Hay que darle apoyo y tiempo al TC

Por Carlos Luis Baron miércoles 30 de mayo, 2012

El Honorable Señor Presidente de la República, Dr. Leonel Fernández, antes de dejar el poder debe centrarse en brindarle todo el apoyo posible al recién instalado Tribunal Constitucional de la República Dominicana. Apoyo para el edificio que le corresponde al TC y apoyo en el aspecto económico: el TC es una institución de alto kilate que, como tal, debe ser tratada con el mayor esmero y atención posible; y esta solicitud de apoyo al TC es válida también o, lo que es lo mismo, se la dirijo igualmente al Congreso Nacional .

Yo sigo insistiendo en que la mejor ubicación para el TC es frente al edificio de la Suprema Corte de Justicia y específicamente en el edificio donde está actualmente el Instituto Cartográfico Militar (ICM).

Ahí recientemente instalaron en la parte más alta del mismo al Tribunal Superior Electoral.

Al TC bien pueden asignarle la mayor parte de ese edificio y el Tribunal Superior Electoral (TSE) colocarlo por debajo del TC, pues hasta la ubicación física de este último debe irradiar el mensaje de la supremacía del TC por sobre todos los tribunales de todos tipos del país.

Y si no ese edificio (que está hecho y sólo habría que hacerle pequeñas modificaciones de conformidad con el consenso del gusto de los magistrados del TC) entonces que le construyan un edificio nuevo y moderno que sea todavía más cónsono con la majestad augusta de esta nueva institución en el lugar en que actualmente hay un hoyo profundo cavado frente al edificio de la Suprema Corte de Justicia (en el lado que da exactamente frente a la Avenida George Washington (Malecón)) y que parecía que lo iban a destinar para fines de parqueos de dicha Suprema Corte de Justicia.

De elegirse esta última opción deben de comenzar de inmediato y acelerar los trabajos al respecto para que el TC tenga un edificio digno y estratégicamente bien ubicado y pueda comenzar a funcionar como estoy seguro que lo quisieran los distinguidos Magistrados del mismo.

Igualmente todos debemos darle tiempo a los Honorables Magistrados del TC, pues a éllos no se les puede exigir disparar diariamente una cantidad astronómica de decisiones cuando apenas se han sentado en poltronas provisionales y le están cogiendo el piso a sus cargos y al andamiaje jurídico-institucional del mismo.

Así mismo, debe proveerse al TC de los más modernos equipos de computadoras necesarios para los Magistrados trabajar y tener, así, cada uno de éllos su particular archivo digital de trabajo, lo mismo que sus respectivos cuerpos de ayudantes o asistentes.

El haber logrado instituir el Tribunal Constitucional de la República Dominicana es una conquista de gran valía cuyo significado se entiende a la luz de la tiranía de la Cámara Penal de la anterior Suprema Corte de Justicia bajo la inapropiadísima rectoría de Hugo Alvarez Valencia (que tantos daños causó), que tenía una diarrea de inadmisiones de recursos de casación y donde se traficaba influencias de toda laya bajo esa inapropiada rectoría.

Exhorto a los distinguidos Magistrados del TC a que sigan trabajando y a que lo hagan con toda la calma del mundo, pues la situación de ustedes es entendible: esa es una institución nueva que apenas está comenzando a gatear como lo hace un bebé.

Lo que debe caracterizar a un Tribunal Constitucional, más que a cualquier otro tribunal de un Estado, es la prudencia, por lo que no podemos pedirle al TC que salga disparado como un leopardo.

La celeridad por pura celeridad nunca ha sido buena consejera, lo demuestran todos los tribunales “revolucionarios“ de todas las épocas.

Ese tipo de celeridad es la antípoda misma de la prudencia, la cual prudencia debe de ser la prenda más preciada que adorne el funcionamiento y el accionar del TC.

Honorables Magistrados del Honorable Tribunal Constitucional: no se lleven de críticas desaforadas e irrazonables, a todo en la vida hay que darle tiempo.

Hasta Dios necesitó tiempo para crear cuanto creó y un día de Dios no era ni es un día de un humano: un día de Dios es el equivalente de unos seiscientos millones de años, poco más, poco menos.

La perfección en las cosas no se consigue de un día para otro.

Renovamos nuestra fe y nuestra esperanza en el TC.