Hey, hey…, policia, se están matando dos allí

Por Carlos Luis Baron jueves 12 de julio, 2012

Así pude avisar a un par de policías que el domingo pasado, encontré “de servicio” frente a un centro comercial  de la autopista de San Isidro.

Unos segundos antes había pasado por donde estaban dos hombres peleando, una multitud mirando como si se tratara de una de lidia de gallos, peleas de perros  o un espectáculo para divertir.

Aparentemente nadie se inmutaba ante esta situación que podría terminar con la vida de estos seres humanos.

La multitud que observaba me daba a entender que el espectáculo hacia un rato que había empezado y  no había un solo policía en todos esos alrededores.

¡¿Como es posible!? … Me  gritó mi hermana que estaba conmigo en  el vehículo en el cual me desplazaba. La  estupefacta mujer, después de muchos años en Europa no podía concebir que esa situación se estuviera dando y no  hubiera a allí un solo policía.

“Relojeamos” (Mirar los trescientos sesenta grados como si fuéramos aguja de un reloj) por el área en busca de uno y efectivamente; si lo había era invisible a la vista humana; por lo menos a la nuestra. Aceleramos la marcha sabiendo yo, que a una cuadra de allí, había un puesto (un depósito de vehículos retenidos) de la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMET).

Una vez allí, llamé con prisa  a uno de ellos y le informo la situación;  pidiéndole yo, que hagan algo por el amor a Dios.

El agente se me acercó y me dijo que llamaría por la radio, pero observé que una vez se alejó un metro de mí, bajó su radio, el que tenia en la mano hasta ese momento y siguió con su afán; al parecer borró la información como si tuviera dañada su memoria a corto plazo., como si de repente el amet se hubiese amemado.

Continuamos como Don Quijote en busca de Dulcinea, y frente a otro gran  centro comercial de la zona y misma autopista, encontramos un par de policías motorizados, en los que ciframos las esperanzas de obtener respuesta. Llamamos a uno de ellos con la prisa que en nosotros produce  un acontecimiento así dieciendole: ! Hey, hey… policía, dos hombres se están matando allí.

¡Dios…, tampoco hizo nada! . Y  yo repregunto: ¡¡ ¿caramba, que es lo que nos  está pasando en estas tres pulgadas de tierra, dónde se ha ido la sensibilidad humana, donde está el respeto y la seguridad que debe generar un policía y la seguridad que debe brindar un Estado a sus asociados!!?

Cualquiera se indigna y explota fulminado por un infarto frente a tanta impotencia; pero  yo digo: Si la policía no puede cumplir su deber, entonces ya es hora de pensar seriamente en que su misión terminó y se vayan echando las bases, para un cuerpo sustituto.

 Había en un periódico local una sección cómica que titulaban: “sin palabras”;  se me ocurre recordar ahora lo que hace unos  años urticó nuestra sensible dermis patriótica, cuando un extranjero  opinó que nuestra agrupación humana asentada en estos cuarenta y ocho mil y pico de kilómetros cuadrados, era un estado fallido.

Hoy hemos avanzado más que cuando se nos catalogó de ser dueños de esa no envidiable situación, pero hoy hay una forma de comprobar eso y desde dentro: Le sugiero revisar los fines del estado, los Fines de Nuestro Estado y si  esos  fines los está satisfaciendo a cabalidad la República  Dominicana  defendamos a uñas y dientes nuestro concepto, nuestras estructura, Nuestro Estado, de lo contrario demos al  Cesar lo que al Cesar pertenece. Aceptemos nuestras miserias y hagamos algo por el amor de Dios, para que esto coja otro rumbo.  Perdone señor Presidente, se que ha hecho un esfuerzo pero aparentemente no ha sido suficiente.

Hasta la próxima.