Haití y RD

Por Carlos Luis Baron jueves 28 de junio, 2012

El llamado mercado binacional, entre Haití y la República Dominicana, está sometido a una sóla regla: no hay reglas. Se parece a las películas del Oeste norteamericano, dónde se le decía a los contendientes, que gane el más fuerte.

Ese mercado constituye una necesidad para el intercambio comercial de bajo y medio nivel, de los artesanos, de los agricultores, de los vendedores de chucherías, de los que residen en la zona fronteriza y carecen de verdaderos medios de producción.

En consecuencia, el mercado bi-nacional no debe ser cerrado, sino reglamentado. El mal de ese encuentro económico entre Haití y la República Dominicana es que no se encuentra regulado.

Un jefe militar o de puesto le impregna la seriedad o el chantaje, de acuerdo al respeto que tenga al uniforme y a su conciencia personal. Se cobran pocos impuestos, y en muchas ocasiones se comercian, a simple detalle, miles o millones de pesos al mes.

En la zona fronteriza los dominicanos tienen que elevar la dignidad nacional, pero no con simples frases, o llevando la bandera, sino mejorando las condiciones de vida de la población.

Como pasa en todos los países que son fronterizos, las condiciones económicas de sus moradores son desesperantes, y en ocasiones se adolece de buenos programas de asistencia médica y de educación.

En consecuencia, lo que en estos momentos hay es que hablar. El gobierno haitiano tiene que dejar a un lado algunas incongruencias, en sus relaciones con la República Dominicana, y la Cancillería nuestra actualizar su protocolo. En sentido general, el comercio con Haití es beneficioso y rico para la República Dominicana, pero está también poco reglamentado.

Por años ha sido así, y con los problemas sociales y políticos de la zona fronteriza, parece que no se le da la debida importancia.

La embajada y los consulados dominicanos en Haití adolecen de una amplia función de Estado, porque también hay un protocolo que puede estar atrasado y no de acuerdo con la globalización económica.

No somos partidarios de prohibir nada, sino de aplicar las reglas del buen entendimiento y del consenso entre los dos países. Haití se encuentra en una difícil situación social, económica y política, y en el plano humanitario, no es la República Dominicana que se puede echar ese pesado fardo sobre sus hombros.

No señor. Haití es una responsabilidad de las grandes potencias, que fueron sus saqueadoras, y la República Dominicana no tiene ninguna obligación, salvo la que manda la caridad humana.

Mejoremos las relaciones con Haití, pero con reglas de juego bien claras.