoral: Pedro Catrain, Andrés L. Mateo y una retahíla de periodistas que todo el mundo sabe que son PRDistas-Pepehachistas, pero que ellos juran y perjuran que son independientes o libres pensadores. Allá ellos, porque grandecitos están para estar escondiendo simpatía política (¿vergüenza ajena, o qué?).

Y como toda pobreza política-ideológica a falta de elaboración conceptual (tesis) nueva o de medio uso, sin darse cuenta (¿…?), asumieron el discurso político-electoral del partido que niegan (el PRD): “dictadura constitucional”, “falta de libertades públicas”, “autoritarismo” y “persecución política”. Con esas cantaleta-clichés quisieron vender -justamente cuando su candidato comenzó a caerse en las encuestas- una idea distorsionada del ambiente electoral a través de una agresiva y bien orquestada campaña mediática para reposicionar y pasar de contrabando al peor candidato (su candidato): Hipólito Mejía.

Pasado el proceso y no cogiendo cabeza, ahora se despachan con una nueva cosecha -digo, no tan nueva-: el “Movimiento Ciudadanos y Ciudadanas por la Democracia (CCD)” de firme apoyo al PRD y al ex candidato Hipólito Mejía, que entre sus objetivos político-electorales post-mayo 20, está construir “… un amplio frente político opositor para evitar que el gobernante partido de la Liberación Dominicana (PLD) siga su rumbo hacia un “régimen autoritario”.

Esa aspiración-objetivo -en todo su derecho cívico-democrático- en boca de Cesar Pérez, nos obliga a hacer las siguientes preguntas (deducciones lógicas): ¿Si ganar elecciones es ir “… rumbo hacia un “régimen autoritario”? Y si es así: ¿Cuál fue el engendro primero de ese autoritarismo: el PRD 1978-82, 1982-86, y si Jorge Blanco hubiese sido coherente-partidario, hasta 1986-90, o el PLD 1996-2000, 2004-2008? ¿Por qué el PRD puede ganar dos elecciones presidenciales seguidas (casi tres) y no va “hacia un régimen autoritario”, y el PLD sí?

Hasta donde sé ninguna Democracia moderna prohíbe que un partido político gane todas las elecciones que una mayoría amplia o simple les dé en elecciones libérrimas, y las pasadas -según los observadores nacionales e internacionales- lo fueron. Entonces, ¿cuál es el problema?

El problema es, a mi entender, de doble vía: por un lado, “galloloquismo” intelectual; y por el otro, ausencia -en el PRD y sus mediáticos- de una cultura del perdedor. Ni más ni menos.