Hablar de amor, y sus intríngulis, ¡no es tan fácil!

Por Carlos Luis Baron jueves 12 de julio, 2012

A veces uno se encuentra en los periódicos, con titulares bajo los cuales se denominan determinados eventos, que evidentemente tienen una connotación inductiva mercadológica, pero que se tornan algo risibles frente a ciertas personas que han leído lo suficiente.

Porque analizados los mismos, aun sea a grosso modo, denotan muchas cosas, entre ellas un alto grado de ignorancia presumible, a nivel  de la gente que  habrá de constituir los auditorios elegidos para su presentación; al igual que, cierta manipulación incluida en los mensajes llamativos que se intenta transmitir.

Para alguien que haya investigado un poco con respecto a lo que es el verdadero amor, en su sentido más amplio, le sería muy difícil creer que una persona en una simple conferencia pueda abordar con los niveles de detalles requeridos, aun sea aspirando a una mediana comprensión, de parte de sus oyentes, un tema tan intrincado como lo es ése; y menos, de una manera instructiva, tal como se pretende dejar entrever en la promoción que motiva este parecer.

Nos referimos, a un anuncio que ha venido apareciendo en la prensa local, sobre una conferencia a dictar por el señor Walter Riso sobre esa temática, en la que se propone tratar de contestar a la pregunta, ¿Es posible amar sin sufrir? También, hablar sobre “Estrategias para no morir de amor”.

Es obvio que, el mismo habrá de referirse al amor entre parejas, que en principio no es verdadero amor, en nuestra humilde opinión; sino, que es un sentimiento que se corresponde más bien con el enamoramiento carnal, y la satisfacción del deseo biológico sexual –  inherente tanto a los humanos, como a las demás especies que habitan  sobre el planeta  Tierra -,  producto de la atracción física, normalmente reciproca. ¡Por ahí arranca todo!

Claro, tampoco se pueden perder de vista en el tenor de lo que se trata, las concepciones relativas al atractivo sexual, o simpatías personales, que resultan muy dignas de análisis y consideración también en tal sentido; y que son, las que se corresponden con la famosa teoría atribuida Simon Freud y Carl Jung, respecto de las denominadas energías masculina y femenina, que se verifican como  aspectos  inherentes a todos los seres humanos, el anima y el  animus, en forma diferenciada;  anima, en lo concerniente  al hombre (parte femenina), y animus, en lo que tiene que ver con la  mujer (parte masculina).

Y que, según ésa – la teoría -, ambas condiciones tienen que ver de alguna manera con el asunto de las fuerzas emotivas atrayentes, o los enamoramientos entre las personas, en el sentido de las identificaciones mutuas que se producen, a partir de las mismas.

Se entiende que, hay un sentido de atracción entre esos pares distintos humanos (femenino y masculino), que siempre interviene en los acercamientos de carácter amorosos simples, con posibilidades de concretización posterior. Ya aquí se verifica un factor de contenido mucho más profundo, en otro orden por supuesto, el espiritual, podría decirse.

Evidentemente, esa unión inicial, bajo cualquiera de las modalidades que ahora se tienen,  podría ir consolidándose, en la medida en que vayan aflorando la afinidad y la comprensión reciprocas entre ambos seres, si es el caso, hasta ir convirtiéndose uno, en el complemento del otro, punto en que comienza a aparecer el verdadero amor. De lo contrario, todo se va a derrumbar, debido a que la ilusión carnal pasa muy rápido.

Sí, es cuando los encantos físicos, principalmente en la mujer, muy poco importan; lo corporal  ya no  cuenta, siendo sustituida toda aquella ilusión material, que en esencia es la que enciende la llama en el principio, por ese soporte emocional, o de cualquier otra índole, pero que siempre resulta complementario en la persona acompañante,  masculina o femenina. Eso, de lo que cada cual adolece, y que se le proporciona, ya que nadie es completo; necesita siempre de un adicional impulso inductivo en su accionar durante la subsistencia física.

Es ahí, donde viene a comprobarse el asunto aquel de que siempre hablaron los antiguos pensadores, y que algunos actuales sostienen aún, sobre las consideradas medias naranjas reciprocas en su accionar, que se complementan en todos los aspectos. Incluso, a nivel la psicología, como disciplina profesional, también son contempladas para fines de análisis conductual, las actitudes personales complementarias, en torno a las efectivas relaciones entre parejas

Y, ¡es en ese contexto!, en el que hace acto de presencia el verdadero amor, siempre incondicional, con respecto a los integrantes de las parejas;  en función del cual, todo se da, a cambio de nada que esperar. Cuando  todo  el egoísmo, y el egotismo de superioridad, que inducen al sufrir en la otra persona, brillan por su ausencia. Sería un tipo de amor equivalente al divino, aunque guardando la distancia claro está, originado obviamente, en lo físico-emotivo, entre el hombre y la mujer, cuando esa sea la circunstancia que luego germine.

Como resulta fácil entender, a partir de lo aquí expuesto con respecto al amor, aunque muy superficial, por razones de espacio, e ignorancia propia consciente,  ese es un tema bastante complejo para pretender enfocarlo en una simple conferencia, abordando por supuesto sólo la fase inicial, podría decirse: relación de enamoramiento pasional hombre-mujer, cuya durabilidad habrá de sostenerse en base a la amistad, ternura y pasión, de forma consistente, a juicio del renombrado conferencista, según éste expresara en una de las reseñas de promoción para el evento.

Para poder edificar, aun sea parcialmente, sobre lo que en verdad significa el amor en su sentido amplio y profundo, incluyendo la parte relativa al sexo, no como instinto biológico animal solamente, sino también, como la práctica a través de la cual se produce un intercambio vibratorio-energético entre las parejas, de carácter esotérico-espiritual, con su correspondiente connotación orgásmica, según sostienen connotados entendidos en la materia, se requerirían de muchas conferencias, entre otras cosas.

Pues, habría que interrelacionar por obligación, tanto el aspecto físico inicial del amor, y su objetivo inmediato, el sexo, con el otro segundo posterior, de mucha mayor significación, caracterizado fundamentalmente por la incondicionalidad, cuya esencia es divina, y constituye la base de toda la creación en general, el Universo por completo.

Es el  gran amor que, muchos entienden es Dios Mismo en realidad, con efectos traslativos en expresión hacia todo cuanto existe sobre el planeta Tierra, independientemente a lo que en exclusiva pueda corresponder a la relación hombre-mujer, a nivel de pareja.

Finalmente, nosotros creemos que, hablar de sufrir en el marco del verdadero amar, como de estrategias para no morir, debido a esa condición expresada, lucen como cosas que no se pueden producir.

Es decir, cuando el amor que se manifiesta es verdadero, no se sufre por él, ni se hace sufrir a nadie; se crece espiritualmente a nivel de las personas envueltas, por la incondicionalidad que le caracteriza y prevalece. Tampoco, concebimos el morir de amor, si es ofrecido a cambio de nada esperar.

Ahora, en el contexto sólo de lo pasional-sexual, egoísta por naturaleza, y tintado de egocentrismo en la mayoría de los casos, ¡sí que todo es posible!, incluyendo el sufrir,  morir, y hasta matar.

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