Hambre y frío acechan miles de desplazados por devastador seísmo

Por lunes 10 de octubre, 2005

Islamabad, (EFE).- El hambre y el frío son ahora las dos grandes amenazas que acechan a los paquistaníes damnificados por el devastador seísmo que sacudió el sábado el norte del país y segó la vida de decenas miles de personas, gran parte de ellas niños.

El pueblo llora con desesperanza y rabia la pérdida de toda una generación futura, mientras el Gobierno estudia qué hacer con los desplazados que vagan por las carreteras y caminos, aún bloqueados por los corrimientos de tierras y las lluvias.

"Se ha perdido una generación en las zonas más dañadas y entre los más afectados se encuentran los niños", aseguró hoy el portavoz de las Fuerzas Armadas, general Shaukat Sultán.

Según el Ejército paquistaní, no existe una sola familia que no haya sufrido una pérdida humana ni una casa que no haya tenido daños en Muzzaffarabad, capital de la zona de Cachemira administrada por Islamabad, donde se calcula que han muerto 11.000 de sus 90.000 habitantes.

Muchas de las víctimas eran niños que estaban en la escuela a la hora en que se produjo el terremoto, y, según el portavoz de las Fuerzas Armadas, "nadie ha reclamado sus cuerpos, lo que muestra que sus padres también están muertos".

No obstante, la situación en Muzzaffarabad como en otras ciudades del norte del país es todavía una gran incógnita, ya que la ayuda humanitaria ha llegado con cuentagotas a esta agreste región epicentro de la tragedia.

Fuentes humanitarias anunciaron hoy que se ha podido despejar la denominada "ruta larga" hacía la urbe, por la que a partir de mañana, martes, comenzarán a transitar los camiones.

Pero la recepción que tengan es asimismo un enigma, ya que a la capital llegan noticias de que los habitantes están enfurecidos por la tardanza.

Diversas fuentes han informado de que las casas han sido saqueadas y que algunos camiones han sido asaltados por la población, que desde el sábado vive a la intemperie, expuesta a los primeros fríos.

De las áreas más remotas apenas se tiene noticias, aunque se teme que no dispongan de agua ni electricidad.

La organización no gubernamental Oxfam señaló hoy que, "además de los refugios, tenemos una especial preocupación por el suministro de agua (…) A menos que haya agua limpia, hay todavía riesgo de que aumente el número de muertos".

Aunque las cifras oficiales de víctimas aún hablan de unas 20.000 personas muertas, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) calculó hoy que llegarán a superar las 40.000, la mayoría de ellas niños.

Según las estadísticas de UNICEF, en las regiones paquistaníes de Cachemira y la Frontera del Noroeste, una de cada cinco personas son niños -la mitad menores de 18 años-, y casi un cuarto de la población vive por debajo del umbral de la pobreza.

Además, UNICEF y otras organizaciones humanitarias han expresado su preocupación por los cuatro millones de damnificados que se calcula ha provocado el terremoto, entre heridos, desplazados y personas sin hogar.

Otras ONGs advirtieron hoy, igualmente, de que con la próxima llegada del invierno, la capital paquistaní, Islamabad, podría verse obligada a albergar a miles de personas huidas de sus pueblos, por lo que deberán prepararse refugios, alimentos y comida suficientes.

El Gobierno paquistaní no tiene planes, sin embargo, para recolocar a un gran número de refugiados en la capital, dijo hoy a EFE el responsable del Ministerio de Asuntos Exteriores, Khurshid Khan.

Según el Ejecutivo paquistaní, lo deseable es que las personas que se han quedado sin hogar permanezcan en sus provincias de origen, para lo que serán provistos de tiendas, alimentos y medicinas.

Mientras, en Islamabad, los trabajos de rescate proseguían en el interior de las torres Marghalla, el edificio de diez plantas que se desplomó, al parecer debido a la mala calidad de los materiales sobre los que estaba erigido.

Los bomberos removían con sumo cuidado, envueltos de un silencio espectral y avasallador, las decenas de toneladas de cascotes y hierros con la tenue esperanza de hallar aún algún superviviente.

"Creemos que podría haber una persona viva. Por eso procedemos con tanto tacto y pedimos a la gente que no haga ruido, pero no lo podemos confirmar", dijo a EFE el capitán de aviación Abdul Abdul Rahman, portavoz de los servicios de socorro.

Un rayo de esperanza en un día en que se ha mezclado la inevitable impotencia por el hallazgo de cinco cadáveres y la alegría por la aparición de dos supervivientes, que fueron recibidos con aplausos. EFE