Gobierno y empresarios

Por Carlos Luis Baron lunes 27 de agosto, 2012

Prácticamente todos los gobiernos latinoamericanos caminan al filo de la navaja. Quieren hacer transformaciones económicas y sociales, pero no pueden romper con el molde del sistema.

Y es difícil armonizar intereses entre una clase pudiente, capitales e inversionistas, nacionales y extranjeros, con una mayoría irredente, que vive en el derricadero de la miseria.

Los gobiernos progresistas tiene un dolor de cabeza, porque no pueden ser indiferentes ante la suerte de la mayoría pobre, y tienen que romper brechas con los sectores tradicionalmente enquistados en el poder mediático.

En la llamada década perdida, los gobiernos eran derechistas, gorilas, como le decían a los golpistas militares, o dictaduras ilustradas. Todos tenían como norte mantener el sistema político y económico.

Para ello había que seguir la receta de más ricos y más pobres. Se ponía en marcha la ecuación del más, y todos resultaban gananciosos.

Los líderes de los 60 70 que eventualmente llegaron al poder, como el caso de Lula o los Sandinistas, luchaban en ese momento por cambios propugnados desde la oposición, prometiendo que barrerían las estructuras de poder.

En una nueva jornada surgió Hugo Chávez, militar golpista contra los desafueros de Carlos Andrés Pérez, y luego le siguieron otros jóvenes mandatarios, como el caso de Correa, y quizás otro más.

Pero el dilema primero de Lula y ahora de Chávez es que quieren llevar a cabo reformas profundas, pero sin abolir el poder tradicional de los sectores capitalistas. Es difícil poder lograr esa dualidad, y solo el tiempo dirá hasta donde podrá llegar.

El caso dominicano es muy particular. Aquí no tenemos una izquierda de nuevo cuño atizando desde el gobierno o la oposición.

Ello permite que se pueda lograr una mancomunión de trabajo entre el Gobierno y los empresarios. En los últimos años hemos visto la indolencia de esos empresarios, que solo ven a la política como forma de obtener beneficios.

El empresario debe comprender que tiene que ser un aliado del gobierno en un programa puntal de desarrollo nacional. Lo malo de los empresarios es que quieren esa alianza para que le bajen los impuestos y para exoneraciones.

Es un error de los inversionistas dominicanos tener el síndrome de la succión, de todo quererlo para ellos, de olvidarse de donde sale y como se reproduce su capital.

Sin el pueblo que le trabaja, ningún empresario podría lograr su desarrollo, por lo que se debe ablandar su corazón, y repartir lo más que puedan el pan.

No hay en el país una transición hacia el socialismo, sino un gobierno progresista, que desea mejorar las condiciones de vida de la mayoría. De ahí que es vital que se de la concertación entre el Estado y los empresarios.

Toca a los empresarios dar el próximo paso, y demostrar que tienen sensibilidad social.